El discurso político en las ciencias sociales

Revista del CPM número 32

Por Rómulo Aguillaume

Introducción.

Buenos días. Como soy el último tengo una ventaja y una desventaja. La ventaja es que ya se lo que se ha dicho y lo que no se ha dicho y la desventaja es que resulta difícil decir algo nuevo. De todas maneras yo quiero hablar de lo que dice el título: de lo irrelevante que es la psicología para la política.

Para ello voy a empezar poniéndoles a ustedes el fragmento de un video en que nuestro secretario general Juan Flores – de la IFPS, no del partido- es entrevistado y responde al tema que nos ocupa. Aprovecho para agradecerle públicamente por su amabilidad al autorizarme a presentar este video. Podríamos decir que él y yo estamos en posiciones teóricas opuestas: el cree que somos relevantes, yo que somos irrelevantes.

Veamos y escuchemos. (de 2.49 a 9.25)

https://m.youtube.com/watch?v=5FI1FSHlc2E

Vemos como Juan Flores analiza primero el comportamiento individual, en este caso del terrorista, y luego pasa a una reflexión más sociopolítica donde ya las concepciones psicoanalíticas pretenden decir algo. Yo tambien haré esa distinción.

1. El discurso político en las ciencias sociales.

siempre que un fenómeno social es explicado

directamente por un fenómeno psicológico,

podemos estar seguros de que la explicación es falsa”.

(Durkheim en Jameson, 1982: 339).

A lo cual podríamos complementarlo diciendo, que siempre que un fenómeno psicológico es explicado directamente por un fenómeno político la explicación tambien es falsa. Lo que quiere decir que hay que determinar en cada caso cual es la ciencia social adecuada para explicar tal o cual fenómeno.

Hace unos meses hicimos una reunión en torno a un libro que estudiaba a los llamados trastornos de la personalidad, pero rápidamente la discusión se desplazó a los problemas del tratamiento y de aquí a los problemas con el gerente y de aquí al problema de la asistencia público-privada. La politización ganó el terreno a la discusión científica y yo continué sin saber que son los trastornos de la personalidad, situación en la que aun me encuentro. Si es un problema la psicologización, no lo es menos la politización.

La ciencia política forma parte de las ciencias sociales y como tal, interactúa con otras, como la economía, la sociología, la historia y tambien la psicología. El campo de las ciencias sociales, por su objeto de estudio y por su metodología permite una interrelación entre las distintas disciplinas que lo constituyen. El problema fundamental será determinar la disciplina relevante en cada situación de análisis.

Por ejemplo, las tensiones étnicas, el feminismo y la personalidad del candidato hacen relevante la sociología y la psicología en el análisis de las elecciones americanas, sin que por ello se pierdan sus delimitaciones. En las elecciones españolas el factor psicológico parecería, a algunos, que está en primer plano, cuando tambien es fácil comprobar el enfrentamiento entre dos modelos sociopolíticos en pugna: el modelo socialdemócrata y el modelo que se ha dado en llamar populista.

En cualquier caso el psicoanálisis se ha ganado merecidamente la desconfianza de la sociología, la historia, la política, etc, en tanto en cuanto, y no solo en el pasado, se ha abusado de interpretaciones al estilo de que, el nazismo surge en una cultura paranoide, la revolución rusa fue una lucha contra el padre, etc, etc. Si la psicología individual es psicología social, como decía Freud, ¿por qué no tratar los fenómenos sociales como fenómenos individuales? Así las naciones tendrían superyo, pulsiones destructivas, el carácter nacional, etc. El resultado de este modelo no ha sido bueno.

Este reduccionismo psicoanalítico debe ser superado, como todo tipo de reduccionismo, pero ¿cómo?, Yannis Stavrakakis, nos lo dice desde su posición lacaniana:

La cuestión importante no es reducción o no reducción” sino “¿qué tipo de reducción?». Para crear una distancia de la reducción cruda, es necesario operar dentro del campo de la reducción; es necesario reducir la reducción a su propia imposibilidad. Enigmática propuesta.

El psicoanálisis, desde los trabajos de Freud sobre el presidente Wilson, se ha ocupado del análisis de la personalidad del político, lo cual ha impedido encontrar una especificidad al respecto porque no existe la personalidad del político, sino tal personalidad que se dedica a la política. Erich Fromm, en uno de sus pocos trabajos interesantes, Anatomía de la destructividad humana, traza el perfil biográfico de A. Hitler de manera magistral. Pues bien, ni el presidente Wilson ni A. Hitler son representativos de un perfil único de la clase política. Sin embargo, la reflexión sobre el personaje político no es la reflexión sobre el fenómeno político aunque introducir el factor humano siempre sea una tentación.

a. Psicoanálisis y marxismo: momentos históricos.

No nos interesa aquí y ahora la personalidad del político, pero sí la ciencia política en su relación con el psicoanálisis.

1. Si comenzamos por Freud podríamos señalar tres intervenciones que han resultado importantes para la teoría social o política, vista desde el psicoanálisis: una, que la psicología individual es a la vez psicología social; otra, que la identificación en torno al líder produce la identificación entre los sujetos. La tercera, es una reflexión en tono de pregunta que se hace Freud, creo que en El malestar en la cultura: ¿Qué harán ( con su agresividad, se entiende) los bolcheviques cuando acaben con sus burgueses?

La primera crea la confusión entre dos ámbitos, el de la subjetividad individual y el de la objetividad social. Sin embargo es una de las citas mas citadas de Freud y que abre la puerta, para algunos, al vale todo. Es gran parte de la reflexión de Psicología de las masas y análisis del yo.

La segunda, que las masas sociales se estructuran en torno a un líder. Quizás Freud esté prisionero de una teoría que le impone un ideal encarnado, el padre ancestral o, en la revisión lacaniana, el padre simbólico, pues la posición de Laclau –pensador que incorpora algo del pensamiento de Lacan- tambien considera necesario la presencia del líder

Y la tercera cita de Freud, que harán los bolcheviques… aquí Freud nos enfrenta con la indestructibilidad de las pulsiones aunque, en esa hipotética lucha de Eros y Thanatos no podríamos olvidar la frase de Bakunin: la pasión destructiva es una pasión creadora.

2. En tiempos de Freud, dos discípulos, Ferenzci y W. Reich también hicieron incursiones en el campo de lo político-social y defendieron un psicoanálisis que cuestionaba el sistema y no, como haría E. Fromm, un psicoanálisis como prótesis del sistema. P. Julien lo sintetiza bastante bien:

¿Vamos, empero, a volcarnos a la acción política?– se pregunta este autor- En vez de continuar a Freud, lo urgente sería entonces cambiar la sociedad moderna. Ese fue el camino elegido por W. Reich y H. Marcuse. Del mismo modo, la urgencia consistiría en superar a Freud para adaptarse a una sociedad distinta de la de su tiempo, como lo sugiere E. Fromm. O bien, con M. Foucault, lo importante sería poner al descubierto en el psicoanálisis mismo, una complicidad enmascarada con el poder ejercido sobre el individuo en nombre de la modernidad.

Los primeros psicoanalistas marxistas se denominaron freudo-marxistas y ellos se autodenominaron izquierda freudiana. Este movimiento de la década de 1920 incluía a psicoanalistas que a su vez eran marxistas como Wilhelm Reich, Otto Fenichel, Sigfried Bernfeld y otros. Tuvieron diversa militancia política y en sus textos intentaron ver qué aportes mutuos podía haber entre psicoanálisis y marxismo. Sin embargo, esta izquierda freudiana fue combatida tanto en el campo del psicoanálisis como del marxismo.

En el campo del psicoanálisis, la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA), a lo largo de su historia no sólo fue de derechas, en opinión de algunos, sino que además intentó desacreditar todas las supuestas desviaciones, bajo la consigna de que eso no es psicoanálisis. Descalificación que a todos nos resuena y que ha hecho fortuna.

Por otro lado,el psicoanálisis tuvo una vida efímera en la Unión Soviética. Hasta la muerte de Lenin gozó de un interés y un desarrollo prometedor pero a la muerte de éste, Stalin lo eliminó del mapa por considerarlo ciencia burguesa y antisocialista.

3. Desde entonces el freudo-marxismo se convirtió en una mala palabra. La guerra fría marcó los años siguientes y hasta los años 60 no volvió a resurgir la discusión entre marxismo y psicoanálisis sobre todo en países como Italia, Alemania, Francia y EE.UU.

El célebre Mayo del 68 estuvo marcado por el pensamiento de la escuela de Francfurt. Autores como Habermas, Marcuse o E. Fromm tuvieron cierto protagonismo desde sus trabajos.

Posteriormente otro autor, Cornelius Castoriadis, hizo de la dimensión social del psicoanálisis su preocupación central hasta el extremo de haber sido uno de los conceptualizadores del imaginario social, como elemento central para entender la psicología individual.

En cualquier caso a partir de estos momentos el intento de armonizar psicoanálisis y marxismo, ocupa el centro de los esfuerzos que llegaron hasta épocas recientes en que han sido sustituidos por una visión postmoderna donde el pensamiento lacaniano juega un importante papel.

b. La aplicación lacaniana: una aproximación.

Lacan se mantuvo escéptico frente a los cambios socio-políticos. Los movimientos de izquierda no le entusiasmaban, en el Mayo del 68 no estuvo a la altura, y así, dejó dicho que: Solo es posible introducirse en lo político si se reconoce que no hay discurso que no sea del goce, al menos cuando de él se espera el trabajo de la verdad.

Sin embargo algunos autores, y nos vamos a referir sobre todo a E. Laclau, consideran el pensamiento de Lacan fundamental para entender el siglo actual.

Todas las aportaciones del marxismo, como la revolución para transformar lo social, el proletariado como clase social destinada a ello, o la economía como referente último de la tensión social, son desechadas por una visión postmoderna del marxismo.

La subjetividad – ya no se habla de realidad psíquica -, depende del deseo inconsciente, de los avatares del significante, expresados en los cuatro discursos que Lacan elabora y que servirán a algunos de sus seguidores para explicar toda la complejidad de la realidad, tanto social como individual.

Por tanto esa visión postmoderna del psicoanálisis y del marxismo, hacen del sujeto un sujeto barrado, escindido, incapaz de una identidad plena, y a la sociedad, escindida en múltiples representantes (feminismo, ecologismo, razas,…)

Laclau muestra que la identidad plena del sujeto político, y la estructuración completa de la sociedad, son fenómenos de carácter imposible, debido a la carencia de estabilidad causada por la presencia del antagonismo social: la falta es, así, el rasgo predominante tanto del sujeto como de la sociedad.

La consecuencia de todo ello es que Laclau intenta elaborar una teoría de las relaciones entre sujeto y orden social, desde una óptica antisustancialista, donde la incompletud, la escisión y la falta definen, no solamente las propiedades fundamentales de ambos términos, sino también su posibilidad misma de articulación.

Estos aspectos básicos del pensamiento de Laclau le permiten desarrollar todo un entramado teórico, que sirve de base a muchos de los movimientos políticos que actualmente devalúan las prácticas de la democracia representativa y que exceden el tema de esta presentación.

Lo irrelevante del psicoanálisis ante la política, tal y como es el título de esta presentación, se pretende mostrar en el propio devenir histórico de una relación, psicoanálisis y marxismo, que siempre ha ido por detrás de un desarrollo político que parece obedecer a causas mejor explicadas desde ciencias sociales más relevantes, como la historia, la economía y la sociología.

En la Revista de Cultura del periódico Clarín, de Buenos Aires, el trece de agosto de 2016 Jacques-Alain Miller contestaba a los periodistas:

¿El hecho de decirse psicoanalista implica necesariamente una elección política?

Pero sí. Quien practica el psicoanálisis debe lógicamente querer las condiciones materiales de esta práctica. Lo primero es la existencia de una sociedad civil en sentido propio, distinta del Estado (…) El psicoanálisis no existe ahí si no se lo puede ironizar, poner en cuestión los ideales de la ciudad, sin tener que tomar la cicuta. Ella es entonces incompatible con todo orden de tipo totalitario que junta en las mismas manos la política, lo social, la economía e incluso lo religioso. Ella tiene la partida ligada con la libertad de expresión y con el pluralismo.

Ante otra pregunta sobre el carácter revolucionario del psicoanálisis, contesta:

Revolucionario, el psicoanálisis por cierto no lo es. Durante la época en que todavía se hablaba de revolución, hacia 1968, Lacan evocaba la revolución de las órbitas celestes. Una revolución está hecha para volver al punto de partida. El psicoanálisis es llevado a poner en valor lo que puede llamar las invariantes antropológicas más que a ubicar esperanzas en los cambios de orden político (…) El psicoanálisis no es revolucionario, sino que es subversivo, lo que no es lo mismo, y por razones que yo he esbozado, a saber: que va en contra de las identificaciones, los ideales, los significantes amo. Por otra parte, todo el mundo lo sabe. Cuando ustedes ven a alguno de sus próximos en análisis, temen que dejen de honrar a su padre, a su madre, a su esposo y al buen Dios.

Pues a esto es a lo que nos dedicamos los psicoanalistas.