Sueños: evolución en un tratamiento.

por | Revista del CPM número 15

Daniel Valiente Gómez es Miembro del Centro Psicoanalítico de Madrid.

 

Los sueños constituyen una forma de comunicación con nosotros mismos y con nuestro entorno. No surgiría del inconsciente un sueño si el individuo no quisiera decirse algo a sí mismo.

A través del sueño el soñante dice: “Este es el modo en que yo veo el mundo y el modo en el que yo me veo en él”.

El soñante en análisis quiere decirle algo también al analista y se lo dice en cada entrega (sueño) y en el conjunto de todas las entregas (series oníricas).

Los sueños constituyen procesos psíquicos fundamentales para el correcto funcionamiento de nuestro aparato psíquico. Desarrollan su función a muy diferentes niveles que se relacionan con muy distintos ámbitos de nuestra experiencia.

La función más sofisticada de entre todas ellas es la que llevan a cabo mediante el proceso de simbolización, simbolización de nuestra experiencia. Dado que los sueños se suceden en una regularidad y constancia dentro de la discontinuidad que supone la existencia de los días y de las noches en nuestras vidas: el estar despierto y el estar dormido supone la existencia de una continuidad en la vida onírica, mayoritariamente desconocida, no sólo por “la gente” en general, sino por una mayoría de los profesionales de la salud mental que no prestan atención especial a este fenómeno.

Existen razones que hacen imposible a simple vista constatar dicha continuidad, empezando por el sistemático olvido al que nuestros sueños están sometidos, siguiendo por la dificultad que todos los hombres encontrarían si intentaran poner en relación sus sueños unos con otros, y terminando porque muchos profesionales son habitualmente ciegos para poder observar dicha continuidad pues carecen del equipamiento conceptual y teórico necesario para ello. Pero si fuéramos capaces de superar todas estas dificultades, naturales e inherentes a la propia esencia del fenómeno onírico sería imposible no “ver” tal continuidad, no apercibirse de ella, no constatarla en todos y cada uno de los casos.

Si observáramos la continuidad de la vida onírica, más allá de todos los velos que la velan a nuestros ojos, no sólo constataríamos dicha continuidad, sino que aparecería ante nuestros ojos otro fenómeno mucho más impresionante e interesante, el fenómeno de la progresión onírica.

Dice Meltzer, que la frecuencia con que los pacientes exponen sueños varía en proporción directa con el interés, imaginación y eficacia con que los acoge el analista. Es pues un problema perteneciente al campo de la transferencia- contratransferencia, y “resistencia” significaría resistencia a implicarse emocionalmente y en profundidad en este trabajo.

Para Bion, soñar es pensar. La vida onírica puede concebirse como el lugar al cual podemos ir cuando dormimos, ya que entonces podemos volcar toda nuestra atención en este mundo interno.

El proceso creativo del sueño genera el significado que luego puede extenderse a la vida y a las relaciones del mundo exterior, es decir, también para Bion la vida onírica es un lugar para la EXPERIENCIA que se convierte en un proceso CREATIVO, INFORMATIVO y EVOLUTIVO.

Bion llama la atención sobre el hecho de que la mayoría de los pacientes no tienen que oponer resistencia, porque saben cómo movilizar la resistencia al analista.

Si consideramos que, una vez formado el TRIANGULO onírico entre SOÑANTE-RELATOR DEL SUEÑO y ANALISTA, una de las funciones del sueño es emitir el MENSAJE TRANSFERENCIAL a través del sueño, podemos concebir una cadena de mensajes en los cuales se perciba la evolución del paciente en diversos niveles, en la medida que evoluciona la TRANSFERENCIA.

En general la estructura del mundo intrapersonal de un individuo, se percibe de un modo más fácil y fiable a través de sus producciones espontáneas relativamente no impedidas, y no hay producto psicológico menos no impedido y más espontáneo que el sueño.

Defiendo la hipótesis de que una vez desarrollado y educado al Aparato soñante, podemos obtener de él, no sólo la mejor información consciente sino la mejor información del individuo en su totalidad y en su evolución, así como una de las mejores vías de trabajo terapéutico.

Así mismo creo que cuando existen grandes divergencias entre el mundo onírico y el mundo del relato consciente es mejor y más certero guiarse por el primero que por el segundo.

Los elementos susceptibles de cambio en la estructura psíquica de un paciente podríamos localizarlos en el Superyó, Ideal del Yo y Yo Ideal en el Yo, en los mecanismos de defensa, en el narcisismo, en la evolución libidinal, en las capacidades yoicas, en forma de la relación del objeto, en la modalidad de la transferencia, en los fantasmas originarios y en la forma de utilizar el Ello.

La resignificación sobre sus objetos internos y sobre la concepción de la realidad externa y la introyección de determinados aspectos del analista irán produciendo una paulatina modificación de la estructura psíquica que se irá manifestando a través de los sueños.

Por otro lado la lectura contratransferencial permite ver como se produce un pasaje de una identificación no concordante (Ello con Ello, Yo con Yo, Superyó con Superyó) a otra que se va haciendo más concordante debido a modificaciones que se han ido produciendo en el paciente en la medida que introyecta estos aspectos del analista.

El aparato soñante registra estos cambios y los expresa a través de ESCENAS ONIRICAS que nos van indicando la modificación estructural.

Como sabemos, los sueños contienen también un mensaje que el soñante se da así mismo a modo de autoconsejo lúcido y estos mensajes para sí mismo emitidos a lo largo de un tratamiento se convierten en un agente terapéutico de primer orden. Podemos observar en ellos la evolución onírica y la del soñante a la vez.

La Progresión Onírica

La vida onírica de los individuos en análisis o comprometidos en su proceso de evolución de la estructura de su personalidad, expresa también una progresión en la forma y significado de sus sueños. Esta progresión se corresponde con la que experimenta en el desarrollo de su personalidad en el transcurso de sus análisis.

Aceptamos que una función básica del sueño es la de simbolizar la experiencia pero este proceso psíquico no se reduce a su simple representación y evocación sino que participa en la elaboración de la misma.

Muchas veces, el sujeto del inconsciente, puede conseguir su finalidad en una escena única. Pero en muchas ocasiones necesita, para ello, varias escenas. Estas no están separadas unas de otras sino que están hilvanadas en una SECUENCIA en la que podemos percibir la progresión dramática y el significado global.

A su vez, todos los sueños de un tratamiento se pueden ordenar en una secuencia longitudinal que nos indica la evolución del paciente.

A menudo podemos obtener un cuadro más exacto y significativo de los cambios importantes en la
vida del paciente basándonos en el análisis de sus series oníricas, que basándonos en lo que relata conscientemente.

La finalidad que persigue la interpretación de los sueños no es sólo decir al paciente lo que significan, y desde luego, no intelectualizarlo, sino ampliar su conciencia mostrándole su temática y el desarrollo secuencial de sus escenas para que vivencia profundamente su evolución.

Si concebimos el aparato psíquico como una estructura compuesta por representaciones, afectos, pulsiones, fantasmas originarios, etc., y que tal estructura puede experimentar procesos transformativos y evolutivos y que los sueños dan cuenta de este proceso, nos resultará fácil aceptar el fenómeno de la progresión onírica.

Ya nos dice FREUD en la Traumdeutung : “Toda una serie de sueños a lo largo de semanas y meses reposan sobre los mismos fundamentos y deben ser sometidos conjuntamente a la interpretación. En los sueños sucesivos podemos observar muchas veces que uno de ellos toma como centro aquello que en otro sólo aparece indicado en la periferia e inversamente, de manera que ambos se completan recíprocamente por la interpretación”.

Los fundamentos a los que se refiere FREUD aluden a las ideas latentes que subyacen en los sueños y que representan estados en la estructura del sujeto.

Estas ideas latentes se expresan en escenas oníricas encadenadas en una progresión que discurre en paralelo al concomitante proceso de evolución y progresión de la estructura de personalidad del sujeto.

Hay que decir que el desvelamiento del proceso onírico para el sujeto colabora con y promueve su propio proceso evolutivo. Es decir ambos procesos se contemplan, se apoyan y se refuerzan. En la vida onírica, por tanto, no sólo se manifiesta la progresión del proceso terapéutico y de la estructura de la personalidad del sujeto sino que la propia vida onírica participa de manera fundamental en ese proceso transformativo de la estructura mental del sujeto.

En Carl Gustav Jung encontramos referencias explícitas al concepto de progresión onírica, y dice: “Si como ocurre en los tratamientos prolongados, tenemos ante nuestros ojos largas series de sueños se impone al observador un fenómeno que en un sueño aislado está oculto. Este fenómeno es una especie de proceso evolutivo de la personalidad, de modo que una larga serie onírica ya no parece un alineamiento sin sentido de acontecimientos incoherentes y únicos sino un proceso evolutivo y organizado.

He denominado este proceso inconsciente, expresado en el simbolismo de largas series de sueños como PROCESO de INDIVIDUACION.

En otra parte de su libro “Psicología y alquimia” dice: “La serie de sueños es también el contexto que el soñante provee, de tal manera que, la lectura de todos es suficiente para aclarar las dificultades de sentido de cada uno en particular. La interpretación de todo fragmento particular es esencialmente una conjetura, pero la totalidad de la serie nos da todos los elementos necesarios para corregir cualquier error en el que hubiésemos podido incurrir al interpretar los fragmentos”.

Veamos pues como Jung remarca la importancia de ubicar un sueño en el contexto de la serie onírica para poder captar su significado.

De forma parecida se pronuncia Wilheim Stekel: “Los sueños tiene que ser interpretados en serie, cada nuevo sueño se complementa con el anterior. Cada sueño aislado representa una tentativa de solución. El soñante se va acercando cada vez más a la solución correcta, el último sueño está más cerca de ella.

La totalidad de los sueños tiene que ser susceptible de una lectura análoga a la que hacemos de las novelas por entregas. Las revelaciones van siendo cada vez más claras. De ahí que no haya interpretación de un sueño único, sino interpretación en serie.

La progresión onírica es un proceso posible en la vida onírica de cualquier sujeto, pero es preciso para ello que se den las condiciones que lo propician. Desde nuestra perspectiva dichas condiciones se reducen a que el sujeto se halle comprometido en un proceso que tienda al desarrollo y crecimiento de su personalidad.

Para poder constatar dicha progresión en la vida onírica es necesario crear un método de análisis de sueños que nos permita ponerle de manifiesto.

La manifestación de dicha progresión onírica se configura de muy distintas formas. En cada sueño podemos identificar elementos estructurales del soñante y en cada cadena de sueños identificamos elementos velados que volverán a aparecer en el contenido manifiesto de los siguientes sueños, de tal manera que se irán configurando series oníricas que aluden a fenómenos básicos como la falta, la castración, el padre simbólico, la ley, la transgresión de la ley, la madre, la relación de objeto, la transferencia, etc.

En función de las modificaciones que ocurran en estas series oníricas, de la calidad e intensidad de los afectos que les acompañan, de la posición que ocupa el sujeto en sus propios sueños, de la actitud que va adoptando en los mismos y del tipo de mensaje transferencial vaya expresando, será posible identificar la evolución de la estructura de personalidad del soñante a lo largo del proceso terapéutico.

El hecho de que los contenidos manifiestos como el estilo narrativo se parezcan o tengan semejanzas con determinadas características teóricas o personales del terapeuta, indica, que éste y el paciente se influyen mutuamente, sobre todo en fases avanzadas del tratamiento. Indica también, que el Triángulo Onírico está funcionando y se producen sueños para que sean trabajados.

BARANGER dice: “El uso de la comunicación por medio de los sueños y la producción onírica misma varía enormemente de un analista a otro, dependiendo de la actitud técnica del analista hacia los sueños, en mayor o menor medida, de acuerdo con sus características individuales, pero también es un hecho que el sueño analizado dependen del interés del analista en los sueños. Es verdad que los analizados se expresan a través del material de sueños, en mayor o menor medida, de acuerdo con sus características individuales, pero también es un hecho que el sueño analizado depende del interés del analista en los sueños, de la misma manera como este interés cambia dependiendo de los analizandos. Podemos concluir que se produce un condicionamiento recíproco y dialéctico entre la actitud técnica del psicoanalista en relación a los sueños y la mayor o menor propensión de los analizandos a expresarse por medio de material onírico”.

A medida que progresamos en el análisis de los sueños de un paciente, a lo largo del tratamiento, observamos como los elementos básicos del conflicto se van expresando más y mejor a través de los contenidos manifiestos que de los latentes. Esto es debido a que el inconsciente del paciente ha encontrado un aliado o amigo en el terapeuta, alguien que le entiende, que le permite desreprimir, desimbolizar y presentarle sus conflicto de una forma más directa.

En la vida onírica no sólo se manifiesta la progresión del proceso terapéutico sino que ella misma participa de manera fundamental en la transformación de la estructura psíquica, base del proceso de cambio y evolución de la personalidad.

Los sueños son agentes terapéuticos promoviendo información entendimiento y camino al soñante y al analista a modo de un analista interno. La figura real del analista externo colabora, agiliza y enriquece el proceso si ha conseguido crear un espacio terapéutico en el que el análisis de los sueños sea una tarea predominante.

Llegados a este punto, planteo estas hipótesis:

•  La creación del triángulo onírico formado por el Sujeto del inconsciente, el Sujeto consciente y el terapeuta, constituye un elemento esencial para la progresión temática de los sueños.

•  Existe un ordenamiento secuencial entre cada sueño, los que le proceden y los que le van a seguir.

•  El contenido latente de un sueño aparece como manifiesto en sueños sucesivos.

•  A medida que progresa el análisis, la verdadera finalidad de los sueños se expresa más en los contenidos manifiestos que en los latentes.

•  En la mayoría delos casos, los conflictos del paciente con el mundo aparecen más en los contenidos manifiestos, y la transferencia más en los contenidos latentes.

•  Todos los sueños de un paciente, desde el comienzo hasta el fin del tratamiento, están encuadrado en una secuencia coherente, a través de la cual vemos la evolución de la estructura psíquica del soñante.

•  Los propios sueños son agentes terapéuticos que colaboran a dicha progresión.

 

 


 

BIBLIOGRAFÍA

BARANGER, W. “Acerca de la estructura perversa”. Rev. Psicoanálisis. Nº 4, 1980.

BATAILLEL “El ombligo del sueño”. Ed. Paidos.

BERENSTEIN, B. “Psicoanálisis y semiótica de los sueños”. Ed. Paidos.

FOULKES, D. “Gramática de los sueños”. Ed. Paidos

FREUD, S. “Obras Completas”.

GARMA, A. “Psicoanálisis de los sueños”. Ed. Paidos.

JUNG, G. C. “Psicología y alquimia”. Ed. Paidos.

VALIENTE, D. “Psicodrama y psicoanálisis”. Ed. Fundamentos