Filosofía y Psicoterapia

Revista del CPM número 9

Por Ángel Sánchez Bahillo, Mario Rendón

Introducción

¿Por qué insistimos en el “conócete a ti mismo”, enlace entre la filosofía y el psicoanálisis? Descartes respondería diciendo que el autoconocimiento constituye la única garantía de certeza. Hegel responde de otro modo: como conciencia sólo soy en la medida en que me conozco; como deseo o voluntad soy en la medida en que me poseo y autogobierno. Así, Hegel cambia el mandato del Oráculo por “aprópiate de ti mismo”. El psicoanálisis impulsa el proyecto Hegeliano de comprender la serie continua necesidad-deseo-voluntad. Es radicalmente práctico, no contemplativo. Paradigmático en la investigación del deseo es Freud, así como Marx lo es en la indagación de la voluntad.

Según Hegel, la filosofía no consiste en individuos o escuelas efímeras que surgen y perecen. Los filósofos a través de la historia son participes de un proceso de cooperación sistemática hacia el desarrollo del conocimiento. A través del diálogo todos ellos participan en un proceso ordenado con una clara dirección histórica y una lógica interna definida.

Con el advenimiento de las llamadas ciencias del hombre, la filosofía pasa a ocupar un papel secundario. Sin embargo, necesitamos recordar que antes de la aparición de la psicología, la ética, la antropología, la sociología, la economía y la historia, la filosofía afrontó las cuestiones con las que aún se enfrentan estas jóvenes ciencias. Por esa razón, como psicoanalistas y como hombres deseosos de saber, creemos interesante volver la vista atrás y revisar cómo nuestros predecesores los filósofos resolvieron algunos de los problemas con los que todavía hoy luchamos en nuestra búsqueda de la autorrealización (proyecto personal desde el conocimiento a la voluntad).

Ahora disponemos de más conocimientos que nunca sobre la mente humana y sus ocurrencias. Sin embargo, ¿hasta qué punto, en la era de la neurociencia, hemos descubierto realmente nuevas respuestas? Es posible que aún estemos usando las mismas viejas ideas bajo una nueva apariencia.

Pretendemos invocar algunos conceptos de los antiguos sistemas filosóficos y estimar su resonancia en los enfoques actuales sobre la psique. Aunque estamos lejos de pretender encontrar respuestas definitivas a enigmas ancestrales, e incluso de hacer una revisión exhaustiva de las ideas clásicas y sus expresiones actuales, esperamos abrir un camino de reconexión con el pasado, en esta época de escisión entre las disciplinas del conocimiento, para que, aunque estemos condenados a redescubrir el Mediterráneo una y otra vez de manera cíclica, podamos aprovechar las lecciones de descubrimientos anteriores y convertir este ciclo en una espiral de progreso.

Filosofía Antigua

Comenzando con la Grecia Antigua, podemos distinguir dos corrientes iniciales de pensamiento: presocráticos y sofistas.

La Filosofía Presocrática (1) es fundamentalmente monista (una última substancia, una realidad unitaria). Es una filosofía de la naturaliza que busca un común denominador o Ser (2) (la cualidad de tener existencia) como elemento oculto tras la apariencia plural. Estos filósofos se interrogaban por la esencia de las cosas y la dinámica de la naturaleza.

Aunque en Psicoanálisis rara vez hablemos del Ser como tal (excepto en la escuela existencialista de Binswanger (3)), el concepto está en la misma base de nuestro campo, pues concierne a nuestra naturaleza como seres humanos. Podríamos decir que es una premisa de todo el psicoanálisis que nuestra existencia (ex-sistare: salir hacia fuera, Dassein: estar ahí) precede a nuestra esencia (o su falta) y determina nuestros caracteres únicos y polimorfos. Además, aunque el dualismo aún prevalece como herencia de Descartes, hay una tendencia creciente a considerar mente y cuerpo como unidad, a la manera de los presocráticos.

De cierta manera, la escisión mente-cuerpo, cultura-naturaleza, comienza con los sofistas (sabios equivocados) que se interesan específicamente por la mente humana y sus avatares en el problema de la verdad (realidad trascendental). Los sofistas, como muchas corrientes actuales de pensamiento tales como el psicoanálisis lacaniano, el constructivismo, perspectivismo, etc, consideran que no hay una verdad única, sólo opinión humana (doxa) (4). Esta es la base de una de las controversias actuales más importantes entre los filósofos de la ciencia y los psicoanalistas. Mientras los primeros se agarran al fetichismo objetivista de las ciencias naturales que insiste en solicitar pruebas empíricas a una aún por nacer ciencia psicoanalítica, esta verdad monolítica parece inalcanzable en una empresa intersubjetiva donde sujeto y objeto se confunden haciendo toda verdad paradójica o al menos ambigua.

Platón y Aristóteles consideran que el sofismo esencialmente sirve al narcisismo de los sofistas. Los acusan de tener perspectivas reducidas y estar únicamente interesados en ganar las discusiones, sacrificando la parte noble de la búsqueda de la verdad.

¿Aciertan Platón y Aristóteles en adjudicarse la verdad de esta manera? Parafraseando a Lacan, ni siquiera los grandes filósofos están libres de una lectura sintomática. En otras palabras, la búsqueda de la verdad, narcisística en el fondo, es simultáneamente una búsqueda (deseo) de un objeto primordial perdido (completad, unidad). Transformada en una lucha por el estatus social, la “lucha por la verdad” refleja la falta, la incompletud que energiza nuestra voluntad.

Sócrates (5) aborda a los sofistas con un compromiso. Afirma que la verdad existe en el interior del hombre y que puede darse a luz mediante su método Socrático (enseñar mediante preguntas). El aprendiz, guiado por el interrogatorio del filósofo, madura hasta “parir” su verdad interior. Este es el proceso de educación (ex: hacia fuera, duco: conducir). Esta ubicación interna de la verdad será recogida por Descartes y por todos los sistemas modernos de psicoterapia, en particular por el psicoanálisis, con su investigación silente. Nuestra deuda metodológica con Sócrates, especialmente con su método, es inconmensurable.

Platón, discípulo de Sócrates, desplaza la idea –que para horror de los modernos filósofos de la ciencia califica como la verdad objetiva- del interior del sujeto y la reubica en un mundo trascendental que se entroniza como lo Real (6). Aunque aquí el término real significa lo mismo que el Noumenon (la cosa en sí) de Kant, es decir, la verdad transcendental e incognoscible, que no es contingente, difiere del “orden de lo real” de Lacan, (lo no simbolizado). Después de todo, los significados se deslizan bajo sus referentes como marca del tiempo. Da qué pensar cuando hoy hablamos del “real o verdadero self”.

La idea platónica seproyecta en la materia transformándola en la realidad perceptible y manifiesta. ¿Constructivismo invertido? ¿Estructuralismo invertido? El idealismo platónico –pasión por la idea cuyos excesos durarán por siglos- es el núcleo del magnífico sistema Platónico. La principal contribución de Platón a nuestro pensamiento psicodinámico es esta separación de niveles entre lo fenomenológico y lo oculto (la dicotomía freudiana entre lo manifiesto y lo latente). Detrás de toda apariencia sensitiva, perceptual o conceptual, hay una estructura, una verdad. Esta es la premisa de cualquier interpretación.

Platón ta
mbién promueve la dicotomía (frecuentemente llamada cartesiana) cuerpo-alma. En esta relación binaria, relega el cuerpo a un lugar secundario, devaluado, que a través de San Agustín (7) influirá en el cristianismo. Con la excepción de Wilhelm Reich y algunas formas de terapia gestalt y bioenergética, esta escisión aún sesga la mayoría de las terapias verbales en la actualidad.

Para Platón (como para Jung), aún antes del nacimiento el alma conoce las ideas. Posteriormente, en la vida, el alma podrá usar este conocimiento a priori para reconocer las ideas a través de sus proyecciones en la materia. Este proceso llamado anamnesis conduce al hombre al conocimiento de la realidad y le acerca a la perfección de la idea. Más allá de esta dialéctica conceptual, la erótica platónica conduce al ideal de belleza, lo que inspirará a los románticos y a Hegel y se plasmará en el Eros freudiano. La idea de un desarrollo a través de un camino preestablecido presente en Anna Freud, Mahler y Kohut es también platónica.

Asombrosamente, la división del sujeto en tres instancias de la segunda tópica freudiana (yo-ello-superyo), parece ser literalmente plagiada del Banquete (8) de Platón donde presenta su mito del auriga (yo) que dirige y equilibra dos fuerzas opuestas: el noble caballo blanco que corre hacia arriba (superyo) y el vil caballo negro que se opone al anterior (Ello) corriendo hacia abajo.

Si grande es nuestra deuda con Sócrates, mayor aún es la que tenemos con Platón.
Aristóteles, discípulo de Platón, lucha por romper con el idealismo y se opone a su maestro (amicus Plato, sed magis amica veritas) desde una tímida posición materialista. Para Aristóteles la idea es sólo la forma en que se organiza la materia; dicho de otro modo, la cosa y la idea de ella son inseparables. A pesar de ello, el concepto de una idea última no puede ser esquivado en su sistema (9). Distingue entre sustancia y accidente, dando prioridad a la primera. Así se adhiere al esencialismo predominante hasta la llegada del existencialismo (y aún hoy) y obstaculiza el desarrollo de las ciencias humanas. A pesar de ello, su atención al accidente, su trabajo descriptivo y clasificatorio, sus consideraciones sobre ética y su alejamiento parcial de la tiranía de la idea platónica, abren el camino a desarrollos posteriores de la filosofía e incluso a la ciencia moderna.

Aristóteles sitúa la realidad en el individuo. Sólo existen cosas individuales, y sus almas (vegetal, animal o humana) son el principio organizador de sus vidas. Volveremos a este concepto de almas jerarquizadas en Kant y en Hegel (transformadas en sensación, percepción, conocimiento y consciencia).

Ningún sistema científico o artístico está exento de las categorías de la lógica aristotélica (principios de identidad, no contradicción y tercero excluido) (10), (11), que aún dominan, en sus versiones cartesiana y kantiana la mayor parte de la ciencia moderna. Todas las formas de psicoterapia y psicoanálisis están construidas sobre la lógica Aristotélica, aunque Freud introduce un nuevo tipo de lógica, la hegeliana, para la comprensión dialéctica del inconsciente, claramente conceptualizado más allá de la lógica formal.

Grande es nuestra deuda también para con Aristóteles y su lógica silogística deductiva.
Hasta aquí nos hemos ocupado principalmente de los conceptos dicotómicos de la materia y la idea, la realidad y la verdad. Epicuro (12) nos dirige a otro concepto central tras el rastro de la erótica platónica: el valor ético. Ya Aristóteles había propuesto la ética de la moderación. Epicuro propone una ética más materialista que enfatiza la búsqueda del placer. Epicuro propone la búsqueda de los placeres naturales sin forzar hasta llegar al dolor. Propone la economía del placer, para, mediante la moderación, lograr el placer y evitar el dolor. Las repercusiones en Freud son claras: el principio del placer, la economía de la líbido, el placer como reducción de la tensión, la terapia como liberación del yugo del superyo, y la oposición neurosis-perversión. Sin embargo, fue Karen Horney quien, como Hegel, vio el placer como una defensa que puede hacerse compulsiva y caracterológica.

Ignorando los consejos de Epicuro, el hombre del Imperio Romano, siguiendo a la escuela de Aristipo (13) en la búsqueda del placer y la pasión, rompió todas las barreras y llegó a ocasionarse grandes sufrimientos. Entonces apareció el estoicismo como contrapunto al hedonismo proponiendo una especie de defensa anestésica. Anticipando una ética protestante, propone la evitación de todas las pasiones, placenteras o displacenteras.

Filosofía moderna

Tras la Edad Media, durante la cual la Razón (explicación) estuvo dominada por una verdad religiosa preestablecida (paradigma platónico), Descartes (15) rescata la explicación y la fundamenta con un nuevo método (técnica de investigación) distinto de la reducción a la fe. Su propia fe reside en la creencia de que la Razón por sí misma es capaz de aprehender la Realidad. Esto abre la puerta al método científico, tan útil para las ciencias de la naturaleza (física, química, biología). Por supuesto, excluye gran parte de lo intrínsecamente humano, como los sentimientos, la pasión, y todo lo que no sea “verdad clara y distinta”. Así, las ciencias humanas, esencialmente ambiguas, no pueden aún emerger.

Como podemos ver, la petición de “hechos” del empirismo, tan evidente hoy en el mercantilizado movimiento de “Medicina conductual”, se apoya en el método cartesiano. De hecho, el método principal de investigación en Psicología y gran parte de las ciencias humanas, incluida la Filosofía de la Ciencia, no ha logrado aún sacudirse el yugo del cartesianismo.

En el terreno de los valores, Hobbes (16) postula su famoso Homo homini lupus: (el hombre es un lobo para el hombre), reflejando el capitalismo naciente que devalúa la concepción de la naturaleza humana y prepara el campo filosófico para la competición y la supremacía de valores consumistas. Hobbes se revuelve contra la inocencia de la razón cartesiana omnipotente diciendo que el deseo humano, la lucha por el poder, el dominio y la destrucción, no son accidentes, sino características esenciales en la naturaleza del hombre. ¿Lectura sintomática según Lacan? ¿Inversión de valores según Nietzsche? ¿Poder según Foucault? El Ello freudiano (y la pulsión de muerte) sigue los principios de Hobbes, en oposición al culturalismo de Karen Horney que ve la agresión humana como una tendencia neurótica culturalmente determinada.

Berkeley (17) con su principio “Esse est percipi” (el ser es lo percibido) también se opone al paradigma de la razón omnipotente capaz de aprehender la esencia y llegar a un mundo supuestamente trascendental. De aquí nacen dos corrientes de pensamiento: la primera es el empirismo, que fundamenta la reflexología y el conductismo. La segunda es la moderna obsesión por la imagen, senda emprendida por Feuerbach y posteriormente por Freud, Lacan, Barthes y Debord con sus repercusiones políticas. Incluso los abordajes no empiristas como la Gestalt y los antihistoricistas del “aquí y ahora” flirtean con él.

Rousseau se alinea con la razón cartesiana, recomendando la educación (18) como Descartes había recomendado el método, para alcanzar la pureza de la
razón. Se opone a Hobbes considerando que el hombre es bueno por naturaleza y es la sociedad la que lo pervierte (19). Desde aquí, cualquier empresa que busque la benevolente naturaleza humana y se oponga a la maligna influencia de la sociedad es considerada como positiva. El comportamiento será bueno en cuanto se libere de la influencia alienante de la cultura. La influencia de Rousseau se ve en el culturalismo de Horney y especialmente en Lacan. El pensamiento de Rousseau se opone a la pulsión de muerte.
Kant representa, como Platón, Aristóteles, Descartes y Hegel un hito en la Historia de la Filosofía. Va más allá de Berkeley al distinguir tres niveles diferentes en el abordaje de la realidad (20):

Percepción: donde el empirismo de Berkeley encuentra su lugar.

Conocimiento: sólo aplicable a los hechos, es el terreno de la razón pura de Descartes y del método científico de las ciencias naturales.

Pensamiento (21): pretende aprehender el nivel más profundo de la realidad (noumenon o cosa en sí, idea platónica, substancia aristotélica) mediante el uso de la razón práctica y la voluntad. Al excluir a la ciencia de este territorio exclusivamente filosófico, Kant abre la puerta a una pluralidad de métodos y así allana el camino para los progresos metodológicos de Hegel. Además, justifica abordajes no científicos en este último nivel, facilitando una vía a ciencias humanas que tal vez no hayan encontrado aún su método (p. ej. el psicoanálisis).

Kant describe estructuras a priori en estos tres niveles, de manera que nada puede aprehenderse por fuera de estas; la realidad misma es forzada para encajar en ellas (innatismo de la percepción). Esto es un anticipo del estructuralismo, incluyendo al psicoanálisis (pulsiones freudianas, fantasías kleinianas, arquetipos junguianos, esquemas piagetianos, estructuras lingüísticas de Chomsky, fonemas lacanianos…). Posteriormente, Piaget tímidamente y sobretodo Winnicott acercarán este innatismo al ambientalismo caminando en el proyecto de una síntesis.

Tal vez la contribución más importante de Kant sea el método crítico. Antes de Kant el referente de la verdad era externo, un residuo del platonismo y la religión. Kant abole esta tradición al ofrecer una herramienta que incluye al referente en la crítica y desplaza la investigación al mundo interno (apriorismos). Es mediante un abordaje crítico como se llega al criterio de verdad. Este descubrimiento es esencial en el desarrollo hegeliano del método dialéctico.

Hegel (22), utiliza el término dialéctica con una acepción distinta a la de Platón. Se refiere a la evolución continua del espíritu a través de etapas progresivas de conflicto entre elementos opuestos. Estos suelen ser denominados tesis y antítesis. Su oposición no los destruye sino que lleva a una síntesis que los trasciende y engloba. Esta síntesis se convierte en una nueva tesis con la que se reinicia el proceso ad infinitum. Aunque Hegel consideraba que este proceso culminaba con su obra (¿lectura sintomática según Lacan?), este nuevo modelo dialéctico se suele presentar como un proceso continuo en el que ninguna verdad u objetivo definitivo puede ser alcanzado, así el proceso de evolución hacia la verdad sería simbolizable como una curva asintótica que se acerca a su objetivo sin llegar a alcanzarlo nunca.

Aunque no haya un objetivo alcanzable, sí que hay un sentido en este proceso. Sartre recogerá este enfoque teleológico (orientado hacia una finalidad) y criticará a Freud por no incluirlo en su sistema. Sí que estará presente, y de manera fundamental, en el análisis existencial y en la psicología analítica de Jung.

Hegel se adscribe al idealismo al atribuir el origen último de toda realidad a la idea. Al principio era Dios, que se alienó a sí mismo en la materia y luego en la vida, para finalmente volver a sí mismo a través del hombre, el eslabón más alto en esa evolución. Así, en esta escala, la sensación es una propiedad de la vida, la percepción lo es de la vida animal y el conocimiento, la conciencia y la autoconciencia (identidad) son atribuciones humanas.

A pesar de su idealismo, Hegel cimentó el método de las ciencias humanas. En su dialéctica amo-esclavo, presenta una teoría pionera del desarrollo humano a través de la acción, y la teoría del proceso de alienación contiene la semilla de la mayoría de los mecanismos de defensa del psicoanálisis.

Con sus progresos respecto al método de Kant y con su visión de un proceso histórico que ordena todo el debate filosófico anterior (desarrollo sistémico), Hegel amplía el horizonte de la ciencia. Las corrientes inspiradas en la teoría de sistemas están en deuda con él. Hegel fue influido por el desprecio de los románticos hacia la razón pura y fría de Kant que excluía la pasión, la emoción, el lenguaje y la locura. La Fenomenología del Espíritu es una primera versión del psicoanálisis moderno.

Otra contribución importante de Hegel a las ciencias humanas, incluido el psicoanálisis, es su concepto de autoconciencia, precursor esencial del Self o la identidad humana. Amplía la jerarquía kantiana de la sensación hasta incluir la autoconciencia como un fenómeno transindividual bellamente expuesto en su dialéctica amo-esclavo.

Aunque Hegel no ha sido bien recibido en los Estados Unidos, todas las corrientes filosóficas europeas contemporáneas y postmodernas como el existencialismo, la teología dialéctica, la fenomenología, el estructuralismo y el postmodernismo son esencialmente neo-hegelianos, por no mencionar el marxismo, creado por su discípulo.

La herencia de Hegel es tan rica, abierta hacia sus corrientes de derecha e izquierda que aún sigue siendo discutida y continúa constituyendo un reservorio importante de conceptos útiles al desarrollo de las ciencias humanas.

Freud es hegeliano, particularmente en la conceptualización del inconsciente como un locus en el que las hasta entonces incuestionables leyes de la lógica aristotélica no operan. La condensación coloca varios objetos en un mismo espacio y el desplazamiento hace simultáneos el ser y el no ser: las reglas de la lógica formal quedan rotas. El modelo estructural de la segunda tópica, es otro ejemplo de la aplicación del método dialéctico y relega al rey ego al papel de esclavo de dos amos, la naturaleza y la sociedad, tesis y antítesis que debe tratar de sintetizar sin jamás lograrlo.

Feuerbach, teólogo y discípulo de Hegel, ilustró el proceso psicológico de proyección al definir a Dios como la suma de todas las proyecciones idealizadas humanas que conducen al concepto de perfección. Dios no creó al hombre sino que fue el hombre quien creó a Dios como un ideal inalcanzable al que se busca mediante la identificación y al que se adora.

Otro discípulo de Hegel, Marx enfatiza el concepto de acción de su maestro; define al hombre como el producto de su trabajo (23) así como la suma de sus relaciones sociales mediadas por el trabajo y el intercambio. La reflexología y el conductismo temprano fueron frutos de esta tradición. Luria, y en especial su discípulo Vygotsky tomaron un enfoque más psicológico desde las mismas premisas. En psicoanálisis, las teorías relacionales parecen constituir una tercera generación. Aquí podemos incluir a los teóricos del Self, los intersubjetivistas y Lacan.

Otras corrientes como la psiquiatría social y hasta cierto punto la teoría de campos están también influidas por este abordaje relacional o contextual.

Lo que sigue es una interesante nota a pie de pági
na del primer capítulo de El Capital (24), de Marx:

“En cierta forma ocurre al hombre lo de la mercancía. Puesto que no llega al mundo con un espejo en sus manos, o como un filósofo fichtiano para quien “yo soy yo” es suficiente, el hombre inicialmente se ve y se reconoce en otros hombres. Pedro solo establece su identidad como hombre al compararse a Pablo como miembro de su misma especie. Por lo tanto Pablo, justo al presentarse en su personalidad Paulina, se convierte para Pedro en el prototipo del género “hombre”. (Traducido del Inglés por M.R)

Este párrafo profetiza la teoría del self, la intersubjetividad y el estadio del espejo de Lacan.

La lingüística es otro producto del sistema de Hegel. Desde una posición empirista, Wittgenstein trata de definir el terreno en el que el lenguaje es aplicable: el de los hechos (25). El significado es el resultado de convenciones sociales y el pensamiento es lingüístico. Se ocupa de la representación (polar a la percepción de Berkeley) y así presagia muchas corrientes post-Hegelianas europeas. La gran preocupación del filósofo austriaco era ¿Cómo es posible que un hombre pueda decir algo significativo mientras otro lo capta? Su respuesta: porque las representaciones reflejan la realidad. Aquí se anticipan los dominios de lo simbólico y lo imaginario de Lacan. Al añadir que algunas cosas no pueden ser representadas (“De lo que no se puede hablar, mejor es callarse”), también apunta el dominio de lo real, la cosa en sí de Kant y el tercer orden de Lacan, la realidad no simbolizada. Posteriormente, Wittgenstein reconsidera sus posicionamientos originales y pasa a ocuparse del significado funcional de los conceptos en el comportamiento y en sus aspectos históricos (26).

El estudio del lenguaje ha ocupado una posición central en muchas corrientes de pensamiento y muchos pensadores lo consideran el campo más avanzado de las ciencias humanas. Dentro del psicoanálisis, Lacan pretendió redefinir el inconsciente según parámetros lingüísticos.

Desde un enfoque materialista, Nietzsche protesta que la historia humana ha seguido la ética platónico-cristiana, incluso cuando en la práctica ha abandonado sus bases idealistas. Esta moral que ha perdido sus cimientos cae entonces sobre los hombros del hombre como una carga, y debe ser abolida (27). El paralelismo con el superyo freudiano es más que obvio.

Postula que el conocimiento es lo que los fuertes imponen a los débiles. Como Lacan, Nietzsche cree que debemos hacernos conscientes de la ficción del “sujeto consciente” pues las verdades son sólo errores irrefutables. Nietzsche propone un retorno a Epicuro, al disfrute de la vida y al dios griego Dionisio. También se opone a Hegel volviendo al ser humano individual. Sienta las bases para la Filosofía Moderna y el Postmodernismo junto a Marx, Husserl, Heidegger y Freud.

Con su método fenomenológico (contenidos de la conciencia), Husserl (28) renuncia a buscar la esencia de las cosas en sí y se reorienta a los accidentes aristotélicos/fenómenos de Kant. A la manera de Berkeley, debemos observar las cosas tal como se nos presentan. Para ello aconseja la tarea aparentemente imposible de dejar la teoría entre paréntesis para acercarse a los objetos sin sesgos. También el psicoanálisis ha tratado de dejar al margen gran cantidad de elementos, como la contratransferencia hasta Paula Heinman y las consideraciones morales incluso hoy. Además de la conciencia, la intencionalidad (el aspecto de los estados o sucesos mentales que los orienta hacia objetos específicos) condiciona la vida psíquica. Aquí parece haber un cambio desde el proceso al contenido o selectividad (H. S. Sullivan hablará de inatención selectiva) que nos acerca al humano concreto con el que tratamos en la práctica diaria. Wundt nos informaba ya de la legitimidad de la introspección, rechazada por el pragmatismo (verdad práctica) y el positivismo (conocimiento desde la experiencia perceptiva). El espectro oculto del solipsismo (todo lo que puedes conocer eres tú mismo) se resuelve con el método de Freud, esencialmente una introspección compartida.

Heidegger (29), discípulo de Husserl, radicaliza la cuestión ontológica. La eseidad humana es nuestra capacidad de ser en el mundo, que está determinada por las elecciones que hacemos (autenticidad). La mayoría de la gente está determinada por “ellos”, por los roles que les asignan otros (fundamentalmente a través del lenguaje). Como podemos ver, esto tiene una gran repercusión en el esquema edípico de Freud, en el concepto de Otro de Lacan y en todo el trabajo psicoanalítico para reapropiarse el self propio. Pero nunca es posible ser simplemente “uno mismo”, la posibilidad es sólo una quimera en la mente del individuo. Los humanos necesitan comprometerse con su cultura y tradiciones particulares para escapar de la soledad solipsista. Esto le condujo a respaldar el fascismo.

Sartre continúa el camino de Husserl y Heidegger para adoptar finalmente una posición marxista. Dice que somos lo que hacemos de lo que otros hicieron de nosotros (30). No hay una naturaleza humana definitiva como no hay Dios, y somos el producto de nuestras constantes elecciones (31); el self es un proyecto. La mala fe es el inconsciente de Sartre. La filosofía de Sartre se vio influida por la ocupación que sufrió durante la Segunda Guerra Mundial. Cree que el marxismo es la única filosofía viable en los tiempos modernos, atemperado por el existencialismo para hacerlo más humano. El análisis que Sartre hace de Jean Genet, de quien dice que se autoanalizó mediante sus escritos es un bello ejemplo de análisis existencial. Albert Camus (32) (y Dostoievsky antes de él) retrató el absurdo sin Dios del mundo moderno en su trabajo desafortunadamente truncado.

Conclusiones

La Filosofía misma ha sido puesta en tela de juicio repetidamente en los tiempos modernos. Entre los que han atacado el proyecto filosófico en el nombre de la ciencia se encuentran Sartre, Wittgenstein, Frege (33) y los positivistas lógicos del Círculo de Viena. Los filósofos han contemplado el mundo y, como una sombra (como diría Althusser), cambiado con él. Los hombres de ciencia, por el contrario, no observan simplemente el mundo sino que lo cambian activamente. El pensamiento científico posee poder predictivo, uno de los objetivos más importantes de la télica mente humana. De todos modos, incluso dentro de la ciencia, la verdad parece ser provisional, todos los paradigmas cambian mediante la acumulación de enigmas y la llegada de mentes jóvenes (Kuhn).
Hemos visto cómo los problemas psicológicos actuales han sido abordados por los filósofos a lo largo de la historia, quienes nos aportan un diálogo sobre conceptos seminales como el ser, realidad, verdad, valor, voluntad, conciencia y self. Aún hoy nos enfrentamos con estos temas, incluso si nuestro lenguaje es diferente y los conceptos parecen más avanzados. Levi Strauss (34) y Piaget (35) dirían probablemente que las estructuras básicas del pensamiento y la lógica son las mismas independientemente del desarrollo histórico de la civilización. Creemos que las cuestiones también continúan siendo esencialmente las mismas mientras damos vueltas en círculo de una manera histórica y culturalmente determinada.

El “conócete a ti mismo” fue uno de los principios cardinal
es de la filosofía de Sócrates y su cronista Platón cuando los griegos estaban henchidos por su recién adquirida capacidad de pensamiento formal operacional. Fue entonces revolucionario emprender la tarea del autoconocimiento. Actualmente, el autoconocimiento no se considera un fin en sí mismo, sino un medio para la autorrealización. “Aprópiate de tu voluntad” indica el nuevo camino en el desarrollo humano. Hace posible superar la alienación humana basada en la supremacía del otro para llegar a pertenecerse a uno mismo. Creemos que el propósito del Psicoanálisis es este moderno proyecto de autopropiedad y autoconstrucción.

 


BIBLIOGRAFÍA

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