Sintomatología infantil en la encrucijada familiar

Revista del CPM número 4

Por Guillermo Kozameh

Cuando un niño tiene dificultades emocionales, es excepcional que sea el mismo quien solicite una ayuda psicológica.

El ni sus padres saben que los numerosos vínculos, personajes, familiares cercanos y lejanos en el tiempo, facilitaron en este, la aparición de una serie de conflictos, algunos de los cuales se resuelven únicamente por la vía de la psicopatología.

De tal manera que cuando recibimos a un sujeto en la consulta psicoanalítica, cualquiera sea su edad, atraviesan el umbral una serie de figuras inesperadas, pero muy presentes en el inconsciente. En este lugar que no nos deja de sorprender, viven estas identificaciones de lo actual y del pasado arcaico pero ahora y es importante aclararlo, han pasado por un metabolismo absolutamente personal y singular. Al respecto conviene recordar el concepto de “metábola” de J. Laplanche, cuando plantea que el ambiente que rodea a un sujeto y los deseos parentales son recreados singularmente en las fantasías y no solo un calco fotocopiado de los mismos.[i]

Si no comprendemos al ser humano de esta manera, con su capacidad de síntesis propia, no sería necesario el psicoanálisis individual sino un cierto análisis generacional de familiares, que además de inoperante, es desconocer la esencia misma de la particularidad del sujeto.

El niño, especialmente en la primera infancia, esta rodeado de un medio familiar, social, educacional, que lo sumerge en las aguas de sus semejantes, pero afortunadamente, es una vida llena de matices propios que lo hacenúnico, irrepetible e inclonable.

Lo frecuente es una llamada telefónica, tal vez al finalizar el período escolar cuando el fracaso escolar tiñe de gris las vacaciones familiares.

Se escucha la voz de la madre preocupada y con prisas, por su hijo que lleva varios meses con conductas diferentes a la de sus hermanos o compañeros, quienes muestran una envidiable y aparente normalidad.

Las primeras entrevistas que proponemos causan extrañeza: Hay un niño con problemas y sin embargo empleamos dos o tres semanas en conversar con los padres.

_ ¿ Pero cuando va a ver al niño? «Es él, el que necesita de su tratamiento, ya no tenemos nada más o nuevo que contarle» (escuchamos con paciencia frente al tiempo resolutivo de los padres)

Como ocurre con la demanda de una consulta psicoanalítica de adultos, detrás de la misma se esconden diversas motivaciones que quizás después de un tiempo, recién podremos precisar. A veces son verdaderas sorpresas que no podíamos imaginar: evitar una nueva repetición de curso, tener un certificado justificativo ante los educadores (es un «niño con problemas»), postergar una separación de los padres, mantenerlo en el rol de enfermo mental frente al resto de la familia sanos y equilibrados, etc.etc.etc.

Las dificultades de los horarios a los que son citados los padres, el lugar de la consulta, el pago de honorarios, suelen ser argumentos a comprender, pero también a tener en cuenta como resistencias en el inicio de un análisis.

Existe verdadera preocupación por el malestar del niño pero también temores a que si este cambia, se produzca un desequilibrio en la precaria estabilidad familiar.

Este punto ya nos adelanta algo de una comprensión psicoanalítica específica de la psicopatología infantil.

El malestar del niño: está íntimamente relacionado con el funcionamiento de su familia, con la particular manera de vincularse entre sus miembros y también con los padres y hermanos de sus padres.

Las funciones que cada uno cumple en ella, (mas allá de lo biológico natural), los secretos a voces, así como los que bajo el efecto de la represión son innombrables o más aun: impensables, (sin la posibilidad de encontrar representaciones mentales que puedan dar cuenta de ellos), producen efectos en el psiquismo infantil, especialmente a nivel inconsciente dando como efecto la producción de síntomas que aparentemente no guardan relación alguna con las características estructurales de la familia.

Esto de ninguna manera implica que el psiquismo infantil sea solamente un receptáculo pasivo de los mensajes familiares, el sujeto desde que se constituye como tal tiene afortunadamente la capacidad de asimilar y transformar activamente los enigmas de su entorno

Retomando el aspecto de las entrevistas preliminares, ambos padres pueden contarnos su punto de vista y sus hipótesis de lo que puede haber afectado al niño.

También cada uno de ellos tienen algo que contarnos de sus expectativas y frustraciones con respecto a lo que su hijo es y lo que hubieran deseado que fuese.

Difícil e imposible sueño que los hijos encarnen proyectos irrealizados de los padres. A veces estos lo consiguen pero el precio es muy alto, más que criar un ser con sus libertades y responsabilidades ante sus propios deseos, son hermosos muñecos de un ventríluoco, que los sujeta para siempre, pero sin vida propia.

En nuestra cultura es la madre, quién recibe al niño desde su nacimiento y actúa como mediador fundamental entre la naturaleza, (con su herencia biológica y genética), y el entorno familiar, prestándole sus fantasias y sus palabras, para inscribirlo a través de un vínculo narcisista especial y especular en el orden de lo humano.

Escribe Piera Aulagnier: “El término portavoz define la función reservada al discurso de la madre en la estructuración de la psique: portavoz en el sentido literal del término, puesto que desde su llegada al mundo el «infans», a través de su voz es llevado por un discurso que, en forma sucesiva, comenta, predice, acuna al conjunto de sus manifestaciones; portavoz, también en el sentido de delegado, de representante de un orden exterior, cuyas leyes y exigencias ese discurso enuncia”[ii]

Corresponde al padre (como función), ser el tercero en discordia que irrumpe este idilio entrañable pero riesgoso si se perpetua, y permitir que en esta separación el niño pueda evocar y fantasear a su madre ausente. Allí comienza la simbolización o los embriones del deseo humano. Allí comienza al menos para el psicoanálisis la sexualidad. Sexus significa sección, es la primera de una serie de seccionamientos y particiones.

Este paraíso perdido, mítico, ya que nunca estuvo, nunca se volverá a encontrar.

Mejor así, será el señuelo para que a través de desplazamientos incesantes nuestra búsqueda se interrumpa solo con la muerte.

Desde Freud, muchos autores plantean fundamentales los primeros años de vida de un ser humano como los cimientos básicos en la construcción de su personalidad.

Las características de la modalidad de sus vínculos y diversas maneras de satisfacer el deseo, son predisponentes y facilitadores de determinadas patologías, que pueden mantenerse larvadamente en la infancia y manifestarse claramente en la adolescencia o en la adultez.

En toda la obra de Freud, éste, no cesa de jerarquizar las vivencias infantiles como la predisposición a la patología del adulto, y especialmente en las modalidades de enfrentarse al complejo de Edipo y la castra
ción..

(Este es uno de los puntos capitales en cuanto a la etiología de la psicopatología psicoanalítica, ya que no-solo tiene en cuenta los fenómenos actuales o recientes)[iii]

El pasado con sus amarguras y dulzuras está siempre engarzado en la cotidianeidad de nuestra vida. Afortunadamente portamos un pasado, una historia, unas raíces, que con todas sus oscilaciones, y defectos formó nuestro ser.

La mayoría de los autores plantean los primeros momentos vinculares madre / bebé como un terreno sin fronteras y de continuidad: El Yo se constituye gracias y a pesar del semejante.

Las mínimas variaciones emocionales de la madre son percibidas por el bebé quien tiene por el momento solo su cuerpo para recibir estos mensajes indescifrables.

Pero por otra parte la sonrisa y la ira del niño también llegan y modelan a la madre. Esta si no está muy perturbada, tiene capacidad para imaginar, pensar, fantasear, con respecto a su hijo y atribuirle significaciones que sin saberlo ella, están conectadas con su propia historia infantil. Una mujer que mira embelesada a su niño y dice: tiene la misma sonrisa de su abuelo (materno), nos dice también algo importante de su relación con su padre.

Philipe Gutton estudia detenidamente la interacción entre ambos y la mutua influencia entre estos psiquismos. Describe una serie de trastornos somáticos en el bebé sin causa biológica justificada como resultado de distorsiones en esta vinculación tan exquisita.[iv]

En estos casos el tratamiento indicado suele ser sesiones a los padres, donde cada uno de ellos pueden expresar y elaborar fantasías con respecto a su hijo, y además como el nacimiento de este, actualiza recuerdos e historias de su propia infancia.

Algunos pediatras, aun sin tener conocimientos psicoanalíticos, saben por su experiencia que la ansiedad de los padres, o dificultades afectivas en la pareja influyen notablemente en la salud física y psíquica del recién nacido.

Un pediatra, famoso como psicoanalista: D. Winnicott, describe numerosos textos sobre estas relaciones en la familia y el sostén que puede brindarse cada uno de los miembros, ilusorio pero imprescindible para el crecimiento de los mismos.

Hace hincapié en una ilusión fundante: la presencia continua de una madre que se retira de su hijo paulatina y cuidadosamente, para que este, ante su ausencia pueda evocarla mentalmente y originase la fantasía..

Para este autor es fundamental una presencia que permita luego tolerar la ausencia.

Escribe Winnicott: “ La necesidad, al principio absoluta, de un buen medio ambiente se convierte rápidamente en relativa. La madre buena corriente ya es suficiente. Si lo es suficientemente buena, el pequeño, por la actividad mental, sabrá tolerar sus deficiencias. Esto no se refiere tan solo a la satisfacción de los impulsos instintivos, sino también a todos los tipos de necesidades primitivas, incluyendo la necesidad de un cuidado negativo o un descuido vivo”.[v]

Este autor aborda el espinoso tema de una madre que pueda mostrar sus carencias e incluso su hostilidad no actuada hacia su hijo.

Es interesante recordar, las reflexiones de un psicoanalista inglés de la escuela Kleiniana pero con aportes propios como: W. Bion.

“El desarrollo de los pensamientos y del pensar dependen, pues, de dos grandes grupos de factores en interjuego. Existen factores innatos (tolerancia o no a la frustración) y factores ambientales (capacidad de reverie de la madre)”[vi]

Su aporte en cuanto al “reverie de la madre” no es solo la contención y el apoyo conductual de la misma, sino el devolver las proyecciones del niño pasadas por su propia historicidad.

¿Cómo convivir con la representación de un abuelo paterno complaciente y bondadoso con el personaje de un padre que solo tiene palabras para el reproche y el castigo?. ¿O una tía siempre bella y seductora con una madre celosa de no poseer la exclusividad de su hijo?. Estos diálogos que sin saberlo murmuran en nuestra interioridad producen síntesis originales y sintomáticas en nuestra vida.

Para Bion, la madre debe poder identificarse con el desamparo del bebé, permanecer serena, experimentar este estado de indefención transformarlo en pensamiento, (función alfa) e intentar dar una significación equivoca o no, frente a la demanda de su hijo.[vii]

La relación humana esta siempre marcada por esta asimetría e inadecuación, aunque intentemos forzadamente lograr una proximidad y reciprocidad absoluta como en el amor, cuando engañosamente creemos haber encontrado la complementariedad anhelada desde siempre.

D. Meltzer, observa que el bebé, pasa por un período que debe superarse de extrema dependencia al otro, y a esto lo llama «Identificación adhesiva«, parece estar incluido dentro del otro, sin diferenciación, esta modalidad pre-relacional perduraría patológicamente en algunos niños psicóticos.

“Algunas madres que traían un niño a la consulta estaban envueltas en una folie a deux, y eran ellas las que impedían el desarrollo del proceso analítico”[viii]

J. Bleger, en su texto: «Simbiosis y Ambigüedad», estudia el vínculo a partir de lo que denomina núcleo aglutinado o parte psicótica de la personalidad. Un estadio arcaico de confusión y no-discriminación del cual se puede emerger a partir de un mundo oscuro y en tinieblas hacia la separación e individuación, propia de la posición depresiva

Para este autor, recién a partir de este momento de discriminación Yo-Otro, se podría hablar de relación o vínculo.[ix]

Por otra parte el ser humano, su familia y su grupo social pasan por momentos alternantes y continuos de Indiscriminación y Discriminación. Lo único e indivisible, se dialectiza con lo diferente, distinto sospechosamente extraño y extranjero que en otro momento fue parte de nosotros mismos.

Con frecuencia encontramos un padre que no tolera a su hijo por aspectos distintos a él, le desagrada que su propio hijo le muestre y evidencie rasgos que son suyos y cayeron en la sombra de la represión y el olvido

Escuchamos: no parece ser hijo mío, no puedo reconocerlo como uno más de nuestra familia. A veces esta expresión muestra el dolor por no ser todos purificadamente iguales.

Corresponde el mérito a J. Lacan, y su particular lectura de Freud, hacernos olvidar de la carnalidad del padre o la madre, para subrayar que lo fundamental es el otro, cumpla con los requisitos de la función materna y paterna, claramente diferenciados, mas allá de su portador biológico.[x]

Tema que tiene, por los cambios actuales en la constitución de parejas y familias, una gran importancia y es generador de estudios, debates y posiciones diferentes y enfrentadas en el ámbito psicoanalítico.

Reencontrémonos con los padres del niño que acudieron a nuestra consulta.

Existen numerosos protocolos con exhaustivas preguntas con relación al desarrollo de su hijo, como fue el parto, como se alimentaba, cuando comenzó a caminar,
etc.etc.etc.

Creo que no hay que olvidar una regla básica: saber callarse y escuchar, aunque la historia se nos relate de una manera desordenada, y con olvidos u ocultamientos, con contradicciones y errores elocuentes, sin embargo nos permiten conocer algo mas que el ritmo del sueño y la fecha del control esfinteriano, o el inicio de la bipedestación y la escolaridad.

Es en el discurso mas desordenado de los padres que se manifiestan fantasias y sentimientos, entre ellos y para con sus hijos, desde que se conocieron hasta el momento que anhelaron un hijo en común, o aceptaron continuar con un embarazo que no deseaban.

Por este motivo no sorprende, que el estudio psicoanalítico del niño comienza mucho antes de su nacimiento, cuando él salió de su mundo uterino se encuentra con un escenario preparado ya hace mucho tiempo.

Los padres pensaron antes en un nombre, en un sexo, lo que podría llegar a ser, los miedos de lo que podría sucederle, a quién de la familia se parecería, a quién por nada del mundo tendría que parecerse, etc.etc.

Esta red fina y sutil es la verdadera cuna del recién nacido.

El psicoanalista no debe dejarse adormecer con las nanas que se le cantan al recién nacido, sino, percibir además, todo lo que no se le dice al niño pero está tan presente.

El narcisismo de los padres se pone a prueba ante cada logro o fracaso de su descendiente. Cada uno de ellos tuvo un lugar específico en su grupo familiar. El nacimiento y sin que se tenga consciencia de ello, reactualiza antiguos conflictos con sus padres, hermanos y familiares significativos, predisponiendo la aparición de síntomas inesperados en el hijo. Son frecuentes las dudas de una supuesta patología hereditaria, que siempre está en la otra familia: el mal, las taras, lo defectuoso es más tolerable si proviene de otros.

El niño designado como problemático es un eslabón frágil en quien se depositan los conflictos irresueltos incluso de generaciones anteriores.

Esto le ha llevado a plantear a Maud Mannoni, que el síntoma del niño es el reflejo del síntoma parental. “La misión del niño consiste en reparar el fracaso de los padres, e incluso en concretar sus sueños perdidos. De este modo, las quejas de los padres con respecto a su descendencia nos remiten ante todo a la problemática del adulto”[xi]

Este planteo, que fue revolucionario e importante en su momento, colocaba a los padres en un lugar de responsabilidad en el padecimiento de su hijo, frente a estudios psicoanalíticos anteriores que no prestaban demasiada atención a los conflictos familiares, otorgándole al inconsciente infantil cierta autonomía ingenua con respecto a su entorno.

Pero los textos de Mannoni, fueron tomados radicalmente por algunos profesionales que decretaron que el tratamiento debía realizarse solo a los padres, el psicoanálisis de niños no tenía sentido, olvidando que el niño afortunadamente no es un eco pasivo de los mismos, sino alguien quién activamente incorpora, transforma sus vínculos identificatorios, y presenta conflictos que ahora le pertenecen con pleno derecho.

A nuestra manera y con lo que recibimos y encontramos en cada momento de la vida escribimos un texto neurótico o no pero del cual somos responsables frente a los demás.

Un ejemplo:

Pedro es un niño de 8 años cuyos padres consultan por su bulimia, obesidad, y sentimientos paranoides con algunos compañeros del Colegio a quienes ataca violentamente La madre hace hincapié en el mal rendimiento intelectual y en la incomprensión de los profesores para con su hijo.

Pedro, tiene una hermana 7 años mayor, «nunca no has ocasionado ningún problema», dicen los padres, «es estudiosa responsable y a pesar de su adolescencia acata las normas y reglas de la casa».

Durante un tiempo trabajé en las sesiones, aspectos estrictamente individuales, si es que esto fuera posible. Sus proyecciones de lo rechazado en él tornaban su ambiente de desconfianza y recelo. Al comienzo del tratamiento se despedía diciéndome no se lo cuentes a mis padres.

Sus juegos y dibujos eran generalmente de personajes atacados injustamente para luego vengarse con sadismo y reivindicación.

Construía trampas para el enemigo, consistían en espacios disimulados en la tierra, que se abrían sorpresivamente y se los tragaba, como si fuera la boca del infierno, decía, se pudrían porque nadie los rescataba, encerrados allí para siempre.

Tal vez mantenerse regresivamente en su oralidad nunca satisfecha, lo mantenía como un bebé que no podía (o no deseaba) salir de su propia trampa.

Entre los datos de su historia familiar es de destacar que fue el padre quién deseó que continuara el embarazo, la madre estaba ya conforme y satisfecha con la hija y no quería obstaculizar su crecimiento profesional que de hecho era brillante.

El padre dice: «no quería quedarme solo con una niña a pesar que la quiero mucho, sentía un deber muy grande tener un varón para que perdure el apellido, puede que sea una tontería pero era un vacío hasta que nació Pedro».

El padre de Pedro es el mayor de tres hermanos, un varón que le sigue, falleció antes del año de meningitis, luego nació una mujer. Pedro lleva el nombre de este niño muerto prematuramente en su honor y recuerdo.

Su abuela quedó muy afectada con esta pérdida incluso después del nacimiento de la menor. La mayoría de las veces acompaña al niño a la consulta y siempre con bocadillos, dulces, bollos, para que el coma en el trayecto del colegio a la consulta.

En algunas oportunidades vino con el padre, nunca con la madre.

En entrevistas con los padres durante el análisis del niño, pudimos trabajar sobre la manifiesta hostilidad de la madre y la compensación por parte del padre, por su propia historia, quien había desempeñado una función maternal hasta en la actualidad, vistiéndolo y aseándolo como si fuera un bebé, la limpieza y su dependencia según su versión lo protegían de enfermedades.

A propósito de este tema, en una sesión, Pedro habla de sus temores a las infecciones y como la gordura (que no-fortaleza) no lo ayuda en su salud.

Los enemigos, no-solo son ahora los compañeros sino bacterias o virus, desde su interioridad, que su padre no puede evitar.

Surge el tema de morirse como un compañero del colegio, por un accidente en la carretera, o de enfermedades de peques que son muy débiles, dice.

«Parece que ser pequeño no-solo son cuidados mimos y mucha comida sino también muchos peligros y sospechas con un padre que siempre teme que te pase algo malo». Le comento.

Al hermano de mi padre, se le hinchó mucho la cabeza, «y se murió antes de nacer», comete este lapsus tan significativo, por murió antes del año.

Pedro, conocía esta historia, conocía también la dedicatoria de su nombre, lo que no sabía y quizás tampoco sus padres el lugar que ocuparía «antes de nacer» en la constelación de la familia de su padre.

Mi hipótesis en ese momento del tratamiento era que su padre lo había entregado como ofrenda a su madre como un hijo reparador de aquel pequeño muerto, aunque parecía nunca enterrado, un dolor anestesiado pero no superado.

Por otra parte, tanto cuidado del padre que excluía a la madre, ¿no hablaba también de rivalidad y desconfianza con su pareja?.

A medida que estos temas fueron apareciendo en las sesiones individuales y entrevistas con los padres, nada fáciles de abordar, Pedro fue saliendo de sus trampas engañosas, y tratando de nacer de otra forma, con su misma, inconfundible e irremediable historia.

Si no fuera posible resignificar nuestros dramas familiares, y ocupar otros lugares entre los personajes familiares, el tratamiento analítico no dejaría de ser una curación sintomática y superficial.

Para este niño, adelgazar, no pelearse con sus supuestos enemigos, y obtener mejores clasificaciones no era una tarea difícil, ni extraña. El medio familiar y escolar lo demandaba. Con una buena dieta y reeducación lo hubieran conseguido

De otra sintomatología es la que se ocupa el psicoanálisis: es la de las identificaciones y sus máscaras de falsas seguridad, de las regresiones a un circuito del deseo con una modalidad regresiva y omnipotente, de mantenerse alienado en el proyecto del otro, y no poder ser un eslabón de transmisión entre las generaciones con su propio brillo y reconocimiento.

Otro ejemplo:

María, de 8 años, fue traída a la consulta por bajo rendimiento escolar, y conductas agresivas con sus padres especialmente con la madre, de la cual se burla. Tiene un hermano menor de 6 años, aparentemente sin problemas.

María se presenta en las primeras entrevistas de una manera bulliciosa, divertida, está muy al tanto de cantantes de moda, algunas veces firma en el Colegio como Laura (su cantante favorita), esto ha originado preocupación a los padres y profesores.

«Mi madre me obliga a vestirme como una monja, me dice, no ves como vengo a tu consulta, si me dejas la próxima sesión traigo ropa de gimnasia y me cambio aquí». Es una experta en bailes actuales que ve en televisión. Algunos de ellos y proezas físicas, son exhibidos en el curso del tratamiento.

Trabajamos en las sesiones sus deseos de mostrarse, como esto la reaseguraba de lo que carecía y su rivalidad edípica con su madre, en la transferencia conmigo eran frecuentes actitudes provocativas y seductoras. Cuando intentaba tenerlas con su padre, este la rechazaba y se burlaba de su físico, incluso comentándole que con ese aspecto nunca llegaría a ser guapa, menos aún con sus fracasos escolares.

Por la época de carnavales viene a la consulta y se pinta, parece una caricatura de una mujer, excesivamente maquillada, juega a ser una modelo famosa. En una de las entrevistas con los padres, discutíamos porqué les afectaba tanto los aspectos exhibicionistas y provocativos de María, mas allá de lo que individualmente, se refería a una temática de conquista y de reasugaramiento narcisista.

El padre trae un recuerdo asociativo muy interesante: «yo tenía una hermana que falleció, ella tenía 22 años, murió de SIDA, (lo dice con vergüenza) llevaba una vida muy promiscua».

Su mujer agrega: «cuando yo me enteré de esta historia pensé que ejercía la prostitución en altos niveles».

El marido calla, y luego de un silencio tenso agrega: yo también lo pensaba, había ciertas pruebas para confirmarlo. Mis padres en cambio ni lo sospechaban, o no lo querían pensar, llevaba un nivel económico de vida muy elevado y ellos en cambio lo atribuían a su trabajo que era totalmente incierto.

Lo que en la generación de los abuelos es imposible de pensar, en la siguiente (padres de María), es indecible, hasta este momento.

A propósito de estos temas de familiares muertos, así como situaciones traumáticas, (incestos, violaciones, traiciones), en las generaciones antecesoras, los psicoanalistas N. Abraham y M. Torok, plantean el tema de «La Cripta»: muertes o vergüenzas de las que no se puede ni siquiera pensar, (una gran dificultad para construir representaciones de estos episodios), pero que reaparecen en conflictos sintomáticos en generaciones posteriores.[xii]

Hacen una distinción entre:

a) lo intergeneracional: las relaciones entre generaciones adyacentes en situación directa;

b) lo transgeneracional: se refiere a contenidos psíquicos a través de la sucesión de generaciones.

Los temas inconscientes de los hijos pueden estar marcados por el funcionamiento psíquico de los abuelos o de ancestros que no han conocido, pero cuya vida psíquica a marcado a sus propio padres.

No cabe duda que los fantasmas solo existen en los cuentos, pero es interesante destacar como se anuda en esta familia el comportamiento de su hija con sus movimientos pulsionales de seducción y exhibición propias de su conflicto edípico actual con el terror de los padres que resignifican en su hija una repetición de un personaje del pasado escindido y renegado y al cual se trató por todos los medios de hacerlo desaparecer.

Un último momento clínico:

Alberto, es un niño de 9 años, su madre consulta porque tiene tics en la región naso-bucal persistentes, fobias a los perros, y comportamientos femeninos, que provocan las burlas de sus compañeros. Parece que compensa estas humillaciones con un excelente rendimiento escolar. Teme enfrentarse con los chicos que lo provocan, prefiere la compañía de las niñas, una de ellas es su amiga inseparable y hace todo lo que ella le ordena.

Entre los datos de la historia familiar es de destacar: la madre es una mujer muy joven, soltera, ha retomado estudios universitarios, vive con su hijo en la casa de sus padres. Ocupan allí un cuarto con dos camas.

El niño no conoce a su padre, sabe que es un hombre que vive en el extranjero y que viene periódicamente a España, pero como para la madre fueron pocos encuentros y sin continuidad, no le permitió conocerlo ni tener relaciones con él.

Este, cuando se enteró de la noticia del embarazo, además de sorprenderse, quiso reconocer legalmente al niño pero la madre no lo permitió ya que «era solo un deseo mío, me comenta, anhelaba tener un hijo, temía que pasara el tiempo y bueno,… el me pareció el extraño mas adecuado. Tenía 23 años».

En las primeras sesiones Alberto habla en voz muy baja y con frases cortas; parece muy tímido e inhibido en sus juegos y dibujos. Con frecuencia comenta que es muy querido y mimado por su familia especialmente el abuelo, de los peluches que le regala y lo acompañan para dormir. Habla también de un tío materno, deportista muy conocido, que valora y admira. Lo nombra con orgullo, lleva su nombre y dice que es parecido físicamente, tiene celos intensos de su novia a la que descalifica siempre.

Estos comentarios son semejantes a los que hace su madre. Esta es una mujer que ahora con treinta años parece mas joven de su edad, tiene comportamientos, lenguaje y vestir muy
juvenil. Sale siempre con la pandilla de su hermano (el tío admirado) quien es el que le ha presentado varios novios, pero ninguno de ellos ha sido lo suficientemente valioso para comprometerse plenamente.

En que lío de entramados erróneos estaba perdido Alberto?

Su madre, por sus dificultades en asumir su edad y lugar generacional, parecía mas una hermana mayor de su hijo, las parejas de esta no conseguían alcanzar el ideal de este hermano, con el cual tenía una relación equívoca para ser «simplemente fraterna».

Los abuelos se comportaban como padres en cuanto a lo económico, educacional y sobre todo en las reglas de la convivencia.

El padre biológico había sido excluido totalmente. La madre tenía información por amigos que este había constituido una familia en el país que residía.

El posible padre adoptivo, tío materno, por su lugar endogámico no era precisamente tranquilizador. Todo parecía resolverse sincréticamente (confusa e indiscriminada) en la misma familia

Alberto parecía identificarse más con una mujer y desde este lugar anhelar a un hombre, justamente al inverso de una configuración edípica.

Durante el tratamiento eran frecuentes las entrevistas con la madre, dos veces asistieron los abuelos y en algunas ocasiones vino el tío.

Hubo un momento importante en el curso del mismo: siete meses después del inicio, Alberto le plantea a sus abuelos que quiere tener un cuarto propio. Estos estuvieron de acuerdo, pero la madre se opone alegando incomodidades en la casa. No justificadas

Las fobias en los niños, tiene mucho que ver con una relación simbiótica, pre-edípica con la madre que no puede cortarse. Pero, en esta estructura son tres los implicados, la madre, el niño, y una instancia tercera que separa (función paterna) y que en esta situación no estaba asumida por la madre.

Este fue el momento que me pareció importante sugerirle un tratamiento, al cual se negó aludiendo dificultades económicas.

Yo tenía serias dudas sobre la utilidad del tratamiento con estas condiciones familiares, pero decidí continuarlo con la esperanza de lo que leemos en los manuales, pero difícil de materializar: que el cambio del niño fuerce un cambio de posición en los padres.

Sin embargo ocurrió algo inesperado y sugestivo, el hermano se fue de la casa paterna, con el proyecto de vivir con su pareja y en un tiempo cercano casarse.

La madre de Alberto, sufrió una depresión y pidió iniciar un análisis.

A pesar de lo expuesto anteriormente el riesgo de los estudios generacionales, puede ser quedar fascinado y condicionado por estas apariciones espectrales, olvidándonos del que sufre y que por sus características se hace cargo y porta un síntoma.

Pero el eje debe permanecer en las modalidades que un sujeto niño o adulto, tiene para apropiarse y representar su herencia, siempre marcada por su autoría y singularidad y diferencias.

Freud recurre al Fausto de Goethe, cuando dice: «Lo que has heredado de tus padres para poseerlo, gánalo»[xiii]

Y es en Tótem y Tabú, cuando describe la división del sujeto entre ser para sí mismo y el ser solo eslabón de una cadena a la que está sujeto sin la participación de su voluntad.[xiv]

En el escenario del narcisismo primario-paradisíaco, y lo vincular e intersubjetivo, es donde se transmite la genética que «estudia» y «trata» el psicoanálisis.

La transmisión no es un eco repetitivo sino un trabajo de transferir y desplazar, en otros, historias de nuestro pasado y nuestra cultura arcaica pero siempre abiertas hacia lo nuevo y no repetitivo aunque nos dé miedo y dolor.



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[ii] “La violencia de la interpretación”. Piera Castoriadis-Aulagnier. Amorrortu. Argentina. 1977. Pág. 113

[iii] “Conferencias de introducción al psicoanálisis”. Volumen 16. Sigmund Freud. (1916-1917) Amorrortu. Argentina. 1979. Pág. 292 a 295.

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[iv] “El bebé del psicoanálisis”. Perspectivas Clínicas. Philipe Gutton. Amorrortu. Argentina. 1987. Pág. 174 a 180

[v] “Escritos de Pediatría y Psicoanálisis”. D.W. Winnicott. Laia. España. 1979. Pág. 334
[vi] “Nueva int
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[vii] Ídem. Pág. 66

[viii] “El proceso Psicoanalítico”. Donald Meltzer. Lumen-Hormé. Argentina. 1996. Pág.33

[ix] “Simbiosis y ambigüedad”. José Bleger. Paidos. Argentina. 1984. Pág. 155-157.

[x] “Escritos 2”. Jaques Lacan. Siglo XXI. México. 1971. Pág. 867.

[xi] “El niño, su enfermedad mental y los otros”. Nueva Visión. Argentina. 1976. Pág.7

[xii] “Del símbolo psicoanalítico en la neurosis, la cripta y el fantasma”. Claude Nachin. En “El psiquismo ante la prueba de las generaciones”. Tisseron S. Torok M. y otros. Amorrortu. Argentina (1997). Pág. 63 a 93.

[xiii] “Alocución en la casa de Goethe, en Francfort”. Obras Completas. Vol.21. Sigmund Freud. (1930) Amorrortu. Argentina.1979

[xiv] “Tótem y Tabú”. El retorno del totemismo en la infancia. Obras completas. Sigmund Freud. (1912-1913) Amorrortu. Argentina. 1979. Pág. 103..