El síndrome de Kanner

Marie-Claude Thomas

Interpellée par l’augmentation du nombre croissant de diagnostics « autisme » portés sur les enfants soignés dans un hôpital de jour parisien, Marie-Claude Thomas a commencé une recherche sur l’entité psychopathologique « autisme » au début des années 2000. Comment la souffrance de l’enfance, souffrance des liens de parenté, s’est-elle trouvée formatée dans la classification « autisme » ? La lecture des articles de Leo Kanner, leur contextualisation et leur analyse, ont donné lieu à une première communication, « L’invention de l’autisme », à Murcie (Espagne) en février 2003 au colloque Del Malestar a la creatividad. Cette approche de l’autisme mettait en valeur les champs épistémiques dans lesquels et avec lesquels la nosographie pédopsychiatrique dont fait partie « l’autisme infantile précoce » ou « autisme de Kanner », a été constituée dès son début, aux USA.

Cette lecture critique de « l’autisme » s’est développée au cours de séminaires à Paris et en Amérique latine, lecture que permettent les analyses de Michel Foucault et l’enseignement de Lacan, notamment sa critique du comportementalisme. Les symptômes « autistiques » ont ainsi été considérés par M.-C. Thomas dans leur valeur langagière, thème d’un ouvrage, L’autisme et les langues paru en 2011; puis déconstruits en faisant la généalogie du mot « autisme » (Bleuler) et de l’entité psychiatrique « autisme infantile précoce » (Kanner). C’est cette construction du syndrome de Kanner qui est l’objet de l’article ici publié. Il constitue le chapitre 5 de Genealogia del autismo, Freud, Bleuler, Kanner paru en 2014 aux Ediciones Literales de la école lacanienne de psychanalyse (Cordoba, Argentine). Ce livre a été traduit par Nilda Graciela Prados de la version française, Genèses de l’autisme, Freud, Bleuler, Kanner, parue à Paris chez Epel, en 2014.

En los años 1935-1938, Leo Kanner, instalado en los Estados Unidos desde hacía ya más de diez años, primero en Yankton, en Dakota y después en Baltimore[1], tuvo dos gestos –legendarios- que no son de la misma naturaleza y no tendrán los mismos efectos, aunque a veces los historiadores del autismo los confundan.

Un gesto que hoy sería calificado de “humanitario” y forma parte de una manera más general de la actitud de Kanner: sostuvo a los inmigrantes judíos en el momento en que llegaban a los Estados Unidos y con Adolf Meyer, fue partidario de la causa de los republicanos españoles en 1936. Así también, en sus funciones de paido-psiquiatra del servicio de pediatría del hospital Johns Hopkins en Baltimore, sostuvo a los niños con retraso mental, examinados por él siguiendo el método utilizado por Meyer desde 1930, momento en el que había sido nombrado responsable del primer servicio de psiquiatría de niños, Harriet Lane Home. En efecto, Kanner identificó a los niños que podían beneficiarse con cuidados psiquiátricos y se dio cuenta de que muchos de ellos habían sido utilizados para tareas domésticas antes de ser despedidos y encontrarse en la calle por ese hecho; cuando Kanner reveló a la prensa esta realidad, su artículo encontró eco en los medios y se puso en marcha una iniciativa de reinserción de los niños con retraso mental.[2]

Ese gesto fue seguido de otro, que tendría mucho más que ver con un “golpe de suerte”, con la “serendipity” como lo escribirá él mismo más tarde: se trata del encuentro subjetivamente decisivo, su fascinación, según sus propias palabras, con algunos de los niños que recibía en su consulta psiquiátrica:

Muchos de esos niños eran conducidos hasta nosotros en un primer momento con la hipótesis según la cual sufrían de un retraso mental profundo (severely feeble-minded) o bien con la problemática de un daño auditivo (…) Pero un examen atento mostró muy rápido que las potencialidades cognitivas de los niños estaban sólo enmascaradas por el desorden afectivo fundamental (…). En todos los casos, se pudo establecer que la comprensión en sí no era defectuosa.[3]

Para Kanner fue muy importante su encuentro con Donald, en octubre de 1938. Sus padres habían hecho más de mil millas, para llegar hasta esa consulta. Este niño será el primero de los once presentados en el célebre artículo de 1943: “Autistic disturbances of affective contact” (Perturbaciones autísticas del contacto afectivo):

Desde 1938, llamó nuestra atención un cierto número de niños cuyo estado difiere de manera tan notoria y distinguible de todo cuanto ha sido descrito con anterioridad, que cada caso merece –y terminará mereciendo, así lo espero- una consideración detallada de sus particularidades fascinantes.[4]

Periódicamente Kanner retomará ese momento inaugural, por ejemplo, en su intervención en el banquete del 1er. Congreso de la Nsac (National Society for Autistic Children), en julio 1969:

Señoras y señores: no puedo decirles hasta qué punto me conmueve oír hablar de mí con tanto afecto y respeto. Hay muchas cosas, desde ya, que la gentileza de ustedes exagera un poco. Nunca descubrí el autismo. Ya estaba ahí desde antes. Por otra parte, no hice nada extraordinario para descubrirlo. Es un ejemplo de “serendipity”. ¿Saben qué es la “serendipity? Un príncipe llamado Serendip salió de su casa y descubrió un gran tesoro sin haberlo buscado. De eso se trata: yo no buscaba nada en absoluto. Vi una cierta cantidad de niños que me impresionaron por su estado, quienes reunían características particulares que describí en un artículo de 1943 (…).

Esas afirmaciones, “Nunca descubrí el autismo”, “No hice nada para descubrirlo” –un año antes Kanner escribía: “En realidad, se trataba en parte de un hallazgo, de un «descubrimiento» no premeditado, que no era el resultado de una investigación precisa”[5]-, marcan en ese momento el malestar que suscitaba en Kanner este “autismo” del que más tarde se quejará en su discurso. Convertido en un término comodín, “autismo” es, en ese momento, un diagnóstico extendido a una gran variedad de perturbaciones y empleado de manera errónea, especialmente por Bettelheim, a quien Kanner sólo hará referencia mencionando su “libro vacío” en el que cuestiona a los padres. “Es por esa razón que me importa absolverlos a ustedes, los padres”, dirá inmediatamente, procurando señalar que desde su primera hasta su última publicación, habló “sin ninguna ambigüedad de ese estado como de un estado innato”.

En un artículo ulterior, “El nacimiento del autismo infantil precoz”, en 1973, afirma una vez más:

Entonces, por esta pizca de serendipity[6] (“un don que en el punto de partida no era buscado”), mi nombre vino a quedar asociado a una enfermedad que no había sido descrita hasta es
e momento. En octubre de 1938, un niño de 5 años fue conducido a mi clínica desde Forest, Mississippi. Quedé impresionado por el carácter único de los rasgos que Donald mostraba (…)[7]

Ese calificativo de “serendipity”, aplicado tardíamente por Kanner al edificio “Autismo” merece dos consideraciones.

La primera se refiere a su conocimiento muy aproximado del relato acerca de Les aventures des trois princes de Serendip. Una traducción en alemán del cuento de los Tres príncipes, en circulación desde 1583, fue publicada en 1932. ¿La había leído Kanner? ¿O bien había leído a Thomas Henri Huxley, amigo y discípulo de Darwin, cuyas tesis acerca de la adaptación habían sido admitidas por Adolf Meyer? ¿Sabía que Huxley acordaba importancia al “método de Zadig”, esto es, la serendipity, para el descubrimiento científico cuando es imposible recurrir al método experimental? Se trataría entonces de una manera de integrar el “hallazgo” del autismo en una de las metodologías por entonces reconocidas en el mundo científico, la de la abducción, término propuesto por Charles Sanders Peirce, utilizado después en sociología de las ciencias. Método en boga en ese momento, como lo demuestra el título de este artículo de 1971, publicado en el American Journal of Psychiatry, “Gilles de la Tourette and his Syndrome by Serendipity”[8]. Autismo, feliz encuentro con el que Kanner contaba para adquirir notoriedad, “un pequeño lugar en el edificio psiquiátrico”, como escribía en ese mismo artículo de 1973.[9]

La segunda cuestión a señalar se refiere al lugar que se le puede atribuir a Donald, a quien su madre llama Don en las cartas que le envía a Kanner. ¿Qué función vendría a cumplir este niño en el hallazgo? ¿Forma parte de los indicios que ponen sobre la pista de las características del autismo? ¿Ocupa el lugar del viajero que llega oportunamente y permite ponerse a salvo? Como quiera que sea, Kanner encuentra un “tesoro”.


¿Descripción o construcción?


Acordándole así el nombre de “autismo” a una manera de ser en el mundo, ¿qué hizo Kanner, qué construyó? ¿Fue una construcción o una descripción? En oposición a lo que puede decirse de la tesis desarrollada aquí, resulta evidente que en la mayoría de las publicaciones actuales se trata de una descripción, como lo sostenían Kanner y sus alumnos: “En el banquete, el doctor Kanner que, en 1943, fue el primero en describir y dar un nombre al autismo (…).”[10]

Para numerosos autores franceses, el autismo se sitúa en el registro de la descripción:

· “En 1911, Bleuler describe el autismo en la esquizofrenia (…) Será preciso esperar hasta 1943 para que Kanner describa once niños”.[11]

· Nos parece más esencial volver en primer término a la descripción de Kanner y a su descubrimiento. A continuación de un resumen en total acuerdo, sin ninguna duda, con las tesis de Kanner, llega a la conclusión: “Si en 1943 Kanner hizo el descubrimiento del autismo y lo describió en su forma más completa –primario, precoz, neonatal-, a partir de 1944 Hans Asperger (…)”[12]

· “La descripción inaugural por Leo Kanner en 1942 (sic) en los EE.UU. describe una “perturbación afectiva de la comunicación”.[13]

· “En los años que siguieron a su identificación en 1943 por el paido-psiquiatra americano Leo Kanner en tanto entidad clínica específica, el autismo fue en un primer momento situado por los clínicos, con el mismo Leo Kanner a la cabeza, como una posición de retirada”.[14]

· Leo Kanner había descrito en su artículo de 1943, la “perturbación autística (innata) del contacto afectivo”.[15]

· Es en 1943 que L. Kanner describe por primera vez aquello designado por él en términos de “perturbaciones autísticas del contacto afectivo”; descripción princeps del síndrome al que dará en 1944 el nombre de “autismo infantil precoz”.[16]

Kanner, entonces, habría “descrito”. ¿Qué es una descripción? ¿Cualquier descripción no es acaso al mismo tiempo la construcción de aquello que pretende describir? La cuestión es saber con qué, a partir de qué conceptos un objeto, este objeto “autismo”, es descrito y por consiguiente, construido.

Si en 2004, por mi parte, ya había optado por una construcción de la entidad “autismo” dentro de una episteme ordenada siguiendo los criterios del conductismo, el pragmatismo, la lingüística estructural americana y la paido-psiquiatría recién iniciada por entonces[17], fue en el transcurso de los intercambios con Laurent Gillette que se fueron precisando ciertos conceptos, ciertas herramientas y “dispositivos experimentales”,
con los cuales Kanner fabricó el cuadro clínico desde su artículo de 1943. Sólo nos detendremos en dos puntos abordados en esos intercambios, que entendemos son suficientemente concluyentes en esta ocasión: 1) La construcción de una imagen objetiva del autismo. 2) La construcción del autismo como innato.


Un Kanner “pan-psicoanalista”

y cambio de paradigma


Antes de 1943, Kanner ya había escrito numerosos artículos o libros, algunos de los cuales, fechados entre 1923 y 1928, están impregnados de la psicología y del simbolismo que se dan en llamar “freudianos”: en 1925, “A Psychiatric Study of Ibsen’s Peer Gynt”, estudio psiquiátrico en una acepción ultranormativa –Peer Gynt es allí, según Kanner, un “mentiroso patológico”, un “soñador despierto”, “delirante”, “alucinado”, “extremadamente ególatra”, “abatido”, “autosatisfecho”, “emocionalmente indiferente”, en suma, un “loco”, “inmoral”; entre 1926 y 1928, veinte artículos reunidos en Folklore of Teeth, a partir de un material almacenado durante el ejercicio de sus funciones de tutor de estudiantes de odontología en Berlín, así como un artículo, “The Tooth as a Folkloristic Symbol”,[18] enriquecido con un código de símbolos, comenzando por citas de psicoanalistas (Freud, Jones) acerca de la equivalencia de la extracción o de la pérdida de dientes y la castración. Son sin duda esos trabajos los que contarán para que Kanner sea considerado un psicoanalista, en tanto su desconfianza respecto del psicoanálisis será cada vez más manifiesta.

En efecto, siguen a esos trabajos dos años de interrupción en las publicaciones; corresponden al lapso transcurrido entre su llegada a Baltimore y el momento en que asume su función como paido-psiquiatra en 1930 y marcan un cambio: Kanner pasa de una posición interpretante, artista y “subjetiva” –incluso si la interpretación es formulada mediante código- a una posición que se postula como objetiva y científica, en una configuración donde se reagrupan a minima las tres clases de “virtudes epistémicas”[19] que garantizan la objetividad: la verdad acorde con la naturaleza, en este caso será la descripción; la objetividad mecánica, aquí, la imagen compuesta y finalmente el juicio formulado: Kanner, experto en psiquiatría, adelanta el argumento de su nosografía.

Bajo la influencia de Adolf Meyer, Kanner abandona entonces el freudismo, del que se “desintoxica”, según él mismo lo escribirá, para adoptar las concepciones meyerianas, mucho más eclécticas en cuanto al punto fundamental del psicoanálisis: el de la hipótesis de la libido y del inconsciente. Kanner, quien se declaraba enemigo de los dogmatismos, estaba más a gusto con un ideal científico como el representado por la posición de Meyer, un ideal de objetividad que pretendía excluir toda interpretación.

Para Meyer, crítico de las concepciones de Kræpelin, cada paciente es una totalidad, una individualidad que reacciona a un contexto y cuya “enfermedad” puede evolucionar: “La psiquiatría se convierte en el estudio del comportamiento de cada persona en su entorno total, social y psíquico”, en un abordaje “psicobiológico” cercano a la corriente pragmática de William James y de la escuela de Chicago (John Dewey). Si la historia de cada paciente es primordial para Meyer y si fue sensible a la teoría freudiana, no identificó nunca sin embargo sus concepciones con las del psicoanálisis. Su método está resumido en la Life Chart.[20]

En 1935, Kanner había hecho publicar Child Psychiatry[21], una compilación de 527 páginas –llegará a las 720 páginas cuando en 1972 alcance su cuarta edición. Reúne allí conocimientos acerca de los comportamientos y
enfermedades de los niños siguiendo la línea de los conceptos de Adolf Meyer. Es así, provisto de esta suerte de enciclopedia, de la concepción meyeriana y de su repugnancia respecto del psicoanálisis, que Kanner llevará adelante las observaciones de niños, entre ellas la serie de los once que adquirió celebridad … observaciones por cierto desprovistas de “inocencia”, pero enmarcadas en dispositivos experimentales.


Los dispositivos experimentales

Las experiencias de la imagen del cuerpo


En la década de 1930, Kanner ya había participado en experimentos sobre su propia persona o la de otros, organizados por Paul Schilder, quien buscaba definir a partir de ellos el fundamento fisiológico de la imagen del cuerpo, las representaciones de los movimientos, las imágenes de los miembros fantasmas. En su obra, The Image and Appearance of the Human Body (1935, 1950), traducida en francés bajo el título de “L’Image du corps[22], Schilder escribía:

Las experiencias que llevé adelante con Kanner mostraron que la mayoría de los individuos tiene enormes dificultades para imaginarse en movimiento. Aquí les presento algunas de nuestras notas. La primera consigna era “Imagínense a punto de cerrar el puño”. (…) Las notas que tomamos con Kanner y mencionamos un poco antes, muestran la gran variedad de las imaginaciones individuales (…). Publiqué con Kanner una serie de notas tomadas a partir de experiencias que muestran que las imaginaciones referidas a posturas no naturales traen consigo distorsiones profundas de las representaciones ópticas del cuerpo.

En Child psychiatry, Kanner se reportará a Schilder, tanto por sus trabajos berlineses como por los realizados en los Estados Unidos.

Esta referencia, que muestra la familiaridad de Kanner con la experimentación, permite introducirse en el estudio que él hizo de otra manera de abordar la imagen. Ya no es el de los diferentes niveles de la imagen del cuerpo fisiológico, libidinal y social, distinguidos por Schilder, ni tampoco el de un tratamiento de la imagen al que su multiplicación fotográfica daría valor de objetividad científica, pruebas acumuladas, a la manera en que Gesell se sirvió con abundancia de ellas, produciendo en la búsqueda de ese fin miles de fotografías y más tarde videos de niños para establecer una “norma” de desarrollo.

Kanner presenta este otro tratamiento de la imagen en su artículo de 1943, “Troubles autistiques du contact affectif” (Perturbaciones autísticas del contacto afectivo). Ese tratamiento, por sobreimpresión con otras imágenes cercanas, despeja un rasgo común en una suerte de prueba condensada y en una fábrica del rasgo “autismo”. La descripción clínica de los once niños permitirá un retrato-robot del autismo.

Un dispositivo implícito:

La fábrica científica del cuadro clínico

del autismo a partir de la “imagen compuesta”

“La imagen de la objetividad”, según la expresión de Lorraine Daston, implica una tecnología –una de cuyas modalidades actuales es el Irm, una fábrica de objetividad de la que se sirvió Sophie Robert en el anexo de su film Le mur (El muro), con fines ideológicos y polémicos. Pero hacia fines del s. XIX, la fotografía constituye uno de los instrumentos principales de este ideal de objetividad científica, cuyo ejemplo más evocador es la imagen compuesta (composite) de Francis Galton. Puesta a punto en los años 1870-1880 por Galton, primo de Darwin, en colaboración con Herbert Spencer (rival del mismo Darwin), defensor del evolucionismo social, es decir, de la selección de los más aptos, esta imagen llega a ser célebre bajo el nombre de Composite portraits.[23] El procedimiento consiste en fusionar en una sola imagen, con una precisión mecánica, una multiplicidad de clichés individuales cercanos entre sí (miembros de una familia, criminales, etc.), apuntando a llegar a una imagen genérica que permita aislar una fisionomía típica: el retrato-tipo.

La operación de Herbert Spencer (New York, 1873) que Kanner leyó y cita en Child Psychiatry, The Principles of Psychology, se sitúa en este registro: a partir de la superposición de rasgos semejantes de los once niños, señalados por los padres o bien observados por el mismo Kanner y sus asistentes, va a crear el prototipo del “niño autista”, siguiendo los pasos que permiten la elaboración de una imagen objetiva, científica, ubicada en el otro polo de aquélla que aporta el estudio caso por caso y la singularidad. Kanner escribe inmediatamente después de la “discusión” suscitada por la serie de los once casos:

Pero hasta un breve vuelo por encima del material hace emerger un cierto número de características comunes esenciales. Esas características forman un “síndrome” único [síndrome, derivado de sundromê, “reunión”], no descrito hasta aquí y al parecer bastante inusual…

Kanner lo reescribirá el año siguiente en el artículo de 1944, “Early infantile autism”, cuyo título incluye el sustantivo “autismo”:

Entre esos diferentes pacientes hay grandes variaciones en cuanto a la intensidad de la perturbación, las manifestaciones de los déficits específicos y la evolución en el transcurso del tiempo. Sin embargo, pese a esta aparente divergencia, todos presentan características esenciales en común, a tal punto que no pueden dejar de ser considerados como fundamentalmente semejantes desde el punto de vista de la psicopatología.[24]

La objetividad a título de ideal normativo, aparece a mediados del s. XIX y se precipita después “como una avalancha” sobre los ámbitos científicos. La consigna es “dejar hablar la Naturaleza por sí misma” y la inclinación interpretativa del observador humano resulta a partir de ese momento diabolizada; Kanner asume por su cuenta esta restricción metodológica.

Más tarde, en el s. XX, la referencia pasará a ser la objetividad llamada estructural, donde se inspirará la lingüística. Para asegurar las representaciones científicas contra los derivados de la subjetividad, todo apunta entonces a focalizar la atención ya no en los objetos mismos, sino en la estructura de las relaciones entre objetos. Esta “fiebre estructuralista” (1880-1930) se difunde entre los lógicos (Frege, Peirce), los filósofos (Poincaré, Planck), los lingüistas (Bloomfield) o los filósofos de la ciencia (Carnap). A fines del s. XX, la cultura de la objetividad pierde su influencia en beneficio de un nuevo paradigma, trained judgement, el “juicio entrenado, experto”. Se trata de un peritaje basado en una competencia “tácita” que revaloriza las “idiosincrasias personales”: “lo no-procesal, lo intuitivo” son, por ejemplo, presentados como ventajas para leer radiografías de lesiones en el cráneo y revelar en ellas rasgos particulares, seleccionados a propósito por el experto. Kanner se ubica en esta posición mixta del ojo, la imagen objetiva y el juicio experto, en el que buscará entrenar a los padres.

Un dispositivo discreto: la calidad innata de aloneness,

fundada en una frase efímera de Gesell

Es un hecho que, a diferencia de Hans Asperger a quien se lo asocia con demasiada facilidad y que, por su parte, menciona a Kretschmer y en especial a Bleuler,[25] Kanner no cita a ningún autor en su artículo princeps, escrito en 1943: “Les troubles autistiques du contact affectif” (Las perturbaciones autísticas del contacto afectivo) … salvo uno. Contra toda expectativa, teniendo en cuenta el título del trabajo, la excepción no es Bleuler sino Arnold Gesell, único intruso en cierto modo, único punto de apoyo exterior en el mundo por completo cerrado de los protagonistas del artículo (niños, padres, Kanner). Gesell aparece en la “discusión” subsiguiente a la presentación hecha por Kanner de los once casos de niños.

Este último viene de anunciar entonces el rasgo principal de su aporte, ya evocado:

Pero hasta un breve vuelo por encima del material hace que la aparición de un cierto número de características comunes esenciales, parezca inevitable.

La aparición a la que alude el autor aquí, principal característica de esos puntos en común, es la perturbación “más sorprendente”, “fundamental”, “patognomónica”, a partir de la cual se declinarán los otros rasgos del síndrome; nos cuidaremos mucho de establecer la lista, ya que hacerlo fijaría una vez más el cuadro sin un examen crítico de cada uno de ellos.

¿Cuál es la perturbación fundamental? Es nombrada en primer término como “incapacidad de los niños para entrar en relación con los demás y con las situaciones (inability to relate themselves to people and situations), de manera habitual desde el comienzo de la vida”. Las formulaciones de los padres vienen a situarse entonces como testimonios de ese rasgo común que por esa vía queda confirmado. Rasgo que Kanner precisa, aportando la clave de esta incapacidad para las relaciones:

Existe, desde el comienzo, una “seulitude”[26] (aislamiento) autística extrema [There is from the start an extreme autistic aloneness, primera ocasión donde aparecen en el artículo los términos “aloneness” y “autistic”] que, toda vez que resulta posible, no tiene para nada en cuenta, ignora, excluye todo aquello que le llega al niño del mundo exterior.[27] Un contacto físico, un movimiento o un ruido directo, en tanto amenaza romper la seulitude (aloneness) o bien es tratado “como si no estuviese allí” o bien, si esto no basta, experimentado dolorosamente como una intrusión angustiante.

En su “Comment” conclusivo, Kanner escribirá:

Debemos entonces presumir, suponer (to assume) que estos niños vinieron al mundo con una incapacidad innata para establecer el contacto afectivo habitual, biológicamente previsto con las personas, exactamente como otros niños vienen al mundo con hándicaps físicos o intelectuales. Si esta hipótesis (assumption) es justa, un estudio ulterior de nuestros niños puede ayudar a proveer criterios concretos en lo que se refiere a las nociones todavía difusas a propósito de los componentes constitucionales de la reactividad emocional, puesto que según parece tenemos aquí ejemplos de pura-cultura de las perturbaciones autísticas innatas del contacto afectivo (inborn autistic disturbances of affective contact).

Es preciso hacer notar aquí que la imposición de la calidad innata, de su anclaje biológico en tanto remite a la bacteriología que aísla un germen en la caja de Pétri (pura-cultura), son anunciados bajo la forma de una hipótesis, una suposición: “Debemos suponer” y más adelante, “Si esta hipótesis es justa”. Habiendo formulado esta precaución, ¿dónde encuentra respaldo Kanner para avanzar una afirmación terminante? Se lo provee una cita extraída de uno de los primeros libros importantes de Gesell: Kanner se apoya en un protocolo experimental de observación de Gesell.

En efecto, inmediatamente después del enunciado acerca de la característica fundamental, esto es, una incapacidad relacional debida a la “seulitude” autística innata, Kanner hace entrar a Gesell en escena –con la misma tipografía que la de su propio texto, sin comillas, anunciado tan sólo con la breve fórmula “According to Gesell…”:

Según Gesell, no importa qué niño (average child en la norma establecida por el promedio estadístico) con 4 meses de vida hace un ajuste motriz anticipador cuando tiende el rostro y con un encogimiento de hombros cuando se lo levanta de una mesa o se lo deposita en ella…

Gesell agregaba de inmediato un comentario a esta frase, comentario también citado por Kanner en esta ocasión, ahora ya en una tipografía pequeña como ocurre con las otras referencias del artículo. Se trata de las palabras de los padres:

Es posible que un signo menos nítido de ese tipo de ajuste pueda ser ubicado muy cerca del período neonatal. Aun cuando un hábito deba estar condicionado por la experien
cia, la ocasión de la experiencia es casi universal y la respuesta es suficientemente objetiva para merecer observaciones más amplias y variedad de registros (fotos o filmes).

La cita de Kanner llega hasta allí, allí donde Gesell concluía: “La presente observación es provisoria, dado que se funda en un número limitado de casos”.

Y uno puede imaginar la continuidad en el forzamiento al que procede Kanner, cuando se desliza de la “ocasión” de tomar a los niños en brazos, que es, en efecto, “casi universal”, a la experiencia misma, incluyendo entonces también en el registro de lo universal la reacción del niño, esto es, la actitud anticipadora.

Esta experiencia universal es provista por la frecuencia según la cual el lactante es tomado en brazos por su madre u otras personas. Resulta entonces altamente significativo que casi todas las madres de nuestros pacientes hayan recordado la sorpresa que suscitó en ellas encontrarse ante la falta (défaut: failure) de los niños, quienes no podían adoptar en ningún momento una actitud anticipadora, preliminar al hecho de ser alzados. [Itálicas de Kanner].

Se hace entonces necesario examinar en su integridad el pasaje de Gesell que Kanner utiliza para asentar la autoridad de lo que postula como característica fundamental del autismo. Ese pasaje se encuentra en el primer libro importante de Arnold Gesell, Mental Growth of the Pre-School Child, publicado en 1925,[28] después de otros dos menos conocidos, libro leído y acotado por numerosos padres estadounidenses.

P 12. Ajuste motriz anticipador

Evaluación: 4C

Protocolo: Levantando de la mesa al bebé de 4 meses de edad o ubicándolo sobre una mesa, observen si el bebé hace una anticipación de ajuste motriz mediante una tensión del rostro y una actitud de encogimiento de hombros.

Comentario: Eventualmente, una prueba menos nítida de ese ajuste puede ser hallada remontándose al período neonatal. Aun cuando un hábito deba estar condicionado por la experiencia, la ocasión de esta experiencia es casi universal y la respuesta es suficientemente objetiva para merecer observaciones más amplias y variedad de registros. La presente evaluación es provisoria, dado que se funda en un número limitado de casos.

Si leemos íntegramente el ítem de Gesell, “Protocolo y comentario”, podemos hacer surgir aquello que Kanner suprime allí y lo que agrega:[29]

1. La evaluación 4 C es indicadora de una alta frecuencia: es el niño “promedio”, “no importa cuál”, quien hace así su entrada en el artículo de Kanner, rasgo común de nuevo, pero bajo otro modo: el de las innumerables observaciones de Gesell. De tal suerte que Kanner hace jugar al número (limitado) de casos de Gesell la función de un “grupo control”, ubicando al lector en la posición de alguien a quien se le ofrece la síntesis de una experimentación.

2. Gesell, en cambio, escribe: “Aun cuando un hábito deba estar condicionado por la experiencia, las ocasiones de una experiencia de este tipo son casi universales …” y señala el número limitado de casos a los que se reporta esta observación. Kanner, por su parte, hace de ella una experiencia universal sin restricción, ¡forzamiento tanto más abusivo cuando sólo dos de los once niños, Frederick W. (caso 2) y Richard M. (caso 3) no presentaron ni actitud anticipadora ni ajuste postural! Algo que obliga a Kanner a interrumpir el comentario de Gesell a propósito del reducido número de casos observados.

3. Mientras Gesell se da por satisfecho con la hipótesis según la cual sería posible encontrar un bosquejo de esta actitud en el período neonatal, Kanner hace de ella una realidad: ¡la actitud obedece a un reflejo innato! Entonces, prueba de su forzamiento: la gran precocidad, la calidad innata, confirmarían el estatuto de “experiencia universal”. Kanner despliega una interpretación maximalista de la actitud anticipadora, enunciándola como ley: “Todos los niños presentan esta actitud a la edad de 4 meses”. Por lo demás, esta manera ya anunciada por Gesell de remontar desde los 4 meses a los días que siguen de inmediato el nacimiento, barre el hiato de 4 meses que podría, por el contrario, demostrar la necesidad de un aprendizaje, de un ajuste que requiere una adquisición. Esta remisión postulada por Kanner al período post-natal, confirma el momento experimental del texto, por el cual el aloneness, principal perturbación, “patognomónica”, encuentra su función bien particular: en su valor de encuadre experimental, la formulación de Gesell aporta la prueba de la calidad innata del aloneness, lo que constituye una participación crucial en la definición del síndrome y, por extensión, la prueba de su propiedad de innato.

4. Cuando el año siguiente (1944), Kanner publica una versión resumida de “Autistic Disturbances of Affective Contact” en una revista de pediatría, bajo el título “Early Infantile Autism”, reitera la misma operación: desde la primera página del artículo, aporta la definición de aloneness y la apoya en la actitud anticipadora, mientras todo el resto de la sintomatología es consignado después de la descripción de los dos casos presentados. Y Kanner resalta: “Según Gesell, ese tipo de ajuste sobreviene universalmente a la edad de 4 meses”.

5. Finalmente, ¿qué estatuto acordar a la sorpresa que las madres recuerdan haber experimentado? En un primer momento, podría situársela en el registro del testimonio, es decir, de la experiencia de un acontecimiento enigmático para ellas. La sorpresa podría también referirse al hecho de haber sido solicitadas por una pregunta de Kanner sobre ese tema … El año siguiente, en 1944, Kanner ya no evocará el recuerdo de la sorpresa, sino la sorpresa en sí ante la actitud del niño, es decir, directamente ante un objeto: Kanner le cede el paso a las madres, ellas mismas transformadas en observadoras y colaboradoras cuando les llega el turno, así como … a las madres observadoras y colaboradoras que vendrán a continuación.

Si admitimos esto que Kanner hace decir a Gesell, a saber, que la actitud anticipadora es una capacidad innata, como lo es la del párpado que se cierra ante un exceso de luz, entonces comprendemos que las madres, más tarde advertidas acerca de esta “reacción universal”, esperen que la reacción se manifieste, sin participar por sí mismas de otro modo que no sea el de observar lo que va a ocurrir en el momento de alzar en los brazos a su hijo. ¿Hay algo acaso más petrificante para quien es observado? Petrificación en resonancia con esa frialdad parental, a menudo comentada por Kanner, cuya inducción –la de ocupar una posición de observador y de experimentador-, está presente en los manuales de Gesell.

6. La ubicación reservada a los padres está desde el comienzo inscripta en el síndrome “autismo infantil precoz”, a partir de la recepción de las cartas de los padres dirigidas a Kanner y el estatuto que él les acuerda. Sin los recuerdos de las madres y los padres, espontáneos y después solicitados, no habría lo que puede tomar el perfil de una experiencia, ya que Kanner no estaba allí para ver la presencia o la ausencia del fenómeno. Un retorno al ítem de Gesell muestra la circulación de los destinatarios: el imperativo empleado por Gesell –“Observen si el bebé tiene una actitud de anticipación motriz…”-, se dirige a quien se ocupa del niño, ya se trate de uno de los progenitores o de un profesional. Este imperativo desaparece bajo la pluma de Kanner, quien pone en escena la autoridad de Gesell y hace de sus formulaciones una declaración que remite a un punto de normalidad. Ahora bien, son precisamente los padres a quienes encontramos en condiciones de aportar la última piedra para el edificio experimental reconstituido, en condiciones de hacer de ese aporte una restitución.

¿Se trata de algo que pertenece al orden del testimonio, en el sentido de una experiencia con valor de acontecimiento, experiencia a la vez en común y singular para cada uno? No se ubica en ese registro [30], sino en aquél donde los padres quedan reducidos al estatuto de colaboradores científicos, sujetos que conocen y constituyen su objeto, que lo aíslan y en verdad, el aislamiento, la “seulitude” real de esos niños, es en primer término ésta: la que los construye como objeto de la ciencia. En cuanto a aquélla invocada por Kanner, apelando a Gesell, se muestra ya en todo caso como una coartada respecto del aislamiento estructuralmente epistémico, como un efecto y un recubrimiento secundario que amplifica aquello que está en suspenso entre el niño y sus padres.

Un observador no “testimonia”. Se supone que cuenta con suficiente pericia para poder apreciar los fenómenos que tiene a su cargo, suficiente objetividad para considerar sus informes como fiables y desprendidos. El registro en el que los padres se encuentran inscritos en la operación se ubica en ese plano de ciencia experimental, tanto más en la medida en que algunos eran psiquiatras y psicólogos y que el libro de Gesell fue recibido por muchos de ellos como una guía educativa a poner en práctica con sus hijos. Los padres están a la vez del lado de Kanner frente al objeto observado, el niño, y del otro lado, en la medida en que Kanner los observa: son fríos y obsesivos (Kanner dixit). El modo según el cual se da la distribución a un lado u otro de este límite entre observador-experto y observado, irá modificándose en la serie de sus investigaciones.

7. Finalmente, es preciso señalar que en sus trabajos ulteriores, Gesell no confirmará ese ítem tal cual lo formulara en su estatuto de protocolo experimental. En su best-seller de 1943, Le jeune enfant dans la civilisation moderne (El niño pequeño en la civilización moderna), escribe: « A las 16 semanas, sus hombros pueden entrar en tensión, sus brazos se activan cuando se pone a su alcance un juguete (…)”. No sólo Gesell mantiene la edad de 4 meses: además no confirma la existencia de una observación más precoz que dé cuenta del “ajuste motriz anticipado” –acredita así la versión de un aprendizaje o de una acomodación del niño pequeño a quienes se ocupan de él y contradice la calidad innata que Kanner se propuso imponer-, pero hace de ella una observación general, sin conexión con un dispositivo regulado.

En cuanto a Kanner, a partir de 1949 y durante los años subsiguientes, el síndrome del autismo infantil precoz presentado en sus trabajos ya no menciona esta referencia a Gesell, aun cuando siga afirmando su calidad innata. Este punto de apoyo reaparecerá en 1973, en el artículo “La naissance de l’autisme infantile”, donde Gesell no será nombrado expresamente:

Estos niños nunca participaron. Comenzaron su existencia sin los signos universales de las respuestas infantiles. Algo que viene a quedar probado en los primeros meses de vida por la ausencia de la reacción anticipadora habitual en el momento de ser alzados y por la falta de adaptación postural a la persona que los alza.[31]

En 2008, en su “Dépistage clinique précoce» (Examen clínico precoz)[32], retomará ese indicio tal como queda formulado aquí.

A modo de conclusión, una pregunta: ¿cómo llega a suceder que un hombre joven, que decide emigrar al Nuevo Mundo, sabiendo que tenía allí la chance de encontrar la vida profesional prestigiosa que anhelaba, donde sabía que podría encontrar una libertad de construcción, cómo un hombre así pudo dar vuelta esa libertad formulando una construcción que encierra a los niños en una clasificación nosográfica –en 1965, Leo Kanner confirmó su noción de “autismo infantil precoz” en términos de una “enfermedad”, esta vez en el sentido de Kræpelin, es decir, endógena e incurable?


[1] – Ver la biografía de Leo Kanner por Klaus-Jürgen Neumärker en anexo de Genealogia del autismo, Freud, Bleuler Kanner, Ediciones literales, y la breve presentación de Kanner por Martine Rosenberg en Le Bulletin de l’Arapi (Association pour la recherche sur l’autisme et la prévention des inadaptations –Asociación para la investigación del autismo y la prevención de las inadaptaciones), especial Kanner, junio 1995.

[2] – Ver Adam Feinstein, A history of Autism: Conversations with the Pioneers, Hoboken, Wiley-Blackwell, 2010, p. 23.

[3] – Leo Kanner, “Early infantile autism”, J. Pediatr., 1944, 25, p. 211-217 (La traducción es mía).

[4]Id. “Autistic Disturbances of Affective Contact”, The Nervous Child, traducción de Martine Rosenberg, Neuropsychiatrie de l’enfance, 1980, 38 (1-2), p. 65-84.

[5] – Leo Kanner, “Early Infantile Autism Revisited”, Psychiatry Digest, 1968, vol. 29, p. 17-28, traducción de Gwénola Druel-Salmane en “Construction du syndrome autistique par Leo Kanner. Son émergence dans l’histoire des psychoses infantiles. Ses conséquences actuelles”, tesis de doctorado en la Universidad de Rennes 2, 2002.

[6] – “Sérendipité”, derivado del nombre de Serendip (Ceilán o Sri Lanka). Cuento persa editado en francés en 1610, después en 1719 por Louis de Mailly, Les aventures des trois princes de Serendip, reeditado por las Éditions Thierry Marchaisse, Paris, 2011. En fecha más reciente, una traducción del cuento persa de Amir Khosrow Dehlavi por Farideh Rava y Alain Lance, Paris, Hermann, 2012. Walpol
e, en 1722, crea el término serendipity cuya definición supone recurrir a la perífrasis: descubrimiento de cosas que no eran el objeto de la búsqueda, es decir, buscar una cosa y encontrar otra: “sagacidad accidental”; llegar a descubrimientos afortunados nunca predeterminados. Voltaire retoma el tema en Zadig ou La destinée, en 1748. Después la definición evoluciona y en el s. XX., en el transcurso de los años ’30, se desliza de la esfera humanista a los emprendimientos científicos, siguiendo la idea del papel jugado por el azar en el descubrimiento (2009 en Cerisy, coloquio “La sérendipité dans les sciences, les arts et la décision”).
Ver “Voyage en sérendipité” en Les aventures des trois princes de Serendip, op.cit., p. 189-242.

[7]– Leo Kanner, “The Birth of Early Infantile Autism, Journal of Autism and Childhood Schizophrenia, 1973, 3, 2, p. 93 (la traducción es mía).

[8] – Harold Stevens, “Gilles de la Tourette and his Syndrome by Serendipity”, Am. J. Psychiatry, octubre 1971, 128 (4).

[9] – L. Kanner, “The Birth of Early Infantile Autism”, art. citado, p.93, traducido y citado por Gwénola Druel-Salmane en su artículo “L’autisme infantile précoce de L. Kanner: de la clinique à la structure”, en Jean-Claude Maleval (bajo la dir. de), L’Autiste, son double et ses objets, Rennes, Presses universitaires de Rennes, 2009, p. 16.

[10] – Recuerdos de Ruth C. Sullivan en el Bulletin de la Nsac de julio-agosto 1994, citado en el Bulletin de l’Arapi, publicación citada.

[11] – Pierre Delion, L’enfant autiste, le bébé et la sémiotique, Toulouse, Édition Érès, 1998, reed. 2008, p. 21-22.

[12] – Rosine y Robert Lefort, La distinction de l’autisme, Paris, Le Seuil, 2003, p. 41 y 48.

[13] – Denys Ribas, Controverses sur l’autisme et
témoignages
, Paris, Puf, 2004, p.2.

[14] – Henri Rey-Flaud, L’enfant qui s’est arrêté au seuil du langage, Paris, Aubier, 2008, p. 21.

[15] – Jacques Hochmann, Histoire de l’autisme, Paris, Odile Jacob, 2009, p. 246.

[16] – G. Druel-Salmane, “L’autisme infantile précoce de L. Kanner : de la clinique à la structure”, art. citado, p. 15 y 24.

[17] – Ver Marie-Claude Thomas, L’autisme et les langues, Paris, L’Harmattan, 2011.

[18] – Leo Kanner, “The Tooth as a Folkloristic Symbol”, The Psychoanalytic Review, 1928, vol. XV. El artículo que sigue al de Kanner en ese número de la revista psicoanalítica lleva por título “The Psychobiology of Castration Reaction”, de Nolan D. C. Lewis; es un testimonio de la influencia de las concepciones de Adolf Meyer, de su concepto de “psychobiologie” y de la pregnancia del modelo estímulo-respuesta: la castración es una reacción.

[19] – Lorraine Daston y Peter Galison Objectivité (Objectivity, Zone Books, 2007), trad. del inglés por Sophie Renaut y Hélène Quiniou, prefacio de Bruno Latour, Dijon, Les Presses du réel, 2012, p. 26. Libro encuadernado con hilo verde, tan magnífico para leer como para mirar.

[20] – Ver Ruth Leys, “Types of One: Adolf Meyer’s Life Chart and the Representation of Individuality”, Representations, 1991, 34, p. 15-17.

[21] – Leo Kanner, Child Psychiatry (1935), Springfield, Charles C. Thomas Publisher, 1979. En español: Psiquiatría Infantil, Paidós, Psiqué, 2da. edición en castellano, 1966.

[22] – Paul Schilder, L’Image du corps. Étude des forces constructives de la psyché, trad. de François Gantheret y Paule Truffert, Paris, Gallimard, 1968, p. 83, 88 y 134. Schilder, quien había sido miembro de la Sociedad Psicoanalítica en Viena, fue invitado por Meyer en 1928 a enseñar durante tres meses en la Henry Phipps Psychiatric Clinic ; más tarde aceptó un puesto de clinical director en el servicio de psiquiatría del Belle-Vue Hospital, siempre en Baltimore.

[23] – L. Daston y P. Galison, Objectivité, op. cit., p. 196-200.

[24] – L. Kanner, “Early Infantile Autism”, art. citado, p. 211-217. Ver G. Druel-Salmann, “Construction du syndrome autistique par Leo Kanner”, tesis citada (el subrayado es mío).

[25] – Hans Asperger, Les Psychopathes autistiques pendant l’enfance (Die «Autistischen Psychopathen» im Kindesalter, 1944), trad. : Elizabeth Wagner, Nicole Rivollier, Domique l’Hôpital, con la colaboración de Pierre Noël, prefacio de Jacques Constant, Le Plessis-Robinson, Institut Synthélabo, 1998, p. 51.

[26] – Neologismo bienvenido de Guy Le Gaufey: “seulitude” sustituye aloneness, ya que se asemeja a “solitude” (loneliness). Aloneness es un neologismo en inglés; si Kanner hubiese querido decir “isolement” (aislamiento), podría haberse servido de isolation, como lo hará después.

“Isolement / Isolation» :   sinónimos en francés. (N. de la T.).

[27] – La traducción del Bulletin de l’Arapi, junio 1995, modifica el sentido del texto de Kanner: no sólo la de Martine Rosenberg sitúa el aloneness en términos de “repliegue”, un contrasentido respecto de la problemática descrita por Kanner (quien explica más adelante que un repliegue sería el sucesor de una relación establecida, a la manera en que Bleuler lo concibe para la esquizofrenia; según él no es lo que ocurre en el caso de estos niños), sino que además deja implicado al niño como activo. Sin embargo, Kanner emplea la expresión extrem autistic aloneness como sujeto de los verbos “no tener en cuenta”, “ignorar”, etc.: “el repliegue autístico extremo determina que el niño rechace todo lo que le llega desde el exterior”. Nuestra traducción literal busca poner en evidencia la posición de Kanner: el aislamiento innato domina ese lugar donde está el niño, al que llegan cosas desde el exterior que son rechazadas como resultado del aloneness. Así también, average child es el niño normal según lo define el promedio estadístico y no el niño normal versus patológico.

[28] – Arnold Gesell, Mental Growth of the Pre-school Child: A Psychological Outline of Normal Development From Birth to The Sixth Year, Including a System of Developmental Diagnostic, New York, Macmillan Company, 1925. El niño en edad preescolar es estudiado allí a lo largo de 38 capítulos; el ítem P 12, Anticipatory Motor Adjustment, se encuentra en el capítulo XI, “Norms of Personal-social Behavior”.

[29] – Algunas de estas observaciones se desprenden de los intercambios con Laurent Gillette.

[30] – A propósito de estas distinciones, ver José Attal, “Le témoignage comme lieu de l’expérience même de la passe», in La passe à plus d’un titre. La troisième proposition d’octobre de Jacques Lacan, Paris, Cahiers de l’Unebévue, 2012, p. 87-95. En español : ¿El pase a título de qué ? La tercera proposición de octubre de Jacques Lacan, México, Grapas, Me cayó el Veinte, 2012.

[31] – Leo Kanner, “The Birth of Early Infantile Autism”, Journal of Autism and Childhood Schizophrenia, 1973, 3, 2, p. 93-95 (trad. de Marie-Claude Thomas).

[32] – Pierre Delion, “Le dépistage clinique précoce. Introduction a la deuxième édition», in Les bébés à risque autistique, Toulouse, Éditions Érès, 1998, p. 15.