Psicoanalista docente del Centro Psicoanalítico de Madrid
INTRODUCCIÓN
Los unicornios y los dinosaurios comparten con los pegasos, esos caballos alados, la fascinación de la segunda infancia y vienen a ocupar el lugar dejado por los ositos y peluches que ocuparon el sitio de manera precedente en la infancia primera.
Si ositos y peluches eran objetos transicionales suaves, cálidos, amados, cercanos, amigables y protectores; los unicornios, con los pegasos y los dinosaurios vienen a representar la fuerza, la ilusión, la libertad, la potencia y la independencia deseadas.
Primero se requiere arrebujo y calor, hogar y seguridad, calma y sosiego, después se anhela fuerza y potencia, libertad e ilusión, independencia y autonomía, que den seguridad en sí mismas, sin necesidad de volver al hogar.
Son estos segundos los objetos propiamente del mundo, la muestra de que el bebé ha traspasado el espacio familiar y su deseo se abre a nuevos lares, a la aventura de vivir y a la ilusión de una potencia que sea suficiente en sí misma para sentirnos seguros en el abierto mundo.
Lo blando y suave se ha hecho duro y vigoroso y el mundo nos aguarda para permitirnos encontrar nuestro sitio.
Lo más curioso es que ni unicornios, ni pegasos, ni tampoco dinosaurios existen ya.
Y sin embargo son ellos los que nos ayudan a aprehender la realidad. Paradoja del gusto de Winnicott, lo que no existe nos permite sostener lo que sí existe. La fantasía, de nuevo, ayudando a construir la realidad. (Nota: añádase a la listas los robots!)
Y si añadimos los robots quizás la interpretación cambia, Ya que no se trata solo de lo pasado ancestral perdido existente (dinosaurios) o no existente en la realidad (pegasos) y lo fantaseado (unicornios), sino que se añade lo futuro, lo porvenir que ya está aquí representados por esos robots que ahora llamamos IA.
Así que ahí tienen a los niños intentando integrar, pasado, presente y futuro, realidad y fantasía, lo que fue, lo que pudo haber sido y lo que está por venir, ya es y será.
De ellos es el futuro como siempre ha sido. Dejo aquí la introducción que retomaré después.
1. Naturaleza y/o cultura
Freud dejó dicho que solo la sojuzgación de las pulsiones daría lugar a la cultura, de ahí su malestar.
En un texto breve del año 32 llamado “Sobre la conquista del fuego”, Freud equipara la contención del deseo de apagar el fuego con la micción, con el nacimiento de la cultura a través del uso y dominio del fuego1.
¿De donde saca Freud que la contención de la potencia fálica es el inicio de la cultura flamígera?
Parece que el bastión fálico es para Freud un símbolo al que le resulta difícil renunciar2. Paradójicamente, es esa renuncia a poseer el poder de destrucción del fuego lo que haría, para Freud, al hombre un ser cultural.
Frente a esta idea del falo que se contiene, podríamos contraponer la imagen que Margaret Mead nos transmitió del fémur roto de un anciano, que solo pudo sobrevivir con la ayuda de otros, tenemos ahí otro inicio de la cultura distinto del freudiano.
Pues bien, del mismo modo es acudiendo a Donald W. Winnicott como podemos pensar que las experiencias culturales surgen, no tanto de una renuncia instintual, sino de un camino paralelo que va desde la aparición del objeto transicional a la creación del espacio concomitante.
Desde la aparición del juego y sus derivados en su seno, hasta la cultura como un derivado natural de una experiencia lúdica.
La cultura es un espacio de paz, tranquilidad y de desarrollo de potencialidades, fruto de un vivir en un espacio común compartido, en el que nos encontramos y disfrutamos juntos, sin necesidad de estar pensando en renuncias instintuales o pulsionales3.
Entonces, frente a la oposición naturaleza y cultura propia de Freud en el malestar en la cultura, la propuesta de Winnicott es la de que la cultura es un derivado de una naturaleza humana, que no se basa tanto en la renuncia a las pulsiones, como en la solidaridad de los humanos que se proveen de espacios en los que vivir, cuidarse y crecer.
Freud era un hijo de su época y en ella el colonialismo había permitido que Europa fuese un lugar rico a costa de apropiarse la cultura, de todos los recursos naturales (y culturales) que África, las Américas y la ruta de la seda le aportaban4.
Así se extendió la idea de que la cultura, la nuestra, era opuesta a la naturaleza, la de ellos.
Lejos de oponer naturaleza y cultura, el objeto transicional, nacido fruto de un naturaleza entre dos, que no están ni fusionado, ni separados, sino juntos, pero no revueltos, es para Winnicott la primera manifestación cultural5.
Lejos de colonizar la naturaleza, el objeto transicional, así entendido, abre a una relación de mestizaje en la que cultura y naturaleza se retroalimentan6.
La cultura, lejos de ser una oposición a la naturaleza, es una creación que surge de la profundización y la extensión del campo de la naturaleza humana.
Esa es la gran creación humana, el empleo de la naturaleza como base para extenderse y propiciar el nacimiento de la cultura.
Y todo eso se aprende también en nuestros divanes, no solo a reconocer las pulsiones y su represión y esclarecimiento sino a construir espacios donde la palabra, el pensamiento, el diálogo, la cooperación también se aprendan, lo transicional se dé y se pueda, todo ello, llevar al mundo cotidiano, para permitir que el mundo siga existiendo con el cuidado de todos.
2. A vueltas con la división naturaleza/cultura
Dominique Knafo, en su artículo sobre IA, confunde paraíso con naturaleza.
Dice que Adan y Eva, como representantes del género humano, fueron expulsados de la naturaleza, y no, realmente fueron expulsados del paraíso.
No vale entonces sostener y decir que la especie humana se ha rebelado contra la naturaleza para ser lo que es.
La especie humana si contra algo se ha rebelado es contra el paraíso en el que manda dios, no contra la naturaleza a la que pertenece.
De paso dejaremos dicho que la que se rebeló fue ella.
No confundamos los términos: el paraíso no existe, la naturaleza sí, y de ella formamos parte.
No somos amos de la naturaleza, solo formamos parte de ella, y cuando nos creemos amos nos confundimos con un dios y confundimos a la naturaleza, la elevamos a paraíso o infierno, y no se trata de eso. Hoy día, más que nunca, conviene que no intentemos ser nuestros propios dioses7.
Surgimos de la naturaleza, dice Daniella Knafo, pero nos oponemos a ella. La naturaleza sería así el lugar limitado del que queremos salir y las creaciones tecnológicas, frutos de la cultura, la forma de luchar contra tales limitaciones. Superaremos nuestra naturaleza, dice la autora.
Pensándolo así sí, pero si pensamos la experiencia cultural como una extensión del campo natural la cosa cambia.
Es natural que estemos limitados, dice Knafo, física y mentalmente, y es natural que ampliemos tecnológicamente nuestros sensorios, cuerpos y mentes. Es natural sufrir límites y morir, y es NATURAL ARMARSE, subrayo estas dos palabras, natural y armarse, contra la amenaza, las limitaciones y la muerte8.
Vista la muerte como una amenaza, el sálvese quien pueda aparece inmediatamente como solución y las creaciones culturales y tecnológicas encaminadas pues a salvarnos individualmente sin pensar en nada más. Les recuerdo a Putin y a Xi hablando de ello: llegar a ser inmortales, vivir más de 150 años en breve.
Pero, para mí, no es natural armarse contra la amenaza, ya que la naturaleza no lo es, ni armarse contra la limitación y la muerte porque esta son garantía de existencia y continuidad de la especie misma y de la cultura.
¿No es un poco loco pensar que nuestra lucha es contra la naturaleza misma siendo como somos continuación de ella? No podemos luchar contra la tierra que nos da la vida.
Porque la concepción que divide y opone naturaleza y cultura ha sido demasiado tiempo sostenida dando por resultado que nos hayamos creído en lucha con la naturaleza.
Pero dicha oposición, de la que Freud participó, hace más a una concepción colonialista de la relación, como señalaba Jo Gondar, que a algo real.
Moldeamos la realidad en función de cómo la pensamos. Si nos creemos en lucha con la naturaleza la esquilmaremos, si nos pensamos parte de ella la cuidaremos y respetaremos, respetándonos a su vez. Entendido como propone Winnicott, el objeto transicional no busca colonizar la naturaleza, sino que abre a una relación de mestizaje en la que cultura y naturaleza se retroalimentan.
Fuera del espacio transicional, la cultura se transforma en depredación9.
3. A vueltas con lo paterno y materno
A veces se equipara lo materno a la naturaleza y lo paterno a la cultura, continuando con el error de oponer naturaleza y cultura, oponiendo ahora lo materno con lo paterno.
Tiene que venir el padre, dicen algunos con su teoría, para separar al hijo de la madre, él trae la ley, si no viniera la madre sería la madre cocodrilo de Lacan, esa que a poco que se descuide se come a sus hijos, menos mal que la ley del padre aparece. Así piensan, solo así, algunos psicoanalistas aún en pleno siglo XXI.
Pensándolo de esa manera no es extraño que se piense la naturaleza como un lugar donde imponer la ley del hombre y en el que poner orden a su antojo, pero hay otras formas de pensarlo.
Es con la madre, o con quien se coloque en un lugar así, con quien se crea el espacio transicional asiento de la cultura, no hace falta que venga padre a producir ningún corte, ya ambos miembros se separan lo bastante para que la cultura aparezca, venga padre pero a reunirse y a estar, o mejor no se vaya.
Por otro lado como mostraba al principio el niño mismo hace una transición de blando a duro a través del juego que quizás tenga más que ver con el desarrollo de la musculatura y la agresividad y con la erección de los órganos sexuales, en el niño y en la niña, como dije, que con el Edipo mentado.
Todo esto tiene que ver con un Edipo patriarcal que intenta colonizar el pensamiento del cachorro humano y su madre estableciendo categorías opositivas que equiparan femenino/masculino con blando/duro, acogedor/potente, naturaleza/cultural.
A todo este entramado patriarcal contribuye la ausencia del espacio transicional.
Su ausencia, imposibilita ese tránsito de la naturaleza a la cultura, creando una pseudocultura que se asemeja más a la colonización y el abuso del otro que a un espacio de experiencia compartida.
4. Las paradojas y las situaciones fronterizas de Rousillon
Y es, en ese sentido, en el que traigo estas paradojas que tienen que ver, a nuestro parecer, con la diferencia entre pseudocultura (caracterizada por la colonización y el abuso) y cultura propiamente dicha. Siendo ejemplos de la comunicación que se da en las pseudoculturas cuando no se tiene en cuenta la transicionalidad.
Y que son tres.
La primera forma de comunicación patógena, que propone Rousillon, es la mistificación. La misma dice: “Lo que usted siente es falso, yo puedo decirle lo que debe sentir, lo que siente verdaderamente”.
Esta forma de comunicación supone un ataque al yo y a la autopercepción. Es la primera forma de colonización que impone una cultura sobre otra de la que se cree superior.
¿Y no es ese un momento de la historia del psicoanálisis en el que con la interpretación de lo inconsciente se imponía un sentido a los sujetos?
El saber está de este lado, la ignorancia del otro y, en el análisis, puede justificarse en una supuesta posesión del “conocimiento” del inconsciente del otro.
En segundo lugar. La descalificación, que viene a ser un anti-reconocimiento, y que surge de no tomar en cuenta el deseo de comunicar del otro. “Tú no cuentas, lo que piensas o dices no tiene importancia”. Ataque directo a la autoestima y al narcisismo del sujeto.
Él no tiene nada que decir, no tiene ninguna cosa que comunicar al respecto; más aún, no tiene ninguna cosa que pensar sobre ello. “Tú no cuentas, lo que piensas o dices no tiene importancia”. Ataque directo a la autoestima y al narcisismo del sujeto.
¿No les suena con lo que se pretende hacer con otras culturas o cómo se imponen las ideas a veces en el debate analítico?
Y, por último, La paradoja pragmática, el tercer y último tipo de comunicación patógena definida por un conjunto de tres elementos:
1 La existencia de una fuerte dependencia recíproca. 2. una orden paradójica (orden en la que, para obedecer, hay que desobedecer: ¡Sea espontáneo! ¡Tienes que quererme!) ; y 3 una prohibición de abandonar el marco así fijado e impuesto. El llamado antes doble vínculo.
Estas tres formas de comunicación patógena tienen el efecto de volver insostenible una posición de relativa independencia del otro.
Colocan al sujeto en una alternativa en la cual, o bien se somete y se identifica por completo con el objeto de deseo del otro, o bien rechaza toda dependencia y abandona así por entero la relación, con todos los daños consiguientes.
En todos estos casos se ve profundamente afectada la fiabilidad de la relación con el medio circundante.
El efecto de la comunicación paradójica es, indudablemente, minar la confianza del sujeto en la posibilidad de comunicar algo de su realidad interior, sea que acabe dudando de tener algo que comunicar, sea que dude de la capacidad del medio para comprender lo que él quiere decir o, simplemente, que él tenga algo que decir.
Por último, estos modos de la relación con el otro se interiorizan en un modo de relación con uno mismo. (…) en un proceso que puede ser comparado con las primeras formas de identificación con el agresor que caracterizan por el trastorno sobre sí, la vuelta sobre sí mismo10.
¿Y no nos encontramos en un momento así en la que el análisis ha producido y sufrido ahora transferencialmente descalificaciones, mistificaciones y paradojas pragmáticas.
¿Estaremos padeciendo aquellas cosas que hemos contribuido y dejado que se establezcan?
¿Será la nuestra, la cultura psicoanalítica, una pseudocultura en lugar de un lugar de convivencia, cooperación y crecimiento?
Valga para ejemplificar esto el punto 5 de mi exposición:
5. Masud Khan, el de naturaleza salvaje
En 2019 la IPA destruyó, quemándolos, los escritos de Masud Khan que tenía bajo su custodia.
Mohamemed Masud Reza Khan era un hombre de otra cultura, pero más bien parece que fuera también un hombre de otra naturaleza, como dijo de él Andre Green: de una naturaleza salvaje y demoniaca.
Y entonces no basta con quitarle la función didáctica, ni con expulsarle, hubo que esperar a que estuviera muerto para que muchos años después (2019) IPA quemase sus escritos.
La pregunta que me surge es la de ¿fueron quemados por su naturaleza demoníaca o por ser de una cultura distinta, o ambas cosas se unifican?
¿Estamos en el psicoanálisis confundiendo, como los conquistadores, nuestra cultura con la cultura, y la de los otros pueblos siendo vista sólo como naturaleza, salvaje y demoniaca?
Hará falta volver a colonizar el mundo para imponer lo nuestro quemando lo que no sea como nosotros, como ven incluso las instituciones pueden caer en prácticas destructivas que recuerdan la colonización, la descalificación, la mistificación y la paradoja11.
De nuevo el abismo nos mira.
Habrá pues que elegir y decidir qué cultura queremos si la del Toledo de las tres culturas o la de la expulsión de los moriscos esos seres de naturaleza salvaje.
Si cabemos todos, o para ser necesitamos que otros dejen de serlo, si para vivir necesitamos que la muerte impere alrededor de nosotros creando un horrible resort en el que habitaran por siempre nuestros fantasmas.
Que cada cual elija.
6. Termino ya retomando el inicio
El inicio ese en que un niño es un prospector nato del pasado, presente y futuro, a través de los dinosaurios, pegasos, unicornios y robots.
Añadiré a ello ahora, acudiendo a Rachel Carson (la primera ecologista antes de que la ecología existiera), que: ”Para mantener vivo en un niño su innato sentido del asombro, se necesita la compañía de al menos un adulto con quien poder compartirlo, redescubriendo con él la alegría, la expectación y el misterio del mundo en que vivimos”.
Así que no lo olviden, mantener abierto el espacio transicional es sostener la posibilidad de que el mundo se transforme, a través de la cultura, en un lugar en el que, como dejó dicho Jo Gondar en Bérgamo, la vida sea vivible.
Para ello, Alegría, expectación y misterio del mundo deben recubrir el compartir transicional, solo así la transmisión transgeneracional será efectiva, lo demás, ruido y furia.
BIBLIOGRAFÍA
Gondar, J. (2024). ¿Qué tienen que ver los cambios climáticos con el psicoanálisis? Trabajo inédito presentado en el 23.º Foro Internacional de la IFPS.
Knafo, D. (2024). Artificial intelligence on the couch: Staying human post‑AI. The American Journal of Psychoanalysis, 84(2).
Phillips, A. (2008). Winnicott. Lugar Editorial.
Rodríguez, J. (2025). Masud Khan. Cenizas vivas. Editorial Winnicottalsur.
Roussillon, R. (2021). Lo transicional, lo sexual y la reflexividad. Editorial Antigua.
Winnicott, D. W. (1971). Realidad y juego. Gedisa.
- Freud habla de que orinar es como poner en juego la potencia fálica, pero si alguno de ustedes ha intentado orinar con el pene en erección, con el falo, sabrá que dicha función resulta imposible. ↩︎
- Como le ocurre al niño con su bastón fecal. ↩︎
- A propósito de esto es interesante volver a recordar, como en la introducción, que el objeto transicional comienza siendo suave y se va transformando con el tiempo en duro y fantaseado, cuerno de unicornio alado, metal de robot, o coraza de dinosaurio, seres míticos, extinguidos o de fantasía, que permiten al niño trocar el hogar blandito en un mundo potente y capaz de anunciar la potencia del ser humano y su lugar en el mundo, sin necesidad de pasar por la fase fálica o por la del bastón fecal, simplemente asistiendo al sostén muscular, a la tensión agresiva, para nada tanática en Winnicott, y a la erección que se vive en los órganos genitales de los dos protagonistas, el niño y la niña (congestión), no solo en el varón. ↩︎
- Cabe recordar que la cultura americana, hija de las formas europeas basó su hegemonía a través del negocio del algodón, esclavitud mediante, del aceite de las ballenas (como nos recuerda Moby Dick) de la conquista del oeste y de la conquista de otros territorios (españoles en su mayoría) y del exterminio de los pueblos originarios. España había iniciado el ejemplo pero nos gustaría pensar que de un algún modo de forma algo diferente. ↩︎
- Si la dupla madre/bebe es de naturaleza humana y esta forma parte de la naturaleza en general, el objeto transicional inaugura el mundo cultural como una continuación de aquella naturaleza. ↩︎
- Llegados a este punto, si seguimos oponiendo naturaleza y cultura todos sabemos a dónde vamos abocados con esa dupla opositiva que es, en último extremo, a la extinción de toda forma de cultura a través del trastrocamiento y desequilibrio de una naturaleza que se revuelve contra los que la maltratan, cambio climático mediante innegable. ↩︎
- Frente a eso, la propuesta de Winnicott es la de la presencia de la madre a modo de testigo, como nos recuerda Adam Phillips, alguien, como como en el artículo La capacidad de estar solo, alguien que sostiene la situación gracias a su disponibilidad potencial, y no gracias a una atención o a una curiosidad deliberada. La madre no puede crear el deseo, dice Phillips, ni conjurarlo al darle el ser, pero puede establecer las condiciones que lo vuelven posible. ↩︎
- Y, sí, pensado así se le quita todo valor a la cultura como una extensión de la vida humana más allá de los individuos, no aceptando que muertos seguiremos vivos en parte a través de las creaciones culturales que supimos darnos y legarnos. ↩︎
- No existe el paraíso y no debemos confundirlo con la naturaleza, ni confundirnos nosotros con dioses, ni armarnos contra la naturaleza y las limitaciones que nos confiere. ↩︎
- Es interesante señalar que estos procesos, reexternalizados en la escena transferencial, dice Rousillon, provocarán entonces las diferentes formas de lo que Anzieu propuso llamar como transferencia paradójica; su arista viva será la manera en que el analizado haga vivir a su vez al analista las paradojas, mistificaciones y descalificaciones que él mismo vivió históricamente. ↩︎
- Ya pasamos por ahí. El holocausto de los hornos crematorios dio buena cuenta de ello. Las bombas de destrucción masiva, nucleares y de napalm, parecen ser las únicas maneras de tratar a lo que no nos resulta familiar, ominoso o siniestro. De nuevo ahora vuelve a estar de actualidad y es oportuno hablar de genocidio.
“Exterminad a todos los salvajes”, la frase del coronel Kutz en el corazón de las tinieblas, que resuena con la masacre perpetrada por el Rey Leopoldo II en el Congo Belga de su propiedad, es el título de un ensayo que muestra cómo llevar el horror a otros pueblos, acaba trayendo el horror a casa, y como aquellas matanzas en el continente africano preanunciaron la vuelta sobre nosotros mismos de ellas en el corazón de una Europa que es la nuestra con el genocidio del pueblo judío. ↩︎