Trabajo presentado en XV FORUM INTERNACIONAL DE PSICOANÁLISIS

Ya el nombre de este congreso “Identidad y Globalización” pone de relieve el  fuerte impacto que tiene la sociedad y los cambios culturales, económicos y tecnológicos que en ella ocurren, sobre la subjetividad individual. En particular, el tema de la mesa Patologías del nuevo siglo ¿que analizar? me ha llevado a reflexionar  sobre  el impacto que puede tener la sociedad de consumo, y en particular  aquellos aspectos que dicen relación con los modelos femeninos y masculinos,  la imagen corporal y los cánones de belleza, sobre la subjetividad en formación de los niños. Quisiera comenzar con algunas observaciones que me han resultado iluminadoras.

Hasta alrededor de los años 60, los cánones de belleza femenina tenían como modelo a mujeres de cuerpos curvilíneos,

como el de la mítica Marilyn Monroe.

Sin embargo, a partir de la conocida modelo Twiggy,

con su físico delgado y de eterna adolescente se generó un importante cambio y se comenzó a imponer en nuestra sociedad occidental, un modelo de belleza femenina, de cuerpos delgados y con pocas curvas. (8, 9, 10), siendo éste el modelo actual de belleza.

En forma concomitante, también en los 60 aparece en el mercado de juguetes infantiles la muñeca Barbie, transformándose con el correr de los años en la muñeca más famosa y vendida del mundo. A diferencia de las muñecas anteriores que representaban a bebés, y tenían características infantiles, las muñecas Barbies  representan a mujeres adultas con gran afición  por la moda, con cuerpos “a la moda”,

y por tanto son ultra delgadas.

Por otra parte, durante las últimas décadas,  el diagnóstico de anorexia en niñas y adolescentes  ha sido cada vez más frecuente, estimándose una prevalencia de la enfermedad que va del 1% al 4% . (Tapia, P. Ornstein, C. 1999). Estas cifras aumentan sustancialmente cuando se incluyen adolecentes “sanas” con conductas alimentarias anormales o con una preocupación anormal por el peso corporal. (Urrejola, s/f).

Toda esta situación, generó una fuerte polémica acerca del impacto que podrían tener las conocidas muñecas Barbies en la aparición de trastornos alimenticios en las niñas.

En el año 2005, en Gran Bretaña,  se llevó a cabo una investigación  conjunta entre   Dr. Emma Halliwell de la University of the West of England,  y Dr. Helga Dittmar y  Suzie Ives de la Sussex University. (Duffy,  2005)  en la cual se concluyó que jugar con muñecas Barbie  puede ocasionar trastornos alimenticios en las niñas ya que estas figuras ultra delgadas  provocan que las niñas ya no estén tan satisfechas con su propio cuerpo. “El estudio demuestra que no es solo la información relacionada con el cuerpo de las muñecas per se la que tiene impacto en la imagen corporal de las niñas, sino el hecho de que la muñeca Barbie representa un cuerpo ideal distorsionadamente delgado”, dice Helga Dittmar autora de la investigación. (Dobson, 1996, traducción personal).

Un portavoz de Mattel, el fabricante de Barbie, dijo respecto al estudio: “Barbie no está fabricada según un modelo humano. Barbie permite a las niñas soñar que pueden ser todo lo que ellas quieran cuando sean mayores”. (Dobson, 1996, traducción personal).

Habría que agregar a este comentario, ¡¡ aunque que para llegar a ser tan delgadas como Barbie, las niñas tienen que enfermar!!, porque  si bien Barbie representa para las niñas un ideal de belleza, éste ideal está lejos de representar a la mujer normal. De hecho, si  Barbie fuera humana tendría unas medidas imposibles de 100-45-80

y no podría caminar porque su espalda no soportaría el peso. Los investigadores señalan que menos de una en 100.000 mujeres tienen el cuerpo delgado de las muñecas Barbie. (Duffy, 2005, traducción personal).

Sin embargo, y si bien Barbie no representa a la mujer normal, tampoco representa una figura irreal, o una imagen de fantasía como pueden ser las hadas, los duendes, los magos y las brujas,  sino que su figura, mil veces reproducida a través de los medios de comunicación y la publicidad, queda  inserta en el nebuloso territorio de lo posible.

Otra información recogida en la televisión me llamó la atención. En este caso se relaciona con la imagen corporal masculina y el uso de esteroides anabólicos.

Los esteroides anabólicos  son la forma como se conoce a las substancias sintéticas basadas en hormonas sexuales masculinas (andrógenos). Estas hormonas promueven el crecimiento de músculos (efecto anabólico) así como también el desarrollo de las características sexuales masculinas (efecto andrógeno).

Una de las razones principales por la cual la gente utiliza esteroides anabólicos es para mejorar su rendimiento deportivo, aumentar el tamaño de los músculos y reducir grasa en el cuerpo. Se estima que entre algunos deportistas y especialmente entre físico culturistas el abuso de  estos esteroides es muy alto.

Evidentemente el uso indiscriminado de estas hormonas masculinas sintéticas  ha sido asociado con una gran variedad de efectos secundarios que van desde acné y desarrollo de pechos en los hombres hasta ataques al corazón y cáncer de hígado. Muchos de estos efectos son reversibles si la persona deja de tomar los esteroides, pero otros son permanentes.

No hay comparación posible entre el desarrollo muscular que se logra “sin” el uso de  estas sustancias

y “con” el uso de ellas.

Más allá de los efectos que estas sustancias provocan en la salud que evidentemente son preocupantes, el hecho que me ha parecido más impactante por las consecuencias futuras que puede tener, es que estos mismos cuerpos, “anormales” bajo todo punto de vista, son ahora
reproducidos como juguetes para niños, en las llamadas figuras de acción y video juegos,

las que con el correr de los años han ido transformándose en figuras con cuerpos claramente esteroidales. La anatomía de la primera versión de Aquaman de mediados de los ’70 (Mego Museum) poco y nada se parece a las versiones actuales).

En 3 décadas Batman se volvió mucho más anguloso. La primera imagen, extraída de Mego Museum, data de 1974),

lo mismo le ha ocurrido al musculoso Hulk.

En 30 años, hasta el Capitán América ganó un super cuerpo inverosímil con la característica de híper muscular),

superman

y el hombre araña también se esteroidizan).

La sociedad de consumo,  impone ahora  un modelo “ideal” corporal masculino, que sólo es posible de ser  conseguido mediante el abuso de sustancias dañinas para la salud.

Pienso que estos son ejemplos altamente ilustrativos,  de cómo ciertos “ideales” de nuestra sociedad actual, y ciertas “modas” son reforzadas y reaseguran su continuidad  mediante la reproducción de modelos en miniaturas para niños, es decir, en los juguetes. Tan importantes resultan estas figuras como modelos identificatorios, que recientemente el Ministerio de Defensa Británico, en una operación publicitaria para darse a conocer entre los niños, y estimular el deseo de pertenecer a las fuerzas armadas,  ha decidido lanzar su propia colección de figuras de acción. En la primera imagen que se da a conocer figura un soldado de infantería equipado como los que combaten en Afganistán, un Royal Marine y un piloto de la RAF.

Creo que este tema no es inocuo y  que tiene consecuencias importantes en la subjetividad en formación de los niños. En una sociedad  crecientemente desigual,  el mundo cultural mediático que representa la publicidad,  crea una ilusión de ilusión de igualdad,  a través de la uniformidad del deseo, pero que en su intento de satisfacción deja al descubierto las profundas brechas sociales y económicas.

Siendo este un tema de gran amplitud, mi reflexión ha ido en el sentido de tratar entender los procesos psicológicos  que median en la infancia la influencia entre lo social y lo individual.

Pienso que el concepto de “Ideal del Yo” acuñado por primera vez por Freud en Introducción al Narcisismo, en 1914, pueden permitirnos una cierta comprensión de estos procesos.

En este texto  Freud señala que habría un narcisismo primario en el desarrollo sexual regular del hombre,   una originaria investidura libidinal del yo que luego es cedida a los objetos, pero que en el fondo, persiste  y “es a la investidura de objeto como el cuerpo de una ameba a los pseudópodos que emite” (Freud, 1914, pág. 73).

El desarrollo del yo consiste en un distanciamiento respecto de este narcisismo primario que se produce por medio del desplazamiento de la libido a un ideal del yo, desplazamiento que también engendra una intensa aspiración a recobrarlo.

El  Ideal del yo entonces, sería una instancia interna sustituto del narcisismo perdido, que ahora estaría en posesión de todas las perfecciones valiosas de las cuales  el yo no quisiera privarse y “sobre este yo ideal recae ahora el amor a sí mismo de que en la infancia gozó el yo real” , (Freud 1914, pág. 91).

Conjetura Freud en este texto, la existencia de una instancia psíquica particular, la conciencia moral,  que tendría como función velar por el aseguramiento narcisista proveniente del Ideal del Yo y que observaría el Yo actual midiéndolo con el ideal, siendo este ideal del yo y la conciencia moral conceptualizados  luego como  Súper Yo.

La incitación para formar el ideal del yo, partiría de la influencia crítica de los padres, y luego  se sumarían los educadores, los maestros y, todas las otras personas del medio. (Freud, 1914)

A diferencia de lo que ocurría en el año 1914, en que los niños permanecían en el hogar hasta la entrada al colegio, 5 -6 años, hoy en día algunos niños comienzan a asistir a salas cunas a partir de los 4- 5 meses de edad, mientras el resto inicia su “educación formal” cerca de los 3 años cuando empiezan a asistir al jardín de infantes. Esto significa que desde muy temprano, están expuestos al contacto con otros niños,  a otras costumbres que no son la de sus familias, y   están intensamente sometidos a la influencia  la sociedad como un todo a través de medios como la televisión y  la propaganda especialmente diseñada para ellos donde _entre otras cosas_ se les presentan los nuevos juguetes que va desarrollando la industria. La familia entonces pierde protagonismo, y deja de ser  el principal responsable en la socialización y en  la trasmisión de los “ideales”  a los niños.

En este sentido, no resulta aventurado pensar que el narcisismo primario estaría también alimentado externamente, desde la sociedad y sus medios de influencia y que por tanto, esta instancia “ideal del yo”, que se va conformando desde muy temprano en la vida, en nuestro siglo actual, lleva la impronta no sólo de los padres, sino que recibe una influencia social mucho más amplia  de la sociedad,  especialmente de todo aquello que alimenta el narcisismo del niño.

En tanto, los ideales de belleza se relacionan con atributos deseables para el género “masculino” o “femenino”, pasarían a integrar también el Ideal del Yo, a través de un “Ideal del Género”  el que  como plantea Emilce Dio Bleichmar (1989), sería un prototipo al cual se toma como modelo, y en el que se incorporan el ideal de lo masculino y lo femenino, que están estrechamente relacionados con los modelos culturales y sociales.

La feminidad / mas
culinidad se construye en la intersubjetividad y en la interacción, y sus atributos ideales, van conformando el ideal de género que ocupa un lugar nuclear en el ideal del yo. (Dio Bleichmar, 1997).

El núcleo de la identidad de género, entendido como un esquema ideoafectivo primitivo,  de carácter consciente e inconsciente, de la pertenencia a un sexo y no a otro, se establece tempranamente  en el plano de la intersubjetividad,  a través  de los padres en la crianza del niño o niña, y de la influencia social, en donde ocupa un lugar importante, el deseo, el fantasma, y  las expectativas de los adultos sobre el futuro ser, niña o niño, trasmitidas a través de todo el sistema social, y especialmente en nuestro siglo, por el discurso mil veces repetido que nos entrega la sociedad de consumo.

En el curso del desarrollo, el ideal del yo sería  alimentado por  identificaciones narcisistas que  incluyen a los progenitores de la primera infancia, y sus deseos, pero  también  a otras figuras,  “modelos”,  que la sociedad entrega a través de sus distintos medios, entre ellos, las figuras “modelos en miniatura” que representan los juguetes.

En términos de nuestras  Barbie, es importante preguntarse ¿qué modelo femenino está implícito en estas figuras?

El más evidente es el que dice relación con la belleza y  la delgadez de la figura femenina, pero qué otros atributos tiene Barbie? Además de bella y muy  delgada, acostumbra a tener mucha ropa, y muchos accesorios, y está siempre a la moda. ¿Qué hacen las niñas con las Barbies? Las visten, le cambian ropa, las peinan, las vuelven a vestir, las vuelven a peinar, les colocan los accesorios y una vez más le cambian ropa. Es decir, toda la actividad lúdica se basa en tratar de que Barbie esté siempre linda y a la moda.

Es importante notar que a diferencia de lo que ocurre con las Barbies, cuando las niñas juegan con  muñecas que representan figuras infantiles o bebés, el juego tiende a repetir las rutinas de cuidado de una madre con su hijo y por lo tanto se estimulan  estas características en las niñas: el cuidado y protección de  un otro.  A través de las Barbies,  en cambio, se trasmite  un modelo identificatorio de mujer centrada en su _ distorsionada_ imagen externa, y cuya principal preocupación es  ser bella, atractiva y deseable para otros, pasiva en el deseo;  mujer sexy –  objeto de deseo – pasiva.

Por otra parte, las figuras de acción, con sus híper desarrollados músculos, tal como su nombre lo indica están destinadas a la acción, la que por norma  general es  violenta por lo que   muchas de estas figuras traen además algunas armas. Son seres algunos nobles y otros malvados, pero todos ellos además de ser poderosos, tienen en común el hecho de que resuelven las situaciones a través del enfrentamiento. Se trasmite entonces, una imagen de hombre activo, poderoso, dedicado a la conquista por medios violentos y en donde virilidad y poder se sobreponen.

De acuerdo a lo señalado anteriormente, esos modelos identificatorios, femenino y masculino, se incorporarían al psiquismo como del ideal de género, en el Ideal del Yo.

Autores como  P. Blos (1981) y L. Kaplan (1986), basan el carácter dinámico del Ideal del Yo, en el abandono progresivo de la ilusión y de las metas grandiosas y megalomaníacas de la fantasía. Sin embargo, en relación a los ideales de género  mencionados, la distinción realidad versus fantasía, y el abandono de las ilusiones, se ve dificultada en la medida en que estos “modelos ideales” no corresponden  a seres de la fantasía, sino  a modelos “distorsionados” de la realidad, avalados, promovidos y reforzados por todo un aparataje social.

Es en la etapa de la pubertad y adolescencia, época en la que somos especialmente vulnerables, en que el dinamismo del Ideal del Yo adquiere especial relevancia. En esta etapa y como consecuencia de los procesos de cambios involucrados, se reactiva el narcisismo y tal como plantea L. Kaplan en su texto “Adolescencia. El Adiós a la Infancia”, las tres corrientes del narcisismo retroceden hasta volver a sus fuentes originales,   se reinstala el autoerotismo que luego sufrirá la transformación hasta el amor genital hacia otra persona, resurge la omnipotencia narcisista y la omnipotencia corporal que luego tendrán que transformarse en posibilidades factibles y deseablemente en el amor a la especie y la autoestima tiende a regularse nuevamente a través de la identificación con seres idealizados.

Se espera que en la adolescencia, como consecuencia de las vicisitudes de complejo de Edipo negativo, (en tanto libido homosexual), se produzca una humanización del Superyó Infantil, lo que desde la perspectiva del Ideal del Yo, significa abandonar los modelos arcaicos de evaluación, con altos estándares de perfección que llevan a una frenética búsqueda de auto glorificación y auto engrandecimiento.

En este proceso, todas las tendencias hacia el ideal del yo acumuladas a lo largo del tiempo, desde el narcisismo primario hasta la omnipotencia simbiótica, y luego, desde las identificaciones narcisistas hasta la etapa de amor objetal homosexual, se integran en el ideal del yo  constituyendo una estructura permanente.

Es entonces en esta etapa de alta  vulnerabilidad y cambio, cuando  “el ideal de género” con sus  imágenes corporales ideales asociadas, puede generar  heridas narcisistas mas o menos significativas producto de la comparación con  un otro real o con las imágenes  ideales fantaseadas. La respuesta ante esta herida varía de individuo en individuo. En algunos lo que surge es la depresión, falta de interés y ausencia de proyecto. En otros, la búsqueda de perfección a toda costa, la anorexia que representa el triunfo omnipotente sobre el cuerpo, la intervención del cuerpo que abarca una amplia gama de conductas desde el consumo de sustancias entre ellas los esteroides, las  pastillas para adelgazar y otras, las automutilaciones con cortes en la piel,   hasta  las cirugías tan bien llamadas “plásticas”.

Ocurre entonces, que un cierto discurso social, trasmitido desde la infancia –a través de los juguetes_ y luego reforzado una y mil veces por el aparataje de la sociedad de consumo, se encarna en los sujetos, marcando no sólo la subjetividad sino también los cuerpos.

Sabemos que no todas las niñas que juegan con Barbies tienen trastornos alimenticios,  y  que no todos los niños que juegan con figuras de acción “esteroidales” enferman,  sin embargo, estos juguetes estimulan  la incorporación de modelos sociales “patológicos” reforzados  permanentemente por una  sociedad de consumo carente de ética al respecto, lo que en conjunto con factores individuales, contribuyen a la  fragilización y confusión de los adolescentes.

Para finalizar, quisiera decir que me identifico con un psicoanálisis que  se reconoce  implicado en la realidad social en la cual está inserta. A partir de 1999, se ha comenzado a introducir a nivel mundial el concepto de “Responsabilidad Social Empresarial , que enfatiza el desarrollo sustentable y donde Social,  hace referencia a los aspectos que vinculan el quehacer de la organización con el contexto social en el que actúa, de modo que le permita contribuir a la calidad de vida y el bienesta
r de la sociedad. La idea es que una empresa privada no tenga como única meta el posicionarse en el mercado y generar ganancias, sino también que tenga una ética que responda al bienestar de quienes trabajan en ella y de la comunidad en que está inserta. (BCN, 2005).

Pienso que como psicoanalistas,  conscientes de la   gran importancia que tienen los primeros años de vida de un niño en la formación de su personalidad, debiéramos ser activos en crear conciencia sobre el efecto que tienen la estimulación, los juguetes, la televisión, etc. sobre el desarrollo de los niños, de modo que a futuro, la industria no solo se preocupe de estimar el impacto que una determinada industria tiene sobre el medio ambiente, sino también el  posible impacto en el desarrollo subjetivo de los niños.

BIBLIOGRAFIA

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definido por la  fundación PROHumana como la  «contribución al desarrollo humano sostenible, a través del compromiso y confianza con sus empleados y familias, la sociedad en general y la comunidad local en pos de mejorar su capital social y calidad de vida».

Sociedad Chilena de Psicoanálisis – ICHPA

17 de Octubre 2008.