Detrás del odio se esconde el miedo, pero el odio ha saltado al protagonismo social, que es tanto como decir al marco jurídico: delitos de odio, artículo 510 del C.P. Legislar sobre el mundo emocional. Sobre el pensamiento ya lo encontramos en la doctrina: pecados de pensamiento. Si el trauma es la imposibilidad de descargar el afecto, el odio, prohibido en su expresión, sustituirá a la sexualidad en la etiología de las neurosis. Para que esto no ocurra el legislador pretende la armonía entre la libertad de expresión y la manifestación del odio. El artículo 510 del CP detalla cuidadosamente donde el odio se expresa y las penas correspondientes. Y, al parecer, porque no hay informes uniformes entre los distintos estados, el racismo y la xenofobia son los más comunes, vehiculizados, naturalmente, por las redes sociales. En España hay que añadir la orientación sexual y su tendencia al alza en los últimos tiempos.
Pero los datos sociales están en otro lugar de los datos psi. ¿Por qué el odio es el primer afecto? Y ¿Por qué el odio tiene una fuerza importante para la cohesión social? Que el odio es el primer afecto es una deducción teórica y no empírica. Pero que el odio produce cohesión social, desgraciadamente es una constatación empírica. Pero en Psicoanalisis, la constatación empírica, lo consciente, lo fundado en la evidencia, no clausura el conocimiento. El odio oculta el miedo y éste la culpa. Culpa, miedo y odio le permitieron a E. Jones un recorrido clínico que hoy reclaman un salto a lo social. Entre la clínica y lo social siempre hubo una relación confusa. Por eso, el odio en lo social, desde la clínica, convoca al psicoanalista, mientras el odio en lo social, desde lo social, convoca al político.
Si el lazo social en los años veinte del siglo pasado se hacia por identificación en torno al líder, hoy el vinculo social se construye en torno a un afecto, el odio. Y el odio al diferente, la alteridad de Paul Ricoeur se ha vuelto protagonista. Si el sujeto se constituye como parte del otro, el odio es el vinculo con ese otro que me constituye y que el lazo social a través del odio me salva de mi derrumbe psicológico. Por eso el odio es un factor de estabilidad social. ¿Cuándo, esa estabilidad social se rompe y la destructividad toma su relevo? Saber de lo psicológico del odio no resuelve la destructividad social que provoca. Pero constatar que los delitos de odio aumentan, a pesar de la legislación presente, nos debe hacer considerar si, precisamente la ley, paradójicamente, no legitima este delito.
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