Psicoanálisis en evolución, una experiencia psicoanalítica

Revista del CPM número 33

Por María de las Viñas Martínez

Psicoanálisis en evolución, una experiencia psicoanalítica1

Mª de las Viñas Martínez Rodríguez

Buenas tardes:

Como introducción voy a poner un pequeño video que creo que transmite muy bien la idea de la creatividad que desarrollaré a lo largo de la ponencia.

En el video el niño deja fluir su imaginación y en algo tan cotidiano como poner la lavadora, es capaz de ver las cosas de una forma distinta es decir de crear su propia historia.

Desde este interés por la creatividad, he hecho mi reflexión, sobre uno de los aspectos de la experiencia psicoanalítica que, desde mi punto de vista, pueden beneficiar al paciente y es el desarrollo de su propia creatividad, en la relación que se establece entre el paciente y el analista a lo largo del proceso

Escogí este tema para las jornadas, porque el título psicoanálisis en evolución a mí me sugirió la evolución personal que puede implicar para un paciente un tratamiento psicoanalítico.

Una vez hecha esta introducción, me gustaría empezar compartiendo con vosotros cómo se produjo mi aproximación al psicoanálisis:

Hace ya algunos años, cuando llegó el momento de escoger los estudios universitarios que quería hacer, tenía casi claro que me gustaba enseñar y quería ser docente. Al plantearme qué asignatura no tuve ninguna duda en elegir una carrera de Ciencias. Aquello de resolver problemas de lógica y números siempre me ha transmitido mucha paz, porque hay una única solución que hay que encontrar. Por aquel entonces ni por lo más remoto se me hubiese ocurrido estudiar Psicología y mucho menos Psicoanálisis.

Así que decidí estudiar Químicas y empezar a ejercer como profesora y posteriormente inicié mi formación como psicoanalista y actualmente compatibilizo dos de las tres profesiones que Freud consideraba como imposibles. (Freud S., 1937: Análisis terminable e interminable).

El psicoanálisis supuso pasa mí saltar de una disciplina más racional y la paz que da la búsqueda de una única solución, a una disciplina más “irracional” donde no solamente no hay una única solución sino que dos cosas distintas pueden representar lo mismo en el inconsciente, ya que en el inconsciente no rige el principio de contradicción, sino que una misma cosa puede coexistir con su contrario. Por ejemplo en los sueños podemos viajar en un tren y vernos a nosotros mismos fuera del tren charlando con unos amigos.

Desarrollando un poco esta idea, cuando me refiero a lo racional frente a lo irracional es una forma de expresar la diferente forma de funcionar de la mente consciente e inconsciente.

La mente consciente (que tiene más que ver con el pensar) permite tomar decisiones, reflexionar, establecer relaciones causa-efecto, mientras que el inconsciente se guía más por la parte impulsiva ( que tiene más que ver con el hacer), que se mueve en base a experiencias previas y emociones.

Pero no se trata de ver sus diferencias para oponerlas sino, por el contrario, trato de subrayar la importancia que tiene la integración de la parte racional y la emocional, que es el objetivo del psicoanálisis, la armonía entre ambas.

Pero dejemos a un lado esto del consciente y del inconsciente y quedémonos con la idea de equilibrio. Ahora que sabemos que una parte de mí es Química y otra Psicoanálisis, me ayudaré de ambas disciplinas para definir un proceso psicoanalítico.

Supongamos la reacción entre el hidrógeno y el yodo. En principio partimos de una molécula de hidrógeno y otra de yodo formadas a su vez por dos átomos cada una. Al ponerlas en contacto, éstas interactúan entre sí y mediante los choques que se producen entre ambas, se van rompiendo los enlaces que mantenían unidos a los átomos de las moléculas iniciales, a la vez que se van formando otros nuevos entre ellas, dando lugar, a un nuevo producto.

Pero la reacción entre el hidrógeno y el yodo, como la mayoría de reacciones en química, es reversible, quiere decir que parte del producto formado, a su vez reacciona dando lugar a los reactivos iniciales en un proceso dinámico que se mueve hacia delante y hacia atrás hasta que se alcanza un equilibrio entre los reactivos y el producto. En esta reacción en concreto se obtiene acido yodhídrico, que es un compuesto que tiene múltiples aplicaciones: por ejemplo en química se utiliza en la síntesis de diversos compuestos orgánicos e inorgánicos, en medicina se utiliza en forma de jarabe en dietas pobres en yodo.

Pero el problema de las reacciones en química no es tan sencillo porque muchas de estas reacciones de síntesis son tan lentas que quizás no se dieran nunca sin la ayuda de un catalizador. Un catalizador es una sustancia que interactúa con los reactivos iniciales para acelerar el proceso, pero no forma parte del producto final sino que se recupera en el mismo estado que estaba. Tomaré como base el ejemplo de la reacción química en un proceso psicoanalítico.

Los pacientes, debido a sus síntomas, a sus inhibiciones, a sus conflictos… han perdido la capacidad de aprovechar su energía en su propio beneficio, invierten parte de esta energía en taponar aspectos de sí mismos o parte de sus experiencias para que no salgan, podríamos decir que no están en armonía porque hay partes de ellos que no están integradas. (Es como si al llegar a la consulta estuviera el hidrógeno por un lado y el yodo por otro).

Nuestra labor como psicoanalistas a lo largo del proceso es actuar como catalizadores (interaccionando con el paciente) facilitando así que el paciente pueda ir integrando los distintos aspectos de sí mismo, para formar un “producto” que no es diferente del anterior ya que tiene la misma composición (sigue estando formado por hidrógeno y por yodo), sino que se encuentra integrado.

Pero dejemos a un lado el ejemplo de la reacción química porque no deja de ser una racionalización del proceso, ya que las moléculas no tienen la capacidad de sentir ni de aprender. Nos ha servido, no obstante, para ilustrar a grandes rasgos uno de los objetivos del proceso analítico, que es la integración de las distintas partes disociadas en el paciente y la visión del proceso como creador, idea ésta que ya mencionaba Winnicott en su libro Realidad y juego y que retomaré más adelante.

Volviendo al proceso analítico: se llega a la integración a través del conocimiento de uno mismo. Sin embargo este conocimiento no se refiere exclusivamente a algo conceptual, sino a que el aprendizaje adquirido es el resultado de haberlo vivido o sentido, lo cual implica que uno lo ha incorporado, no de manera intelectual, sino que lo ha integrado profundamente en su personalidad. Y de esta idea surge el título de la ponencia “una experiencia psicoanalítica” ya que el cambio se basa en la propia vivencia.

Una parte esencial del proceso es que se establezca una buena alianza terapéutica, o dicho de otra forma “un buen entendimiento” entre ambos, con propósitos saludables. A lo largo del proceso hay una interrelación entre dos sujetos, que es distinta con cada paciente y que depende del inter-juego que se establece entre los dos. La relación entre ambos va más allá del análisis de la palabra hay que tener en cuenta lo que se dice, lo que no se dice, lo que se dice sin decir, el cuerpo, etc…. En esta relación “diferente a las demás” el paciente tiene la oportunidad de vivir una nueva experiencia que será la que le posibilite avanzar en su propio proceso terapéutico.

Con respecto a esta relación entre analista-paciente hay que decir que, a lo largo de la historia del psicoanálisis, la posición del psicoanalista ha ido variando desde una visión del mismo como alguien neutral, racional y objetivo (un espejo para el paciente) a una figura, que se asume que sólo por el hecho de estar presente en el análisis interviene como una persona subjetiva.

En los últimos tiempos, la reflexión teórica ha centrado bastante su atención en el aporte que realiza el analista en el proceso, aunque de alguna manera esto ya estaba presente en muchos autores.

Ya Sullivan introdujo un carácter más dinámico al psicoanálisis y describió al analista como observador participante, otorgando más importancia a la parte de observador.

Fromm posteriormente lo definió como participante observador, enfatizando más el término participante.

Por su parte Frank Alexander (1965) utilizó el término experiencia emocional correctiva. Subrayando la idea de que, para deshacer el efecto de una antigua experiencia, no basta con recordar el hecho sino que más bien será la nueva experiencia vivida en la terapia la que pueda ser en sí reparadora. Esta nueva experiencia puede ser brindada por la relación transferencial, o por nuevas experiencias en su vida.

En la actualidad, desde el enfoque intersubjetivo con el énfasis en la relación, se responsabiliza mucho más al terapeuta de la marcha del tratamiento, pues le exige no solo comprender al paciente, sino relacionarse con él de un modo terapéuticamente útil. Esteban Ortiz, en su artículo “Las palabras para decirlo”, propone una reflexión sobre cómo se comunica el terapeuta, es decir qué dice, cómo lo dice y qué hace.

Visto desde una óptica u otra, ¿cuál es la relación que se establece en la díada paciente-analista.?

Entre ellos se establece un lenguaje propio, que dependerá de las características personales de ambos sujetos y en este lenguaje todo tiene cabida, desde el cuento, las metáforas, las anécdotas, los chistes, los dibujos, gestos, movimientos, etc.

El paciente se va transformando en un narrador, aprende a analizar sueños, actos fallidos, se enfrenta con sus propias ambivalencias, busca nuevas soluciones y puede ir desarrollando sus capacidades.

Ser psicoanalista:

Implica un esfuerzo constante de reflexión, cuestionamiento y flexibilidad. Es una experiencia humana difícil de describir con palabras, hay momentos duros de contener, pero también es gratificante percibir como hay una parte del yo que trabaja por crecer y desarrollar sus capacidades, adaptándose a la realidad para poder vivirla de una forma más plena.

Salomon Resnik: “Ser psicoanalista es vivir las peripecias de una aventura compleja y laberíntica donde uno puede perderse para poder encontrarse cada vez de modo distinto”.

Recordando la paz que me transmite la química aquí no se trata de confirmar hipótesis, quizás ideas que ya se irá viendo hacia donde van, la palabra hipótesis como tal te podría poner la zancadilla porque podría interferir tu propio deseo de que se confirme.

Bion decía que a cada sesión se va sin deseo ni memoria, como si nos enfrentáramos con un paciente nuevo. Se asemeja al trabajo del arquitecto que contribuye a construir un edificio a partir de muchos elementos distintos, el psicoanalista contribuye a estructurar al paciente, pero se trata de contribuir sin interferir, respetando la evolución del paciente y al mismo tiempo estando presente. La diferencia es que el arquitecto trabaja con un objetivo final y sin embargo el psicoanalista debería trabajar sin saber bien donde llegará…

Retomando la idea inicial del proceso como creador, Winnicott distinguía entre creación y creatividad. Mencionaba que entre el observador y la creación está la creatividad del creador.

Si pensamos en la creatividad, primeramente se nos vendría a la mente la imagen de un artista que crea una obra de arte diferente, la de un ingeniero que diseña nuevos artilugios tecnológicos, o la de un escritor que edita su nuevo libro.

Pero el uso de la creatividad es más amplio, supone trabajar con lo que ya poseemos a nuestra disposición para transformarlo en algo nuevo. Es sinónimo de pensamiento original, imaginación constructiva, es la capacidad de generar nuevas asociaciones entre ideas y conceptos conocidos, dando lugar a soluciones distintas y es en este sentido en el que el tratamiento puede contribuir a desarrollar la creatividad.

El desarrollo de la creatividad va muy asociado al psicoanálisis, que es una forma libre de expresión sin los juicios del Superyó, que busca la libertad del individuo, que éste sea libre de sentir, de pensar, de elegir.

Los pacientes que vienen a consulta a menudo tienen limitada su capacidad creativa. Desgastan gran parte de su energía en el síntoma. A medida que avanza el tratamiento van liberando parte de esta energía y la pueden poner a su servicio.

Pero la creatividad no es exclusiva del hombre, en la naturaleza a menudo podemos observar cómo muchos animales despliegan sus capacidades creativas. En el caso de los animales la creatividad está puesta al servicio de su propia supervivencia y la de su especie y la muestran principalmente en el cortejo.

Un ejemplo de creatividad en la naturaleza es el caso del pez globo japonés. Durante un tiempo en una isla al sur de Japón los buceadores de la zona encontraron extraños dibujos en distintos lugares del fondo marino cuyo origen se desconocía, años después descubrieron que el artista de estas estructuras era un pequeño pez de apenas 20 cm.

Acabaré mi ponencia con un video de este pez creador. Cuando lo vi por primera vez me pareció que de alguna manera representaba un proceso psicoanalítico. El pez en su “misión integra los distintos elementos que tiene a su alcance para formar una estructura profunda, sólida pero flexible, con movimiento, capaz de sobrevivir al oleaje, que requiere energía y que le permite cumplir con su objetivo vital adaptándose al medio en el que vive.

Personalmente me parece admirable como un organismo “no dotado de razón” y tan alejado en la escala evolutiva del hombre puede realizar esta estructura. Si un pez solamente con un aprendizaje sin razón es capaz de hacer esto. ¿De qué es capaz el hombre si no limita sus propias capacidades?


(1). Trabajo presentado en la Jornada: “Trabajando emociones. Psicoanálisis en evolución – 40 años del CEAP”. Agradecemos a la autora el permiso para su publicación.