Situacion del psicoanalisis: posicion del analista. FLAPSIP, Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para graduados.

Revista del CPM número 18

Por Juan Carlos Cosaka

“Nuestros complejos son la fuente de nuestra debilidad, pero también a menudo son la fuente de nuestra fortaleza”
Sigmund Freud

 

Uno, Del psicoanálisis “Latinoamericano”

Es un hecho de sana lógica que la propuesta de dar un cuadro de situación, como suele decirse, cumpla con el requisito de establecer sus coordenadas. Aún, si la pretensión es ubicable en lo que en estas épocas se ha dado en llamar el mundo globalizado, que invoca a la ilusión de una homogeneidad planetaria con características distintivas según regiones, culturas o cualquier parámetro que se elija de acuerdo con los vaivenes de la pasión clasificatoria con que nos sindica la episteme tan en boga en armonía con la ciencia,  afin al Uno del  cálculo, mensura y totalidad.
Si dirigimos la atención hacia el psicoanálisis, cabe la conjetura de preguntarse si estas postulaciones resultan posibles y pertinentes para los fundamentos que hacen a la práctica de lo que Freud llamó la “Ciencia anímica”. En sus palabras se vislumbra el reconocimiento de haber perdido el respeto de amigos y colegas (La simpatía de amigos de cientificidad sobria ), así como la piadosa disculpa por tener historiales tan cercanos a una novela romántica.
Entonces, ¿cómo particularizar una pretensión de ciencia que al fin de cuentas conjure a las exigencias de una epistemología positivista? De hecho, se hace necesario precisar qué es el psicoanálisis, ya que los universales no van tan de la mano del mismo, de no ser por los fundamentos de su praxis, acordes con las postulaciones de su creador. Dicho de otro modo, no hay “El Psicoanálisis” ya que su experiencia no hace conjunto. Por tanto podría decirse que más bien se trataría de L/a Psicoanálisis, como postula Lacan de La Mujer, barrada y sin posibilidad de valor universal que unifique.
El Psicoanálisis se define por ser anticlasificatorio, su valoración se adjudica en el caso por caso, y en principio, trabaja con aquello que la ciencia necesita excluir para su constitución como tal, dicho de otro modo, para que la demostración del teorema sea coherente, se debe dejar de lado la subjetividad del que la lleva a cabo. Es decir que el psicoanálisis abreva ahí donde la ciencia ha dejado de lado el elemento subjetivo. Su quehacer, una Praxis, entendiéndose por tal, al decir de Lacan: una acción concertada por el hombre, sea cual fuere, que le da la posibilidad de tratar lo real mediante lo simbólico. Su especificidad, en tanto la ciencia propone un objeto y cierto nivel operativo en donde se reproduzca la experiencia fundando un campo que será formalizable, es desde Freud el deseo como objeto. Y  si de especificidad se trata, lo correspondiente al psicoanálisis es el establecimiento de la causa determinante de la ley del significante.
Causa, su lugar, es el terreno donde el psicoanálisis, por así decir, se hace cargo de lo que la ciencia en sus determinaciones siempre significantes, deja de lado.  Causa siempre singular, sincrónica y para cada uno, es decir en el caso por caso. Y entonces el Uno será el de la falla, la hiancia  que nos determina a todos como seres hablantes.
La preocupación inicial de Freud parte de la etiología de la histeria y su dispositivo continúa siendo aquel que permite una escucha particular, lectura de lo dicho, como resorte fundamental de la praxis sea cual fuese el nombre de la práctica de un psicoanalista esté donde esté.
Si entonces no cabe al psicoanálisis la experimentación al modo de las ciencias , la universalización seria la de su dispositivo, como dato imprescindible de su experiencia que capta así su verdad. 
Si de experiencia se trata, la lectura que Lacan hace del dispositivo freudiano dicha en tres negaciones: no elección, no omisión, no sistematización. Por lo que la única ley de la experiencia será la de la asociación libre.
Este rescate del sinsentido es lo que permite la deconstrucción de la inmediatez del objeto, dando lugar a la posibilidad de la escucha del discurso, condición para el advenimiento del sujeto del inconsciente. El destino ya no pertenece a la anatomía sino del encuentro de lo que se fija en las interlíneas del discurso.
Descompletar el sentido dejando de lado los contenidos que plenifican la imagen, nos da el sesgo para concluir que todo intento de considerar al psicoanálisis, de “situarlo” en una región, espiral de una época o situación histórica, organiza sentidos que descaminan su posibilidad y terminan estableciendo un sistema clasificatorio más afín a la episteme de la ciencia.

Dos: De los Analistas

Está claro que lo antedicho se relativiza en el hecho de que haya analistas y el síntoma, que sí tienen que vérselas con los vaivenes que la época exige y los claroscuros con que la cultura propicia para que los síntomas se instalen.
La frase de Shakespeare “Time is out of joint” ha sido tomada como estandarte de los autores de la así llamada posmodernidad, plagada de paradigmas que se suceden, al parecer, sin solución de continuidad. A nuestro turno llamamos “el tiempo que nos toca” dando un sentido al tiempo no como sucesión sino como algo que “toca”, sacude y se resuelve en una inmediatez que ni siquiera es sorpresa, ya que ésta transcurre en la interioridad de un discurso organizado. Así se dice que las posibilidades han estallado y lo que se conocía como valores distintivos de una época se han vuelto múltiples y por tanto son dados así, sin relativizarse  y en convivencia que a veces suena como caótica. Con todo, no implica patetismos sino más bien, una toma de posición acorde.
Estamos en tiempo de paradojas: si bien por un lado la ciencia farmacológica ha sido capaz de sintetizar cada vez más drogas, digamos “buenas”, a la vez son las malas las que aumentan diariamente. Si por otro lado el piadoso “desorden” ha reemplazado a “enfermedad” en los manuales psiquiátricos, esto ha servido para hacer habitual el consumo de psicofármacos como un éxito de mercado. Y el uso de significantes tales como “calidad de vida” o “autoestima” coincide con niveles cada vez más altos de pauperización a nivel planetario.
Los alcances en la comunidad analítica han tenido consecuencias que rozan la irrisión, tal el mesianismo de suponer que los psicoanalistas sean los salvadores de una cultura idiotizada con aparatos de goce cada vez más sofisticados, que despierten de la anestesia del aburrimiento gozoso o hagan pasar un poco  de ese goce por la angustia analizable a una cultura que se revuelca en el pánico o la bulimia. Por otro lado el advenimiento de las así llamadas nuevas patologías ha dado la sensación de que el psicoanálisis está en un tiempo de sus propias exequias, que “fue”, y que ya es tiempo del reinado de terapias más acordes a la época, las que en última instancia terminan siendo más bien preanalíticas en su concepción.
Si son éstas las exigencias a las que los analistas se enfrentan, si se está en tiempos de “pensamiento débil” (Vattimo) se agrega el malentendido de suponer lo débil – que debe responsabilizar a cada uno de sus goces y acciones – con “Light”, que en última instancia participa del reinado de la desmentida en la época. Si el análisis no se deja clausurar por el cognitivismo, la behaviour, las neurociencias y los fármacos y se anima a articular más que a oponer, un espacio se abre a las urgencias subjetivas. Hay que recor
dar que los impasses de la cura de la enfermedad analítica por excelencia, a saber la transferencia, sirvieron a Freud para la constitución del límite y de ahí a la producción a partir del límite.
Al respecto puede decirse que si bien es factible que el psicoanálisis caiga en la posibilidad de ver perimido su horizonte futuro, eso no significa de ningún modo que haya fracasado. Toda vez que se entienda por fracaso la delimitación de un límite y no se olvide el hecho que postula Lacan en el sentido del incurable, a saber, la división subjetiva de aquel que ha atravesado la castración en un análisis.
Qué decir de los analistas y del análisis en la región, la nuestra.
El reinado del discurso capitalista y sus consecuencias en el así llamado primer mundo no ha estado ausente en el nuestro sino más bien todo lo contrario. El hecho de la oferta de la tecnociencia sobre el sujeto – que pasa de consumidor a consumido- ha dejado consecuencias de desubjetivación que dan el marco a lo que Primo Levi llama “mirar sobre aguas peligrosas”. En “La Shoah en el siglo” hemos dicho que el sistema de nadificación del sujeto en tanto no se inscribe en la estructura corre el riesgo de su reproducción. Muchos de nosotros hemos vivido en tiempos en que el sistema ejercido sobre el lenguaje ha expulsado al sujeto de su reconocimiento como tal. El problema se suscita cuando la voluntad perversa sobrevuela por encima de las cabezas, y el sistema es usado para exterminio del que ya no es sujeto, y eso es más, mucho más tenebroso que la xenofobia. Por suerte el uso de lenguajes adiscursivos tan afines a la tecnociencia reinante participa de las mejores intenciones, no obstante, sus efectos no dejan de ser deletéreos, ya que la inmediatez que preconiza no da tiempo al sujeto para la toma de posición.
Entonces, se impone para el analista un trabajo denominado clínica de lo real, en comunidades atiborradas de exceso mediático, invitadas a una inmediatez sin límite, que exceden la posibilidad subjetiva y que imponen una condición preliminar: hacer advenir a un sujeto ahí donde alguien se abisma en la acción sin medida. Decimos de la decisión de operar ahí donde los modos culturales se precipitan sobre los sujetos para desabonarlos del discurso, que precisamente hace a su constitución y posición subjetiva. Un trabajo a contrapelo de la inmediatez, sostenidos por una ética que es la del bien decir, y sin ceder en el deseo de analista.

 

TRES, De la Formación del analista

Pienso que no se puede fabricar la teoría a partir de resultados de observación sino sólo de inventarla. (A. Einstein)

Lacanoamericanos”, fue el modo en que J.Lacan se refirió a aquellos que lo escuchaban en ocasión de su visita a Caracas, hace ya algunos años. El neologismo sirvió en esa ocasión para dar razón y significante que nombrase a aquellos que hicieron transferencia no con su persona sino con sus escritos.
De hecho, si hay algo que patentice los efectos de formación en el continente son precisamente los mismos: hemos sido formados a distancia, y hemos hecho transferencias con aquellos maestros que se hacían oír desde otras tierras, otras culturas. Pensamos a dichas culturas como centrales y por conclusión de necesidad lógica nos hemos pensado periféricos. Lo que no constituye necesariamente una desventaja, según sea el uso que se le dé al fenómeno, por demás inevitable.
Consta en sus escritos cierta decepción del propio Freud en su intento de transmisión enfrentada con la prosperity norteamericana.
La experiencia en Argentina ha tendido una historia larga y sinuosa, plena de aciertos y sinsabores. No es este el lugar para discutir políticas institucionales, preferimos la referencia a  los analistas. Hubo un tiempo en que el mundo no estaba informatizado y los escritos freudianos comenzaron a expandirse desde los así llamados pioneros en la comunidad médica, digamos, boca a boca hasta llegar a otras instancias del saber como la educación, psicología, sociología entre otras. Surgió entonces la necesidad de poner topes: institucionalización y medida, inclusión en el discurso oficial de la central internacional, dieron el sesgo de toda una época.  El narcisismo de la pequeña diferencia no podía estar ausente y era clásica la puntualización de los análisis “genuinos” signados por un puntillosamente obsesivo encuadre según la norma y el personaje y por otro lado cierta negociación con el afuera de la parroquia: las piadosas y degradadas “psicoterapias psicoanalíticas”. Ni qué decir cuando el tipo de cambio permitía hacer viajar al prestigiado de turno que nos indicase para dónde había que pensar. Felizmente los significantes habilitan a cierto grado de libertad y la producción por estos lados no estuvo ausente en todo el tiempo. Aún, los distintos caminos de allá hicieron eco aquí y dieron nacimiento a los ismos.
Si bien para que haya posibilidad creativa es indispensable el lazo común, el discurso coagulado opera en contra y no hay nada más común que acudir al abrigo de los dichos de algún maestro solo para ser su eco. Tal goce de la esclavitud tiene por consecuencia el resorte obsesivo de quedar a la espera de la muerte del amo. Por otro lado la dogmatización de la doctrina lleva a la constitución de un sistema y los seguidores de su lenguaje como lengua muerta, a la ecolalia institucionalizada.
Resuena con valor ejemplar una carta de Winnicott a Mélanie Klein :
“Me preocupa ese modo de presentación que podría llamarse kleiniana de su obra.(…) Todo trabajo original requiere un círculo en el que encuentre un lugar de descanso de las controversias.(…) El peligro es ,empero, que el círculo se desarrolle hasta convertirse en un sistema basado en la defensa de la posición ganada por el autor original, en este caso usted misma. Freud, según creo, vio este peligro. Usted es la única capaz de destruir este lenguaje, denominado doctrina kleiniana y kleinismo con un propósito constructivo. Si no lo destruye, este fenómeno artificialmente integrado deberá ser atacado en forma destructiva.
Ya nadie usa quevedos, ni hay caballos por la calle, no caen bombas en Londres mientras se analiza ni los estudiantes discuten con Lacan en la puerta acerca de la revolución. Sin embargo, podemos seguir haciendo congresos con los casos Dora, Dick o Aimée

Y con esto no somos más anacrónicos, sino subsidiarios de la posibilidad de su uso ejemplar para la interpretación, para el renovado advenimiento de ese lugar de saber articulado que Freud bautizó como inconsciente, que Lacan redobla como lugar de la verdad. Que será siempre aproximado, mediodicho y renovado toda vez que haya ahí un analista dispuesto al soporte de la escucha de una enunciación sin enunciado, excluidos de la posibilidad de la universalización, aquí y allá, con las saludables herejías de nunca renunciar a seguir interrogando.

Secretario Geneal.
E-mail: jccosaka@gmail.com

Reportaje a S.Freud, por George Silvestre Viereck, en The penguin book of Interview from 1885 to the present days, London Ed.C. Silvestre 1994. Conjetural Nº 31 Buenos Aires, Sitio Ed. 1995

“Lecciones introductoriasal psicoanálisis, los actos fallidos”  S.Freud, Obras Completas Tomo II ,Madrid Ed.Biblioteca Nueva 1973

Lacan, J. Seminario XI,
Paidós, Buenos Aires 1987

Lacan,J. Mas allá del principio de realidad. Escritos,  Ed. Siglo XXI Mejico 1979

Sneh,P. y Cosaka Juan Carlos, La Shoah en el siglo,del lenguaje del exterminio al exterminio del discurso” Xavier Bóveda Buenos Aires 1999

Carta de Einstein a K,Popper,  La lógica de la investigación científica. K Popper, Tecnos, Madrid 1965 P. 427