Acerca de dos modelos económicos

por , | Revista del CPM número 17

“Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época.
Pues ¿cómo podría hacer de su ser el eje de tantas vidas aquel que no supiese nada de la dialéctica que lo lanza con esas vidas en un movimiento simbólico?»
Lacan (1953)(1)

La importancia de esta convocatoria alrededor del tema Identidad y Globalización, considerados aquí como “Nuevos desafíos del Psicoanálisis”, pone de manifiesto la radical transformación que sobre la condición humana, vienen produciendo estos procesos sociales de los cuales el pensamiento psicoanalítico no puede estar ausente.
En este sentido, construir espacios de intercambio y discusión es una necesidad ética, en la medida que, al decir de Bauman: “El silencio se paga con la dura divisa del sufrimiento humano”(2)
¿Cuál es el efecto de la economía social sobre la economía psíquica?
Unas pocas palabras para introducir algunos ejes de este complejo tema.
La globalización, como la expresión más acabada del capitalismo contemporáneo, se refiere a un modo de situar la integración de países y culturas a partir de la apertura de fronteras al libre flujo de capitales. Los avances tecnológicos en las comunicaciones, acompañados por la flexibilización de los sistemas legales de los estados, facilitan su circulación sin nacionalidad definida, y tienen como objetivo la búsqueda de la máxima rentabilidad posible.
Es interesante que el hito que le dio el mayor apogeo a este tipo de prédica se remonte a la caída del muro de Berlín, a fines del ´89. Suceso que ha acarreado consecuencias planetarias y, con el imperativo del supuesto “fin de la ideologías”, se ha pretendido instalar una suerte de discurso “único”, hegemónico, sostenido en la expansión, sin anestesia, de una economía de mercado que fue acotando las regulaciones del estado a su mínima expresión.
Las naciones, para pertenecer al sistema, son conminadas a recibir las inversiones de capital que le permitan la extracción, procesamiento y explotación de sus materias primas, incluida entre estas la fuerza de trabajo de sus habitantes. Por lo tanto, lo que inviste a un país como tal son las inversiones de capital, donde la disponibilidad de dinero, sea real o ficticia, se exhibe como expresión de la salud y fortaleza económica, por sobre la distribución equitativa y solidaria de la riqueza.
Desde esta perspectiva, el dinero, pierde su lugar como objeto de intercambio para adquirir mercancías y pasa a ser la mercancía misma, adquiriendo por la sobreestimación con la cual se lo inviste, el carácter de objeto fetiche(3) para la cultura.
La penetración de este pensamiento económico ha determinado efectos sociales, políticos y culturales, que podríamos definir como un nuevo tipo de colonialismo que se caracteriza por su acción a escala global. Bajo esta lógica las fronteras, junto a la diversidad cultural, son arrasadas. El poder pertenece a los dueños del capital, el cual es anónimo e insensible con las tierras y sus ocupantes. Las personas que asientan en el territorio sólo interesan como fuente de mayores utilidades a menores costos operativos. Como efecto de esta determinación, se desplaza el lugar central del colectivo social a la preponderancia de lo individual en la sociedad.
Buena parte de la ciencia y los avances tecnológicos se ponen al servicio de la generación de recursos monetarios, siempre listos para ejercer su poder mientras el territorio sea fuente de ganancias, y también listos para retirarse a nuevos horizontes cuando se presente otro escenario de mayor rentabilidad.
Así, el capital, es venerado como amo absoluto de los nuevos paradigmas de progreso.

 

Sobre la sociedad de consumo y el valor de uso de los objetos
La inclusión en el sistema social, queda determinada por la capacidad de consumo de cada individuo. A mayor gasto, mayor pertenencia.
El problema es que los productos de consumo, al ofrecer la ilusión de una satisfacción lograda, velan la diferencia entre el placer buscado y el encontrado(4). Aprovechando esta insatisfacción estructural humana, la respuesta del capitalismo es la fabricación de objetos que porten la condición de ser no perdurables, de ese modo se retroalimenta a si mismo con la producción y compra de nuevos y nuevos objetos de consumo.
Consideramos que el problema con los objetos descartables es que no dan lugar al armado de una historia personal con ese objeto. Su rápida eliminación obtura el tiempo lógico necesario para su investimiento y apropiación. De esta forma el sujeto queda impedido de transformar su posesión en una experiencia subjetiva.
¿Cuáles serían sus consecuencias?
Una perturbación en el registro de la pérdida, en el trabajo de duelo y, por tanto, en el proceso de transformación del sujeto en la experiencia con el objeto. Al decir de Freud: “Si el objeto no tiene para el yo una importancia tan grande, una importancia reforzada por millares de lazos, tampoco es apto para causarle un duelo…(5)
Paradojalmente, el mundo queda saturado de cosas que aportan nada y, al mismo tiempo, lo perentorio de su posesión, esclaviza. Desde esta perspectiva, la sociedad de consumo promueve una cultura de olvidos con poco espacio para la memoria.
El corolario del capital, como amo absoluto, es el reino de lo efímero.
El sujeto queda objetalizado bajo este imperativo consumista, que lo arroja a la exigencia de un enorme esfuerzo de trabajo y rivalidad con otros, sometido a la promesa de lograr así un lugar en el mundo.

 

Sobre el esfuerzo y el trabajo
La posición del psicoanálisis con respecto al valor del trabajo en la economía libidinal es clara: opera como recurso contra el sufrimiento y liga al individuo a la comunidad humana. Dice Freud: “La capacidad de desplazar sobre el trabajo y sobre los vínculos que con él se enlazan una considerable medida de los componentes libidinosos, narcisistas, agresivos y hasta eróticos le confiere un valor que no le va en zaga a su carácter indispensable para afianzar y justificar la vida en sociedad”(6).
El trabajo psíquico es un poderoso ejemplo de cómo opera la economía libidinal, ligando, dirigiendo y mesurando los excesos de cantidad, tanto internos como externos, que pueden funcionar de modo traumático. Este sistema de administración se encarga de dar una dirección, una meta y un sentido, es decir cualificar, aquello que se presenta como pura cantidad y, la cualificación, es en sí estructurante de lo anímico.
Desde esta perspectiva, el trabajo en sus múltiples variantes, es una vía regia para la obtención de placer por el efecto de ligadura que produce, ofreciendo espacios para el procesamiento de excesos pulsionales y de acontecimientos traumáticos de la vida.
Por el contrario, en el mundo globalizado, se sigue el modelo de mayor competitividad al menor costo de dinero, caiga quien caiga, con la amenaza de la desocupa
ción como telón de fondo. Escenario privilegiado para crear condiciones de sumisión y lucha descarnada por mantener el empleo. En este punto queremos llamar la atención que la propuesta de la economía globalizada, es el exceso.
La lógica salvaje de inclusión–exclusión que la sostiene, estimula en las personas la tentación a competir con el compañero, no sólo por un lugar de prestigio sino, fundamentalmente, está en juego el puesto mismo de trabajo.
El texto “Pegan a un niño”7 de Freud, expresa la condición humana donde la rivalidad con el otro hace a un modo de vivir en el mundo: se trata de un solo espacio para dos. El prototipo de esto lo encontramos en el logro laboral que significa ser el “empleado del mes” para un trabajador de Mac Donnal´s. En esta proposición el efecto es justamente el opuesto al que promueve la economía libidinal del psicoanálisis: el trabajo queda desinvestido de su capacidad de ligadura, de su capacidad erótica y de su efecto de mesura sobre la agresión, para transformarse en un puro esfuerzo.
Con la promesa de quedar como “el elegido” se promueve el vasallaje en el vínculo con el empleador y la rivalidad feroz con los pares. En la medida que el otro representa un peligro para la propia integridad, se desinvisten los colectivos sociales como lugares de amparo y humanización. En esta incitación al reviente, el propio sujeto queda empobrecido tanto en lo psíquico como en lo social, a cambio de un magro salario.
Con tanto esfuerzo para tan poco contento, no es inusual observar en la clínica estallidos psíquicos y/o físicos como corolario del reviente.

 

¿Cómo queda atravesada la práctica psicoanalítica dentro de este universo?
Tanto la salud en general, como la salud mental en particular, son lugares por excelencia donde el sistema imperante ejerce su política colonizadora.
¿De qué manera?
Determinando con que formas se debe responder y procesar el sufrimiento psíquico.
Un claro ejemplo de esta respuesta es la categoría moral-sanitarista que propone el DSM IV, decimos moral en tanto que se atribuye un saber acerca de lo normal y anormal, con respecto a la salud y la enfermedad mental, codificando el sufrimiento y los recursos psicofarmacológicos y terapéuticos para resolverlo.
¿Cuál sería el problema de esta solución?: La generalización de la demanda.
Se diagnostica según un catálogo de síntomas y trastornos psíquicos, en un intento de objetivar el padecer humano con datos formales, y de crear un modelo que excede los límites del sujeto individual y lo arranca del campo de su experiencia subjetiva.
En este sentido propone la aplicación de tratamientos cuya eficacia terapéutica se mide en términos de adaptación, normatización y disciplinamiento, tanto del paciente como del terapeuta al servicio de la rentabilidad que exige el modelo económico.
Las ciencias de la salud también se someten al proceso de rentabilidad.
Una escena en un ateneo dentro de una Institución Pública: Un colega, ante la pregunta sobre su criterio para medicar con un inhibidor de la recaptación de serotonina a un paciente débil mental, con dificultades para salir de su casa solo, explica que es la indicación precisa para “todos” los casos de “fobias”. Requerido acerca del conflicto que justifique dicho diagnóstico, aclara que es la manera de catalogar el síntoma según lo describe el DSM IV, el cual no considera un conflicto específico para esta afección. Las causas, el sentido y la singularidad de esa manifestación sintomática, en ese sujeto, quedan por tanto, fuera de toda consideración para ese profesional.
¿En qué lugar queda la persona que consulta bajo esta lógica?
Podríamos decir que queda bajo la categoría de objeto. Objeto para la ciencia, objeto para los laboratorios, objeto para los estudios complementarios y objeto de práctica del profesional, es decir en el lugar de una mercancía más de la sociedad de consumo, que como tal ingresa a un circuito de comercialización.
¿Cuál es el espacio que tiene el psicoanálisis y su praxis dentro de este modelo?
Se trata de dar lugar a la dimensión subjetiva, resistiendo a la generalización de cualquier demanda. Tomar en cuenta la subjetividad implica seguir los caminos del trabajo propuesto por Freud: la de propiciar la búsqueda de los determinantes psíquicos del sufrimiento; para ello es necesario sostener que hay una verdad que se expresa allí donde se interroga o vacila un saber: es la verdad en el síntoma, en la inhibición y en la angustia, en ese plus de sufrimiento que da razón a nuestras intervenciones.
¿Cuál es la labor del analista?
Veamos dos viñetas de distintos ámbitos y distintas problemáticas:
1º- Ana consulta a su Obra Social por un estado de angustia e insomnio desde hace varios días relacionado con un conflicto laboral. Comenzó por un episodio de violencia: había discutido con un compañero y terminó a los golpes. Hizo la denuncia y, a partir de allí, percibe agresiones verbales por parte del supervisor, supuesto amigo del agresor. Ana es viuda y tiene a cargo a sus cuatro hijos menores. No puede dejar el trabajo pues es único sostén de familia, pero tampoco tolera continuar en el mismo. Se siente atrapada. Si entra en conflicto con la patronal teme que la echen.
El profesional que la atiende le prescribe un ansiolítico en bajas dosis para descansar, y una licencia laboral para tomar distancia del conflicto y reestablecer un espacio para pensar. A la entrevista siguiente, guiado por su marco teórico psicoanalítico, pregunta a Ana si relaciona ese episodio de violencia laboral con algo de su vida, de su historia. Luego de cierta vacilación, y sorprendida por la pregunta, refiere que su esposo, muerto hace años, era golpeador, que la agredía y que ella le tenía miedo, escenarios de su historia que parecían calcados, con figuras repetidas, ahora en el terreno laboral.
A través de esta historización, un proceso de ligadura había comenzado. La angustia adquiere un nuevo estatuto. La amenaza en ciernes tiene otra dimensión que permite una deriva de la tensión. Lo laboral queda desinvestido de su costado insoportable.
2º – Sobre los nuevos disciplinamientos: el control de los cuerpos.
María es una mujer de 45 años que consulta en el ámbito privado. Por diversas circunstancias con sus parejas no ha tenido hijos. El límite biológico, de la mano de su edad, impuso el tema de su deseo de hijo más allá de la presencia de un hombre. María, ahora sola, decidió buscar un hijo a través de un tratamiento de fertilización asistida.
Comienza a hacer sus visitas a profesionales médicos y a desplegar en análisis su investigación en el tema. Relata sus temores y contradicciones, por aquello que representaba, para sus propios ideales sobre la maternidad, tomar semejante decisión.
¿Cómo intervenir ante la información científica desplegada en las sesiones respecto a estas nuevas intervenciones sobre el cuerpo?; ¿Se trataría de aprender sobre este tema para trabajarlo luego con la paciente?; ¿Qué lugar para el deseo?
La ciencia parece tener respuestas a esta encrucijada vital que impone la biología: La solución está a mano: si hay un banco de semen esperando, óvulos, una matriz dispuesta a recibir el ovocito, técnicas p
ara resolver el embarazo y dinero para solventar los costos del tratamiento, parece estar todo listo.
La analista decide esperar y seguir escuchando: en una sesión, donde la paciente relataba sus miedos sociales, dice como al pasar que le da miedo “tenerlo sola”
La analista recorta e interviene: “¿Tenerlo sola? Usted lo va a tener sin una pareja pero no sola.” Le dice con firmeza
María responde: “no… me refiero al procedimiento, que es con una aguja finita…
La analista interrumpe: “Que tiene semen fecundante. No hay auto-engendramiento posible”.
A la sesión siguiente María trae un recuerdo, se le hace presente una frase del padre que relaciona con lo trabajado en la sesión anterior: “él decía que tener sus tres hijos fueron los tres errores más grandes de su vida”. Frase que recuerda del período adolescente, poco antes que su padre los abandone y nos los vea más. Al anudar con recuerdos de su propia historia, trae nuevo material donde entra a jugar el vocablo “error” como significante privilegiado para su maternidad frustra: “Tener hijos es engendrar errores”. Frase que condensa, implica un quantum que tiene efecto traumático e insiste como pura cantidad, sin ligadura alguna. Interrogarla en el análisis permite que ese quantum circule y se cualifique. El mandato paterno se abre a la historización.
“Tenerlo sola”, esa intervención, construye el universo de la singularidad de María, y transforma la administración de la economia libidinal: el cuerpo ya no queda solo como objeto del discurso científico ni de las adversidades del destino. Comienza a escribirse una historia que recupera en María un sujeto responsable de su deseo de hijo.
Para finalizar
El psicoanálisis tiene un lugar en la cultura y es convocado a intervenir, además de su campo específico, en situaciones jurídicas, sociales, médicas, escolares, etc., que por su grado de complejización requieren de su intervención, junto a otras prácticas.
Tiene como herramienta la palabra para el trabajo de ligadura
Esta operación procura convertir ese sufrimiento, que se presenta como efecto del azar o del destino o del achaque biológico, en una pregunta que comprometa al sujeto con sus determinaciones pulsionales.
En este sentido, la hipótesis que sostenemos es que nuestra práctica propicia una terapéutica para el sufrimiento que está en las antípodas de lo que exige el modelo globalizado y, por lo tanto, opera como resistencia a él.

 

RESUMEN:
Este artículo abre a la reflexión acerca del funcionamiento dos modelos económicos: el propuesto por el capitalismo y el de la economía libidinal legada por Freud.
Caracteriza brevemente el fenómeno de la globalización y pone de manifiesto la radical transformación que, sobre la condición humana, producen estos procesos sociales. La entronización del dinero y su corolario, la sociedad de consumo, permite a los autores demostrar que la lógica de la economía globalizada está determinada por el exceso; en cambio, la operatoria de la economía libidinal freudiana, a través de la noción de trabajo psíquico, se encarga de cualificar aquello que se presenta como pura cantidad. Esta característica de ligar y mesurar permite la estructuración del aparato anímico.
Es a partir de la contraposición de estas dos lógicas de funcionamiento, que sostienen la siguiente hipótesis: que la práctica psicoanalítica propicia una terapéutica para el sufrimiento que está en las antípodas de lo que exige el modelo globalizado y, por lo tanto, opera como resistencia a él.

Lic. Marta Adriana De Giusti
Psicóloga. Psicoanalista
Docente Titular de los Posgrados en Psicoanálisis de la Asociación Escuela
de Psicoterapia para Graduados (AEAPG) en convenio con la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM)
Secretaria Científica por la AEAPG de la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Psicoterapia Psicoanalítica y Psicoanálisis (FLAPPSIP)
martadegiusti@fibertel.com.ar

Dr. Norberto Lloves
Psicoanalista. Psiquiatra.
Docente titular de los Posgrados en Psicoanálisis de la Asociación Escuela Argentina de Psicoterapias para Graduados (AEAPG) en convenio con la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM)
Delegado de la AEAPG ante la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Psicoterapia Psicoanalítica y Psicoanálisis (FLAPPSIP).
Coordinador del Equipo de Salud Mental de la Obra Social del Personal Gráfico
nlloves@ciudad.com.ar

1 Lacan, Jacques; “Función y campo de la palabra y del lenguaje en Psicoanálisis” (1953) Ed. Siglo XXI.

2 Zygmunt Bauman; “La globalización. Consecuencias humanas” (1998) Ed. Fondo de cultura económica

3 Freud, S. “Fetichismo” (1927) Tomo XXI Ed. A.

4 Freud, S. “El malestar en la cultura” (1930) Tomo XXI Ed. A

5 Freud, S. “Duelo y melancolía” (1917). Tomo XIV Ed. A

6 Freud, S. “El malestar en la cultura” (1930) Tomo XXI Ed. A

7 Freud, S. “Pegan a un niño. Contribución al conocimiento de la génesis de las perversiones sexuales” (1919) Tomo XVII. Ed. A.