Microensayos: memoria y olvido

Revista del CPM número 29

Por Esteban Ferrández

Memoria y olvido

Esteban Ferrández

 

Dice Adam Phillips que las personas se someten a tratamiento porque recuerdan de un modo que les impide olvidar. Freud se dio cuenta de que hay personas que sufren porque no pueden recordar determinadas cosas de su vida, mientras que hay otras que, al contrario, no pueden olvidar, y sufren por ello en forma de síntomas, el síntoma es un olvido paradójico. La forma en que Freud explica que olvidamos de modo neurótico, se parece mucho a la operación del novato que en un barco escupe en contra del viento… Termina mojado y avergonzado. El psicoanálisis cura en tanto que convierte el olvido en posible. Phillips curiosamente se pregunta si es posible escupir el deseo.


Consecuentemente el arte del psicoanalista consiste en ser capaz de olvidar, de no retener nada deliberadamente, esto que se ha dado en llamar atención flotante. Y no tiene nada que ver con la famosa neutralidad analítica, pues concierne a la capacidad de olvidarse temporalmente de uno mismo para centrarse en escuchar, una escucha no especular como ocurre en la vida diaria, donde buscamos a menudo los paralelismos, las coincidencias, o las diferencias con el otro.


Este olvido es una forma de olvido pero también de memoria, porque se pretende abandonarse a la actividad mental inconsciente para así poder captar el inconsciente del otro.


Para algunos, como Nasio, es el mismo inconsciente porque en la sesión analítica solo hay un inconsciente transindividual, con dos personajes que contribuyen a crearlo. No es asunto fácil esta captación del inconsciente, debatido como tantos conceptos del psicoanálisis. Para muchos analistas la captación del inconsciente es imposible, hace falta siempre un rodeo por el consciente.


Idealmente uno se libera de los recuerdos, del pasado que se repite a través del análisis. Peroya sabemos que no es nada fácil porque hay que enfrentar una tendencia constante del sujeto a repetir, repetimos para olvidar, pero también repetimos como una manera de recordar. La tendencia a la repetición, la verdadera pulsión para Freud, solo puede resolverse mediante el asesinato del recuerdo, del pasado. Tenemos que deshacernos del pasado. Y ello implica siempre una muerte, aunque otros lo llaman pérdida. En este país sigue siendo una asignatura pendiente el pasado.


La muerte es la forma más compleja del olvido, la verdadera muerte es el olvido, como tantos hombres han intuido cuando intentaban de mil y una formas, prolongarse en la memoria, mantenerse vivos en la memoria de los otros.


Amen.