Una batalla tras otra

26 enero 2026 | Factor Psi

Por José Antonio Pérez Rojo

Acabo de ver la película Una batalla tras otra de Paul Thomas Anderson y me dan ganas de unirme a la asociación universal de la rebelión, que en la de la rebeldía ya estoy. Me he quedado pensando en el parecido tremendo que hay entre la hoja de ruta de los nazis y del trumpismo y me he puesto a escribir este texto empezando por lo que hizo Freud en los años 30 del siglo pasado.

La actitud de Sigmund Freud frente al ascenso del nazismo partió de la posición del intelectual en su torre de marfil. En 1930 publicó El malestar en la cultura donde dice que el autoritarismo militarista es una manifestación de la pulsión de muerte camuflada de promesa de unión social con la que nos embauca. Es cierto que criticaba el extremismo, pero no planteaba cómo enfrentarnos a él como grupo.

En 1933, cuando el régimen nazi asumió el poder y sus obras fueron quemadas en Berlín, Freud tiró de ironía y dijo aquello de que la civilización había avanzado lo suficiente como para que solo quemaran sus libros y no a él como habrían hecho en la Edad Media. Por desgracia no vió que estaba siendo muy optimista y que solo era cuestión de tiempo. En ese momento, muchos intelectuales huyeron de la esfera de Alemania, pero él permaneció en Viena. Freud creía que no había ningún riesgo personal para él.

En 1938, con la anexión de Austria por parte de Alemania, llegó el arresto de Anna Freud como último aviso que sí fue escuchado. Marie Bonaparte, gracias a su posición y su dinero, pudo sacar a Freud y a su familia del país in extremis. Las cuatro hermanas menores de Freud se quedaron y fueron asesinadas en los campos de exterminio. Aún así, en su huída, los nazis obligaron a Freud a firmar que lo habían tratado bien y la leyenda cuenta que él añadió que recomendaba calurosamente la Gestapo.

Con Hitler no valía la ironía. Tampoco con los dictadores del siglo XXI. Hace unos días, Élisabeth Roudinesco fue entrevistada por Gilles Gressani para Le Grand Continent y el título de la publicación fue: «¿Está Donald Trump completamente loco?». En ella parten de la perturbadora imagen de Trump recibiendo el Nobel de la paz de manos de María Corina Machado y la psicoanalista francesa dice: «Trump vive en un mundo que él mismo fabrica, un mundo que quiere que sea idéntico a su deseo de omnipotencia y, por tanto, de goce. Cuando organiza una ceremonia para otorgarse a sí mismo un Nobel imaginario, no está jugando, no está bromeando: realmente vive la escena». El periodista pregunta lo habitual en casos así: si no está loco Trump y Roudinesco le viene a decir que eso no es lo más importante. Que si no hay ley, no hay límite a las actuaciones del narcisismo maligno: «En Donald Trump da la impresión de que no hay alteridad, ni ley interiorizada, ni superyó operante».

Pero ¿cómo esperamos que cumpla la ley si él no la reconoce y si nadie se planta delante de él para exigirle cuentas?

Un buen principio sería no votar a tipos como él, pero eso ya no tiene arreglo. De momento, Trump persigue a los intelectuales, a los periodistas, a los que dicen cualquier cosa en contra de sus intereses y ya tiene su propia policía que funciona como un grupo paramilitar. Ya ha eliminado libros de las bibliotecas y críticos de las emisoras y parece que estamos asistiendo a la segunda fase, la del «espacio vital» o «Lebensraum» como lo denominaban los nazis. Ahora Trump quiere Venezuela y Groenlandia y el mundo entero. En realidad no sabe bien qué es Groenlandia, pero la quiere. Tiene ese furor que tenía Hitler porque quería acelerarlo todo sin esperar a cumplir los 50 que cumplió en 1939. Sentía que no le quedaba tiempo, como Trump, que tiene que demoler un estado democrático para perpetuarse y cada vez le queda menos tiempo.

¿Qué hacemos nosotros ahora? ¿Nos quedamos esperando como hizo Freud? No basta con leer a Mr Bean haciendo el chiste de que el próximo presidente se pasará los cuatro años de su mandato disculpándose.

¿Vendrá alguien a rescatarnos? A Freud lo entiendo porque ya era mayor y estaba enfermo, pero nosotros, ¿qué hacemos? Recomendar las jornadas del centro que se celebrarán en noviembre con el tema de ¿Por qué la guerra? alrededor de la correspondencia que intercambiaron Einstein y Freud sobre el tema no me parece suficiente. Porque van a pasar muchas cosas antes. Pasan cosas a diario y nosotros tenemos que responder, nuestros gobiernos tienen que responder. Una batalla tras otra.

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