Un psicoanálisis o 2 (2ª parte)

Revista del CPM número 25

Por Rómulo Aguillaume

Eso no es psicoanálisis.

 

Una posibilidad más temida y no infrecuente, es ser más explícito que Kristeba y decirle a Stern, (o viceversa): eso no es psicoanálisis.

 

En la historia del psicoanálisis vemos momentos donde delimitar y fijar, tanto el objeto de estudio como las praxis adecuadas, se convierten en preocupaciones centrales. Son momentos donde la necesidad de fijar los referentes identitarios del psicoanálisis son imprescindibles. En otros momentos la actitud es menos estricta y se intenta, incluso, la integración, tanto en el corpus teórico como en la práctica, de elementos procedentes de ciencias limítrofes al campo del psicoanálisis.

Me refiero fundamentalmente a dos: la mirada desde el campo socio-cultural y la mirada de la neurociencia. Integrar al psicoanálisis lo socio-cultural y la neurociencia está hoy en la base de algunas “orientaciones” psicoanalíticas.

Creo que no es exagerado decir que ambas posiciones –que llamaremos identitaria e integradora- pueden ser encontradas ya desde el comienzo mismo de la obra de Freud. Esa posición identitaria produjo exclusiones que inauguraron luchas que reflejaban, aparentemente, intereses de poder, políticos, ajenos al propio desarrollo del psicoanálisis como ciencia. Pero que lo político, o lo social está presente en el desarrollo de la ciencia como en cualquier actividad humana no impide que la especificidad de dicha ciencia quede absorbida por su dimensión socio-política. Quiero decir, que la necesidad de definir y diferenciar el campo del psicoanálisis de lo social o lo científico se sigue manteniendo y produce, inevitablemente, una definición identitaria que marca límites más allá de los enfrentamientos socio-políticos institucionales. En definitiva, el objeto del psicoanálisis y la praxis –el encuadre- que le hace posible, van a seguir siendo preocupaciones centrales en el futuro.

 

Los esfuerzos identitarios tienen una larga historia, tan larga como las situaciones de crisis que, para algunos, como A. Green comienzan en los años 50 y llegan en los comienzos de este siglo, a su momento más actual. No es una casualidad que Otto Kernberg y André Green escribieran en los comienzos de este siglo dos artículos que pretendieran aclarar la situación(1, 2). Ambos trazan un panorama donde los dos psicoanálisis posibles coinciden con localizaciones geográficas: un psicoanálisis anglófono y un psicoanálisis francófono. La inercia colonial de dicha división es, además de antipática poco justa con la realidad de los hechos; más adecuado sería trazar una línea conceptual que delimitara posiciones teóricas y prácticas de las escuelas psicoanalíticas. Creemos que el concepto de pulsión, en lo teórico y la neutralidad analítica en lo práctico, marcarían esa división identitaria donde se podrían reconocer los psicoanalistas, más allá de su procedencia geográfica. No obstante, haremos un recorrido histórico en tres áreas lingüísticas sin, por ello confundir historia nacional con modelos científicos.

En el área anglófona, que Otto Kernberg unifica en un psicoanálisis anglo-americano, distingue dos orientaciones que denomina, Corriente psicoanalítica contemporánea y Escuelas intersubjetivistas-interpersonales-psicología del yo. Partiendo del desarrollo en Gran Bretaña, con M. Klein, la Psicología del yo y el Middle group, pasando por las aportaciones de la Psicología del self, Kernberg llega al desarrollo actual del psicoanálisis en los EUA. Podríamos decir que la armonía institucional entre kleinianos, psicología del yo y el middle group marca el comienzo de un nuevo revisionismo freudiano que nos lleva a la situación actual de una corriente psicoanalítica donde la pulsión deja de ser la base del modelo teórico al igual que la neutralidad es apartada de la práctica clínica.

 

El psicoanálisis en Gran Bretaña presenta, como característica más destacada, lo que se vino en denominar las “controversias”, de 1943-44 en que se intenta determinar hasta que punto el modelo kleiniano se apartaba y no podía ser integrado en la teoría psicoanalítica. El Gentlemen´s Agreement pone fin a la polémica con el surgimiento de las tres “escuelas”, kleinianos, freudianos y el middle group que se mantienen hasta el año 2004 en que la Sociedad Británica elimina sus funciones.

Si se pudiera sintetizar las posiciones teóricas estas estarían entre el papel fundamental del instinto de muerte y los mecanismos psíquicos de la primera infancia de los kleinianos, y la búsqueda del objeto, el papel del entono y el trauma precoz de la psicopatología en el middle group.

Respecto al encuadre, el mantenimiento de cinco sesiones por semana y la interpretación basada en la transferencia es una práctica frecuente que despierta la sorpresa fuera de la isla: “¿Qué hacen los analistas británicos para encontrar pacientes que acepten una frecuencia así? Parece misterioso cuando, por todo el mundo, los colegas comentan lo difícil que es para ellos encontrar tales pacientes. La respuesta a esta pregunta tiene que ser por definición compleja”.(5)

Tan compleja es la respuesta que no encontramos aclaración convincente.

 

Otro aspecto importante del psicoanálisis británico son los estudios de investigación empírica sobre la eficacia del tratamiento psicoanalítico y que en los próximos años, al parecer, se ofrecerán resultados “concluyentes”. Los encuentros entre A. Green y D. Stern en 1997, y A. Green y P. Fonagy en 2002 son ilustrativos de las dificultades y los puntos de vista encontrados en torno a la investigación en psicoanálisis.

 

En los EUA la práctica psicoanalítica viene enmarcada, como no podía ser de otra manera, por las características de una sociedad pragmática donde, desde un principio, – en 1911 se fundan las primeras sociedades analíticas- el psicoanálisis es visto sobre todo en su dimensión terapéutica. La eficacia de las terapias psicoanalíticas es puesta en entredicho a partir de los años 60 donde entra en un franco declive siendo atacados, en los medios universitarios y médicos, como un método obsoleto que ya ha sido superado por la farmacología, la neurociencia y otros modelos de psicoterapia.

En medio de esta hostilidad el psicoanálisis estadounidense ha dado pruebas de vitalidad y han surgido multitud de escuelas que han sabido adaptarse a los nuevos tiempos. El libro de Robert Langs (6) describe 12 escuelas psicoanalíticas más o menos diferenciadas.

Una cierta caricatura de la Práctica psicoanalítica en los Estados Unidos nos la da Christine Anzieu- Premmmereur: “Cosificación del síntoma, medicalización de las terapias, búsqueda del hacer en lugar del comprender, exaltación de una verdad científica que hace del sujeto una cosa en sí, aconflictual, en una relación narcisística” (6,p. 59)

 

En cualquier caso, la llegada de la psicología del Self de Heinz Kohut trastoca de forma importante los fundamentos de la técnica psicoanalítica: se abandona la neutralidad técnica e favor de la identificación con el objeto del self desde donde operaría el analista. La relación se orienta en el “aquí” y el “ahora” siendo la empatía la preocupación central del tratamiento.

Quizá una de las consecuencias de este nuevo enfoque fue el ca
mbio que experimentó la teoría de la transferencia y la concepción de la cura: ya no se trataba del descubrimiento de situaciones objetivas, si no a favor de una orientación “constructivista” donde el aquí y el ahora de la relación paciente-analista estaba en el centro de la técnica.

Así la psicología del self interpersonalista e intersubjetivista, abandonan la neutralidad, las pretensiones objetivistas y convierten la empatía en la preocupación central del tratamiento.

Algunos autores considerarían la psicología del Self como una teoría parcial de las relaciones objetales enfocadas en los aspectos positivos que promueven el crecimiento de la matriz relacional, no necesariamente en conflicto con la consideración de la introyección de relaciones objetales negativas también. Un aspecto final y bastante característico de todos los enfoques de la relación objetal e intersubjetiva es una falta de interés relativa de la sexualidad y del complejo de Edipo, con una mayor importancia de la relación madre-infante temprana y los traumas de separación-individuación. (Pág. 248, ) (1).

Un cierto encuentro se da entre estos modelos y el interpersonalista que comienza en los cincuenta con Sullivan y los culturalistas y que sostiene una concepción de la mente como surgiendo y desarrollándose de una matriz relacional.

 

Podríamos sintetizar (1) en cinco puntos las características sobresalientes de estas escuelas:

  1. La transferencia se concibe desde una posición constructivista.

  2. Se rechaza la neutralidad del analista como propiciadora de una posición idealizadora imposible de analizar.

  3. Se considera más una concepción de déficit y no de conflicto.

  4. La agresión y la sexualidad infantil no son consideradas pulsiones sino surgiendo como fracaso del vínculo infanto-materno.

  5. La personalidad real del terapeuta y la relación de objeto es central en el tratamiento.

 

 

En Francia el psicoanálisis , como no podía ser menos, presenta una cierta originalidad que se asienta definitivamente en los años cincuenta con “la vuelta a Freud” de Lacan pero que “será, en efecto, una de las características de nuestro psicoanálisis, sin distinción de escuelas. Pone o vuelve a poner en primer plano el concepto de pulsión, la referencia a la sexualidad infantil y la noción de a posteriori.”(8) El encuadre permite un trabajo alejado de la sesiones de duración variable lacaniana y de las 4-5 sesiones de la API. “…, con este fondo cultural, el psicoanálisis va a desarrollarse intentando aventurarse fuera de los límites que le imponen las referencias exclusivas a la neurosis y al modelo de la cura. Se le abren cuatro campos: los de la psicosis, el de la psicosomática el de la psicopatología del niño, y por último, la de los actos transgresivos, desde las transgresiones a las psicopatías. El “psicoanálisis sin diván” intentara actuar en el asilo, en el hospital, en la escuela, en la prisión.” (8) Toda esta originalidad es intentada sintetizar por O. Kernberg en cuanto a la dimensión práctica (1):

  1. Oposición al concepto de “técnica” a favor del método y destacando los aspectos individuales y subjetivos del analista.

  2. La importancia del lenguaje en el significado simbólico condicionado por el inconsciente y lo afectivo.

  3. Interpretación ocasional de la transferencia pero no sistemática.

  4. Dejar de lado las resistencias del Yo pues intentan proteger la fantasía inconsciente.

  5. Interpretaciones directas de material preconsciente.

  6. Somatizaciones y conducta no verbal (actuaciones) deben ser interpretadas en base a la fantasía preconsciente y la contratransferencia.

  7. Evitar ser reducido por las construcciones conscientes del paciente.

  8. Interpretación directa de los conflictos inconscientes del paciente.

  9. Análisis del padre edípico idealizado (sujeto supuesto saber) como defensa ante la ansiedad de castración.

  10. Sexualidad infantil como expresión de la relación preedípica madre-infante.

  11. Un enfoque aprês-coup en oposición a una concepción lineal del desarrollo.

  12. Interpretaciones encaminadas a la elaboración futura del Complejo de Edipo.

  13. Lo irreductible de la transferencia temprana fundamentadas en los “masajes enigmáticos” de la madre.

  14. Análisis de la fantasía preconsciente como forma de elaboración de la intolerancia del paciente a una experiencia traumática.

 

El psicoanálisis en Argentina supuso y supone un referente, no solo para el psicoanálisis en castellano, sino para toda la comunidad psicoanalítica.

Desde los años cuarenta en que se funda la Asociación Psicoanalítica Argentina, hasta la actualidad, las vicisitudes teóricas del psicoanálisis han contado con representantes de primera línea en todos los sentidos: Garma, Rascosky y Mary Langer en los primeros tiempos hasta los Baranger pasando por Bleger, Racker o Grimberg por nombrar solo a algunos y estando igualmente representados escuelas de filiación lacaniana. Las aportaciones de estos autores son de todos conocidos para detenernos en ellos. Pero, en la actualidad hay, sin embargo, lo que se viene denominando Corriente psicoanalítica contemporánea (1,pág. 250) o psicoanálisis contemporáneo (9,pág.68) y que corresponden a posiciones que parecerian coincidentes, tanto en Estados Unidos, Francia (11)y Argentina, aunque quizá solo sea el término contemporáneo el que los una.

La síntesis que nos da Kernberg es:

  1. Interpretación temprana y sistemática de la transferencia.

  2. Un puerto central en el análisis de la contratransferencia considerando ésta domo todas las representaciones emocionales del analista al paciente.

  3. El análisis del carácter y resistencias transferenciales.

  4. Interpretación en el “aquí y ahora” de las manifestaciones transferenciales y contratransferenciales.

  5. La importancia de lo afectivo.

  6. Predominio de modelos de relaciones objetales internalizadas.

  7. Neutralidad técnica, en oposición tanto de la psicología del self como de los intersubjetivistas.

Habiendo énfasis en el modelo de “tres personas”: funcionamiento doble del psicoanalista: como participante, inmerso en la dinámica transferencia-contratransferencia y como observador capaz de mantener una distancia desde la que se interpreta una realidad “objetiva”.

  1. Resaltar las múltiples “vías regias” al inconsciente al igual que un cuestionamiento de los modelos lineales de desarrollo a favor de una concepción de núcleos condensados de experiencia correspondiente a momentos históricos distintos.

El psicoanálisis contemporáneo en Argentina es una suerte de nueva “vuelta a Freud” a partir de tres referentes principales (Uribarri, p.69)

  1. Una lectura de Freud que rescata la metapsicología y el método freudiano.

  2. Una “apropiación crítica y creativa” de las aportaciones postfreudianas y postlacanianas como P. Aulagnier, J. Laplanche y,. A. Green.

  3. En tercer lugar la apertura del campo clínico a todo tipo de patologías.

Estos tres referentes se van a expresar a distintos niveles: en la teoría, el concepto de representación se amplía englobando el cuerpo, el afecto, el pensamiento y el juicio en un intento articulador de lo intrapsíquico y lo intersubjetivo.

En la clínica los estaos fronterizos permiten recrear las posibilidades de la analizabilidad con referencia a un encuadre que pierde su carácter externo para convertirse en algo interno, encuadre interno del analista.

La interpretación pasa de centrarse en la transferencia en ser una interpretación en la transferencia.

 

A. Green continua la tradición lacaniana (y, en parte freudiana) de enfrentamiento con la cultura americana y, desde luego, con la deriva psicoterapeutica pero, igualmente, nos habla de un psicoanálisis contemporáneo que podríamos ir caracterizando a modo de conclusiones frente al otro psicoanálisis que surge y continua en una tradición psicoterapéutica.

 

1. El encuadre, que ahora podríamos denominar externo, es uno de los elementos fundamentales que en el psicoanálisis contemporáneo se ha permitido cambiar: ahora hablaremos del encuadre interno del analista. Si, antes, el encuadre formal, externo garantizaba la situación analítica, ahora será el analista desde su posición interna el garante de dicha situación. El control va a ser más complicado.

El encuadre, esto es , las posibilidades de la práctica del psicoanálisis van a ser condicionados por las situaciones sociales y económicas. Tiempo y dinero condicionan inevitablemente la práctica psicoanalítica: cuatro o cinco sesiones semanales, como requiere la cura tipo, ha quedado reservado para ciertos candidatos , por cierto, cada vez menos, de ciertas instituciones. Así, un psicoanálisis para candidatos y un psicoanálisis para pacientes , aunque ya hemos apuntado las cinco sesiones de algunos analistas británicos.

2. Y los cambios sociales,”la sociedad postmoderna produce un sujeto que no piensa , que no reflexiona, posiblemente porque la importancia de la temporalidad ha cambiado, que el sujeto actual vive en un presente omnipresente, que lo anula todo, que el pasado no existe, que las nuevas tecnologías ponen al sujeto en condiciones de inmediatez, que el futuro ya no es un proyecto, ni el pasado una palanca de experiencia. Si esto ha cambiado así, o en parte ha cambiado así, quiere decirse que la función reflexiva del pensamiento va desapareciendo, y que el psicoanálisis en tanto acción reflexiva, se encuentra en precario. (3)

3. Las modificaciones del encuadre tambien van a ser determinados por el abordaje de nuevas patologías. Desde Freud hasta ahora ha cambiado la patología psíquica. Los pacientes que veía Freud no son los que vemos ahora, lo cual mejor sería interpretado como que el psicoanalista se ha adentrado en patologias en las que antes no se entraba: el psicoanalisis se aplicó a las neurosis donde la estructura psíquica está bien estructurada y no a las psicosis o a los llamados fronterizos, donde la inadecuación del objeto impide el abordaje psicoanalítico, aunque el propio Freud dejara abierto el campo esperimental para el tratamiento de estos pacientes. (4)

4. El abordaje de nuevas patologias condiciona cambios en la práctica que nos llevó a cambios en la teoría. La relación teoría práctica abre una reflexión antigüa: Freud diferenció la relación entre práctica y teoría: “el psicoanálisis se inició como una terapia, pero no quise recomendarlo al interes de ustedes en calidad de tal, sino por su contenido de verdad, por las informaciones que nos brinda sobre lo que toca más de cerca al ser humano: su propio ser, tambien por los nexos que descubre entre los más diferentes quehaceres humanos”(10)

En cualquier caso el pretexto de que nuevas patologías requieren nuevos encuadres puede confundir la eficacia terapéutica con los contenidos de verdad que señalaba Freud. A. Gree se pregunta: ¿Qué aporta de más esta extensión del campo clínico? Además de la esfera pulsional tradicionalmente implicada en las neurosis, hemos visto desarrollarse el campo de las relaciones de objeto. Quizá éste también esté superado. Lo que sigue siendo actual no es la patología que se refiere al deseo, a la fijación, a la demanda; sino más bien la relación de alienación con el objeto a la vez indispensable y nunca superable, con pocas posibilidades de desplazamiento o de metaforización” (2)

Así pues, dos psicoanálisis, uno contemporáneo y otro terapéutico que nos enfrentan al peligro de la “degradación del pluralismo científico en simple coexistencia democrática”(9)

 


 

Bibliografia.

 

1. Otto Kernberg, O. (2007). Avances recientes en los enfoques técnicos de las escuelas psicoanalíticas contemporáneas. En: Controversias contemporáneas de las teorías psicoanalíticas, sus técnicas y aplicaciones. Manual moderno. México .

 

2. Green, A. (2011). El momento crucial de los años 2000 en Unidad y diversidad de las prácticas del psicoanalista. Biblioteca Nueva, Madrid.

 

3. Aguillaume, R (2009).Imaginario Social y discurso psicoanalítico. Revista de psicoanalisis del CPM número 17 Año 2009 ISSN 1989-3566 democpm-ori.globalmnt.net/index.php/revista/66-numero-17/126

 

4. S. Freud, S. (1940): Esquema del Psicoanálisis. AE vol 23. Buenos Aires.

5. Yosef Perelberg, R. (2011). Psicoanálisis en Gran Bretaña; pp.44-45 en Unidad y diversidad de las prácticas del psicoanalista. Biblioteca Nueva, Madrid

 

6. Langs, R. (1998) Current Theories of Psychoanalysis)International Universities Press

 

7. Anzieu- Premmmereur, Ch.(2011). Práctica psicoanalítica en los Estados Unidos en Unidad y diversidad de las prácticas del psicoanalista. Biblioteca Nueva, Madrid

 

8. Baldacci, Jean-Louis (2011). Algunos aspectos de la práctica del psicoanálisis en Francia. en Unidad y diversidad de las prácticas del psicoanalista. Biblioteca Nueva, Madrid

 

9. Uribarri, Fernando.(2011) La práctica del psicoanálisis en Argentina. De la crísis del postfreudismo a la emergencia del modelo contemporáneo. en Unidad y diversidad de las prácticas del psicoanalista. Biblioteca Nueva, Madrid

 

10. Freud, S. (1933). Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis. AE vol 22. Buenos Aires.

 

11. Green, A. (2005). Ideas directrices para un psicoanál
isis contemporáneo.
Amorrortu editores. Buenos Aires.

 

 

Rómulo Aguillaume,

Psiquiatra. Psicoanalista. Miembro del Centro Psicoanalítico de Madrid.